Seguridad humana y violencia crónica en México: nuevas lecturas y propuestas desde abajo

Seguridad humana y violencia

El libro: ‘Seguridad humana y violencia crónica en México: nuevas lecturas y propuestas desde abajo’ es una obra de la autoría de las investigadoras Gema Kloppe-Santamaría y Alexandra Abello Colak, bajo el auspicio de Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Este libro es, según la politóloga Jenny Pearce, encargada de la introducción, el resultado de una respuesta metodológica al desafío de investigar las violencias en Latinoamérica, y en particular en México, procurando de forma simultánea comprender mejor sus dinámicas, así como promover acciones para disminuirlas.

Por ello, este trabajo busca cimentar un debate académico en torno a las transformaciones de la violencia en regiones en América Latina que han dejado atrás regímenes autoritarios y guerras civiles, y en las cuales han aparecido otras formas de violencia y criminalidad que se relacionan o no con las violencias del pasado.

Asimismo, surge de historias de activismo y organización comunitarias en respuesta a problemas complejos de violencia y criminalidad. Estos dos recursos (conceptual y empírico) de innovación metodológica han tenido como resultado iniciativas narradas en este libro para construir un diálogo de saberes genuino entre la academia y la comunidad, con el fin de entender mejor la violencia y las lógicas que la reproducen, y formular propuestas de políticas de seguridad que la disminuyan.

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Esta respuesta metodológica también se fundamenta, por ende, en la historia de investigación-acción participativa en Latinoamérica. En ese sentido, está orientada hacia una investigación que además contribuya a enfrentar los problemas y su origen junto con las personas que los sufren.

En el texto, se establece examinar dos conceptos, seguridad humana y violencia crónica, que han sido particularmente cruciales para la investigación. Luego se exponen algunas de las principales formas en las que cada capítulo de este libro esclarece estos conceptos y su relevancia potencial para repensar la crisis de seguridad dentro y fuera de México.

Según lo descrito en Seguridad humana y violencia crónica en México: nuevas lecturas y propuestas desde abajo, lo que más aterroriza a la gente es el desorden y el caos, en especial a los habitantes de las zonas más pobres donde se agolpa la población y la violencia en sus barrios parece inevitable.

Es por eso que los habitantes de la colonia Sánchez Taboada de Tijuana, por ejemplo, “prefieren” las violencias selectivas que perciben están presentes hoy en día en vez de las violencias entre los grupos criminales durante el periodo más álgido de su lucha por el control de esta plaza entre 2008 y 2010 (véase el capítulo sobre Tijuana en este volumen). Sin embargo, esto no significa que la gente no busque otras opciones. Simplemente necesitan saberse acompañados, apoyados y protegidos al mismo tiempo.

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Así como la investigación- acción participativa se basa en el argumento del pedagogo brasileño Paulo Freire de que la gente sin recursos no carece de conocimiento, la metodología tras la investigación de este libro pretende aprovechar esos saberes tanto para diagnosticar el problema de la violencia y el crimen como para formular propuestas de respuestas de políticas para disminuirlos.

Es decir, es el conocimiento derivado de la experiencia de vivir múltiples formas de violencia y en medio de economías delictivas lo que puede ayudar al mundo académico y a los tomadores de decisión a entender la lógica contextual y diferenciada de la violencia.

En otras palabras, este libro se inserta en el campo de los debates actuales sobre la violencia, la criminalidad y la seguridad, en especial en los contextos de lo que esta investigación llama “violencia crónica” en Latinoamérica.

La premisa de este libro y de la investigación que lo sustenta es que en la mayoría de las colonias afectadas por la violencia existen capacidades potenciales o reales para reducirla y colaborar de forma activa en la formulación de una política de seguridad pública que busque disminuirla, al tiempo que fortalezca la transparencia y rendición de cuentas.

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Aunque la implementación debe estar en manos de la administración pública, se debe crear conciencia en torno a la seguridad entre la sociedad y en particular entre las comunidades más inseguras. Esto es porque esta investigación también se desarrolló a partir de la premisa de que la idea de seguridad, y por lo demás de seguridad pública, siguen siendo firmemente impugnadas en Latinoamérica. La metodología de la investigación detrás de este libro, basada en una visión “desde abajo”, se analizará en detalle en el primer capítulo. Esta introducción recoge su relevancia para el proyecto que da origen a este libro en su totalidad.

La historia tras el concepto de “violencia crónica” surge de un estudio de participación de la sociedad civil en Colombia y Guatemala como parte de una investigación más amplia del Institute of Development Studies, University of Sussex, comisionado por cuatro agencias de cofinanciamiento holandesas, que incluía además investigaciones en Guinea, Sri Lanka y Uganda.

