Biden y el juego estratégico de México

Biden y el juego estratégico de México

La agenda bilateral México-EE.UU., ha sido siempre un listado de prioridades en cada administración estadunidense y ha obedecido a temas de las circunstancias.

México jugó a esconderle el sistema político priista a la Casa Blanca y al final Washington decidió negociar con el presidente de la república.

De la administración Nixon en 1969 a la fecha, las relaciones han estado oscilando entre el entendimiento y las fricciones.

Para ambos países la relación con el otro ha sido marcada por la seguridad nacional, defensiva en el caso de México, imperial de parte de los EE.UU.

El punto de ruptura estuvo en 1985 por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar a manos del cártel de Caro Quintero y Ernesto Fonseca Don Neto.

De acuerdo con un relato de Bob Woodward en Velo.

Las guerras secretas de la CIA (Grijalbo), Reagan ordenó fabricar un informe especial para advertir que México era otro Irán. Al final hubo entendimiento.

El presidente Enrique Peña Nieto, en una frustrada jugada de poder que quería ofrecer a México para una visita de Trump y de Hillary, se metió en problemas en 2016 cuando la demócrata no vino y el republicano usó a México para potenciar su figura presidenciable.

Como ganó Trump, a Peña le tocó apenas 2017 y 2018 con Trump en la Casa Blanca, aunque sin incidentes grave.

El presidente López Obrador, que había criticado mucho a Trump en declaraciones y en su libro Oye, Trump, hubo de lidiar con las presiones de la Casa Blanca para revisar el Tratado y luego en materia de migraciones centroamericanas; al final, a Trump le convino un acuerdo con México.

La visita de López Obrador a la Casa Blanca en agosto benefició a Trump con la población mexicana, pero no le alcanzó para mantener la presidencia.

Un nuevo punto de fricción surgió después de las elecciones de 2020: el presidente de México se negó a hablar con Biden y no quiso reconocerlo en base a cifras preliminares de las elecciones y algunas fuentes quisieron amarrar navajas, incluyendo la embajadora de México en Washington, Martha Bárcena, en su guerra de gabinete contra el canciller mexicano Marcelo Ebrard.

Hay indicios de que en el equipo de Biden sí habría molestia, pero al final de cuentas a López Obrador le ha servido esa postura como una forma de adquirir autonomía relativa con los estilos del imperio, calar la debilidad de carácter de Biden y esperar a la toma de posesión.

Al final de cuentas, las relaciones tendrán que darse. A la Casa Blanca no le convendría desestabilizar a México como acto de venganza, porque es preferible entenderse con el presidente mexicano ya sin la sombra de Trump.

En todo caso, los EE.UU., explotarán más bien la agenda bilateral en cinco temas vitales: terrorismo, comercio, salud, migración y crimen organizado.

En el fondo y al final de los hechos, México seguirá dependiendo de la Casa Blanca para la funcionalidad en esos temas y sobre todo en los escenarios de crisis de 2021 al 2024.

México, en la realidad, sigue sin contar en la agenda estratégica de seguridad nacional de los EE.UU.

Ya no cuenta en Cuba, no opera en América Latina, de nada servirá su asiento en el consejo de seguridad de la ONU, el aislacionismo lopezobradorista deja el escenario europeo bastante lejos, el petróleo mexicano seguirá siendo seguro para la economía estadunidense y el terrorismo es un tema que México no quiere explorar si no es con los criterios de las agencias de inteligencia de Washington.

El caso del general Cienfuegos –su arresto en Los Angeles y su liberación un mes después– fue un tema sin agenda estratégica y sólo un acto de rebeldía de la DEA.

Los EE.UU., han tratado de mantener a salvo los acuerdos civiles y militares entre las dos naciones en temas de seguridad y así podrían seguir, salvo algunas quejas mexicanas.

La Casa Blanca se mueve a partir de la Estrategia de Combate contra el Crimen Organizado Trasnacional de 2011 y los Memorándums del presidente Trump al Departamento de Estado de 2019 y 2020 para exigir a México mayores resultados tangibles en lucha contra el narco, contra los cárteles y contra los capos.

Al margen de nacionalismos y de los efectos del caso Cienfuegos, los EE.UU., tienen operativos en curso dentro de México para perseguir y capturar capos.

Otro tema sensible es el de la migración. México dio pase libre a las caravanas de migrantes centroamericanos que quisieron irrumpir en los EE.UU., pero al final fueron detenidos aquí y allá y regresados a México como tercer país seguro, con o sin reconocimiento de ese estatus.

Biden regularizará algunos ilegales, permitirá la continuidad de los estudiantes dreamers y seguirá recibiendo migrantes, pero con controles para no llenarse de refugiados de la zona México a Sudamérica en crisis y con población flotante en busca de empleo, seguridad y nueva vida.

Los EE.UU., siempre se han movido en la lógica del racismo, agresiva con Trump, light con los demócratas, sin olvidar que el presidente Obama y su vicepresidente Biden acumularon el lugar uno de deportaciones, más de tres millones.

Y queda el hecho de que una reforma migratoria depende de que los demócratas tengan la mayoría en el Senado, lo que podría no lograr en las elecciones pendientes en enero y los republicanos como mayoría seguirían deteniendo salidas migratorias.

El carácter personas del presidente López Obrador no se deja llevar por viejas estrategias de sumisión y gusta de negociar en la orilla.

Y en las estrategias de seguridad nacional de los EE.UU., tienen la certeza de que México no jugará con Rusia, China, Corea del Norte, Venezuela o Cuba y que al final siempre tendrá que aliarse con Washington.

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