Belicismo de la OTAN, sobrevivencia de Occidente o miedo a Putin

Belicismo de la OTAN, sobrevivencia de Occidente o miedo a Putin

En detrimento de la seguridad mundial fincado en Occidente, a iniciativa de los países anglosajones (con Boris Johnson en Gran Bretaña y Josep Biden Estados Unidos), el concierto militarista que representa la OTAN con sus 30 integrantes —e invitados— va con todo para renovar el “Nuevo Concepto Estratégico” como Alianza a raíz de la guerra de Rusia en Ucrania.

Porque el citado cónclave se trata, no de buscar la paz al actual conflicto por consabidas razones y sinrazones, sino para aumentar potencialmente las condiciones de la guerra hacia los próximos 10 años.

Sí, la OTAN saldrá de Madrid con un documento bajo el brazo que no se renueva hace 12 años.

Y es que el impulso anglosajón corre apresurado para armar a los “socios”— que no “amigos” porque hacen nada por todos— en contra de la amenaza rusa de Vladimir Putin.

Ese enemigo que ahora ya es “realmente existente”, pues las presiones en su contra rindieron sus frutos, como es la expansión de la OTAN hacia el este, las fake news en su contra y la derechización y militarización de Ucrania.

Pues bien, el mencionado plan estratégico —o Nuevo Plan Estratégico, como se llame— surgido de Madrid, además de Rusia convertido en “enemigo” directo, incluirá a China (hace 10 años no aparecía), pero en términos más suaves, de “socio”, como país “amigo” con quien se podrá trabajar los próximos 10 años, salvo que no ha condenado a Rusia por la invasión a Ucrania, no apoya las sanciones occidentales; “no respeta nuestros valores, estilo de vida ni se somete a control alguno.

Los nuevos retos de la OTAN amenazan consolidar un ambiente armamentista, violento, más que resguardar los principios occidentales que pregona: la libertad, los derechos humanos, la paz, la seguridad y la democracia.

Se planta más en un ambiente competitivo por la inseguridad, antes que buscar la seguridad.

Belicismo de la OTAN, sobrevivencia de Occidente o miedo a Putin

Paz armada

O sí la quieren, la seguridad, pero armada, de confrontación, no auténtica.

Ni con Rusia ni con cualquier otro país que no responda a los intereses anglosajones.

Esa es la tónica de la “hoja de ruta” que plantea Stoltenberg. No la hoja de ruta del cese a las hostilidades.

Rusia plantea opciones para la negociación de la paz, Ucrania dice que la guerra se extenderá hasta el fin del 2022.

La OTAN que pronto tendrá disponibles más de 300 000 soldados como “fuerzas de alta disponibilidad”, reacción rápida en las fronteras con Rusia.

Si Zelenzki no quiere paz es porque Occidente tampoco; es claro que no le interesa, porque la guerra es el negocio, no la paz.

Por eso el planteamiento de Johnson en la Cumbre, que para contrarrestar a Putin los países deben aumentar el gasto de defensa, en al menos el 2 por ciento de su PIB, como GB que gasta ahora el 2.3 porcentual de su PIB, ya veremos “a dónde iremos después” (sic).

El caso es que, de cara a los próximos 10 años, dice Boris, “necesitamos que los aliados, todos los aliados, se esfuercen en utilizar sus recursos para restablecer la disuasión y proporcionar defensa durante la próxima década”.

Luego entonces, la OTAN busca y quiere atizar el conflicto, las mismas metas en contra del ahora enemigo común: Putin.

Tras Madrid, la OTAN acelera el ambiente bélico, armamentista contra Rusia, el adversario “realmente existente”.

Ya no la caligrafía o el espectro de sus propios discursos, previa “operación militar especial”, cuando era el “enemigo” prefabricado a partir del acoso permanente desde los países europeos en contra de Putin.

Tiempos idos.

Además, con el retiro del veto de Turquía para que Finlandia y Suecia se incorporen a la OTAN, el organismo aumentará de peso.

Todo a cambio de que a Erdogan le anulen el embargo a la venta de armas y por la firma de un acuerdo de extradición contra los miembros del PKK, Partido de los Trabajadores del Kurdistán.

Porque Finlandia y Suecia se han “comprometido a apoyar a Turquía contra las amenazas de su seguridad nacional…”, a decir de Stoltenberg.

Solo, como declaró Magdalena Andersson, la ministra sueca quien calificó de “bueno” el acuerdo del martes 28:

“Es difícil saber qué es lo que ha convencido a Turquía (a Erdogan) aceptarlo…”. En tanto la ministra finlandesa, Sanna Marin celebró el acuerdo como: “Un paso importante hacia la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN”.

Situación de la cual Jens Stoltenberg declaró festivo: “Putin quería menos presencia de la OTAN en sus fronteras, ahora tiene más y en sus fronteras”.

Sobre Turquía, claro que algo no concuerda para ceder al primer día después de tanta alharaca. Pero Erdogan juega con sus propias reglas, y es claro que algo le dieron a cambio.

Incluso cedió sin importar que hace días apenas propuso a Turquía como país candidato a formar parte de los BRICS donde sabe perfecto que Rusia y China son mano.

El miedo a Putin

En su propio juego trae un sueño, el imperio persa que perdió en la Primera Guerra Mundial, así como buscapleito contra dos países: Siria y Grecia.

Contra el primero por suelo y petróleo; con el segundo por los cuantiosos recursos gasíferos del mar y limítrofe en el Mediterráneo oriental.

Solo porque un barco suyo encontró enormes reservas de gas, pero en territorio griego.

También España pacta “renovar” su relación bilateral con Estados Unidos.

Lo dijo el anfitrión Pedro Sánchez: en la “declaración conjunta” se reflejará, dijo ante Biden, la defensa del orden internacional basado en reglas, contra la violación del derecho internacional, “el mayor desafío al que se enfrenta Europa”.

Ello incluye, para el dueto EE.UU. -España, impulsar una “agenda positiva para América Latina”.

Por eso el interés. Buscar “la paz y la seguridad para prevenir la guerra”, ante las nuevas amenazas como el “terrorismo del sur”.

Pero también de Oriente Medio, del Norte de África y la “crisis alimentaria”.

Antes, en la Cumbre del G7, en el castillo de Elmau, Baviera en Alemania, se condenó la invasión de Rusia a Ucrania, “guerra caliente” que es un cambio profundo.

Reconocieron que tras la guerra vendrá un “periodo de incertidumbre”, para lo cual habrá que estar unidos.

Entretanto se imponen sanciones al oro ruso, la segunda materia prima de exportación del país eslavo.

Además, “no hay que dejar ganar a Putin esta guerra”, en tanto fluye más ayuda a Ucrania, desde el punto de vista militar.

Luego vendrá una suerte de Plan Marshall, para la reconstrucción de Ucrania. Todo por la “paz y la libertad”.

Luego entonces, ¡será que el síntoma de la guerra se apodera de Occidente! De alto impacto será la cumbre de Madrid para la seguridad de la sociedad occidental.

Por eso será histórica, por los acuerdos de ampliación de la OTAN y la generalización de la guerra; no por buscar la paz. Será por el miedo a Putin.

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