Según el recuento en esta obra, Colombia en ese momento seguía azotada por la guerra, mientras que Guatemala se consideraba en “posguerra”. Al trabajar con diferentes grupos de la sociedad civil en ambos países, se hizo evidente que esta distinción entre “guerra” y “posguerra” invisibilizaba la violencia continua en Guatemala, mientras que en Colombia reducía el entendimiento de la violencia a aquella que ocurría entre los actores armados y que impactaba a los civiles atrapados en medio de este conflicto. En ambos países en realidad se vivía un espectro de violencias, desde aquéllas relacionadas con la guerra y generadas por el Estado hasta aquéllas sufridas en los barrios, los colegios, las cárceles y los hogares. Esto llevó a la necesidad de repensar la forma en que la violencia se construye como problema, en particular en Latinoamérica.

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Se entiende el carácter “crónico” como altos índices de violencia que se mantienen durante varios años, incluyendo situaciones de guerra civil, aunque no necesariamente. Pese a que las tasas de muertes violentas son una medida razonable de la intensidad, la violencia no siempre tiene como resultado la muerte.

La índole crónica también se debe aplicar a los contextos en que los actos de violencia se reproducen en el espacio y el tiempo. Nuestra definición de violencia crónica es por consiguiente tridimensional e incluye los componentes de espacio, tiempo e intensidad. Una definición práctica puede ser: en casos en que los índices de muertes violentas son al menos el doble del promedio para países de ingresos altos y bajos respectivamente, se sostienen estos niveles por cinco años o más y se registran actos frecuentes de violencia que no necesariamente tienen como resultado la muerte a lo largo de varios espacios de socialización, incluyendo el hogar, el barrio, el colegio, entre comunidades y el espacio público a nivel local y nacional (que contribuye con actos de violencia desmedidos, sancionados y no sancionados atribuidos a las fuerzas de seguridad del Estado).

En Seguridad humana y violencia crónica en México: nuevas lecturas y propuestas desde abajo, se establece que en la violencia crónica se incluyen factores estructurales, que van desde la pobreza extrema y la sensación creciente de desigualdad social, los legados históricos de conflicto y violencia, la migración y el desplazamiento forzosos, la debilidad persistente de las reformas institucionales orientadas hacia la seguridad, hasta los efectos destructivos de las políticas de urbanización, ciertas formas de desarrollo económico, así como el cambio climático y la destrucción del medio ambiente.

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En segundo lugar, sostiene que esta forma de violencia amenaza la capacidad de las personas para desarrollarse de manera saludable tanto física, como mental y socialmente.

Otro concepto que se encontrará en el libro, es el de seguridad humana, el cual surgió en una época (posterior a la Guerra Fría en los años noventa) cuando se abrieron espacios en el sistema de las Naciones Unidas para desafiar el enfoque de seguridad “nacional” de la Guerra Fría centrado en el Estado y su orientación en torno a los aspectos físicos de la seguridad libre de violencia directa.

Al abrirse a un ámbito más amplio de las inseguridades sufridas por muchos, en particular en los países más pobres del mundo, el concepto de “seguridad humana” también prestó atención a las múltiples esferas en las que esas poblaciones se sienten “inseguras”.

Así, el concepto ponía de relieve siete esferas de inseguridad: personal, política, económica, comunitaria, alimentaria, de salud y medioambiental. No obstante, esta apertura y ampliación generó críticas por parte de quienes temían que fuera imposible formular políticas que abordaran todas estas inseguridades y que se restara atención a aquellas inseguridades físicas que aún amenazaban tantas vidas. Además, para algunos el debate se relacionaba con la expansión neoliberal de la era posterior a la Guerra Fría en que una agenda política y económica humanitaria, esencialmente liderada por Occidente, estaba estrechamente vinculada al proyecto de seguridad humana.

Este libro pretende entonces aportar al debate sobre la “seguridad humana” un proceso de investigación-acción, mostrando cómo se viven en la realidad las interconexiones entre los distintos ámbitos de la seguridad.

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En este sentido también pretende abordar las cuatro deficiencias en la formulación de políticas de seguridad pública en el capítulo: la politización, la falta de coordinación con la competencia interinstitucional, la ineficacia en la práctica de los procesos de implementación de las políticas municipales y estatales y los ataques a las autoridades locales.

Los capítulos de los estudios de caso contribuyen, con base en un conjunto de argumentos con fundamento etnográfico, a entender la manera en que la gente de algunas de las comunidades más pobres de México vive múltiples inseguridades y se siente abandonada por el Estado.

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