En el panorama educativo de la actualidad se presenta un incremento preocupante sobre las conductas antisociales (violentas) o desviadas (outsiders) realizadas por diversos integrantes que se concentran en estos entornos, nos referimos a las anomias del ya muy mencionado “Bullying Escolar”.
“La Anomia es un defecto de la sociedad que se evidencia cuando instituciones y esquemas no logran aportar a algunos individuos las herramientas imprescindibles para alcanzar sus objetivos en el seno de su comunidad” (Porto y Gardey, 2022); para la psicología, la sociología, las ciencias sociales y el derecho las conductas de los individuos que se evidencian como “anomias” se presentan cuando la degradación social se encuentra en estado de tendencia fuera del orden y del control siendo indispensables para la interacción de la actividad humana de cada entorno, con sus características propias y con fines muy específicos.
Los sociólogos Emile Durkheim (Francia 1858-1917) y Robert Merton (EE.UU. 1910-2003), fueron de los principales impulsores del concepto de “Anomia”, citan que este tipo de conductas se presentan cuando los objetivos de una sociedad y las posibilidades de inclusión a ciertos sectores de la población cuentan con medios disociados, provocando que ciertos números de individuos sean reactivos a través de acciones fuera de las normas reguladas para el orden común.
Ahora bien, el “Bullying” en inglés, proviene del vocablo “Bull” que significa toro, de este modo es la presencia de una conducta reflejada en el actuar de un toro, con el fin de pasar sobre las personas sin limitación alguna, en el español bullying se direcciona al matonismo, acoso, hostigamiento. La Universidad de Valencia (España) en 2023, “menciona que la causa principal del bullying en la escuela es producto de vivir en un ambiente familiar desestructurado o excesivamente permisivo con el futuro agresor; este manifiesta rasgos de descontrol de impulsos, actitud intolerante, reacción violenta, autoridad continua, imposición de punto de vista y con relaciones problemáticas”. Los tipos de bullying tipificados son: físico, psicológico, verbal, sexual, social, y cibernético; estos pueden tener una duración de días, meses o hasta años, siendo indispensable identificar al agresor y a la víctima; lo habitual es que el abuso se multiplique a espaldas de profesores y padres, y en el anonimato absoluto en la comunidad educativa.
“El acoso escolar (matonismo, matonaje o bullying) es cualquier forma de maltrato producido entre integrantes del sector educativo de forma aislada que puede transformarse en reiterada, los protagonistas de los casos más comunes suelen ser niños y niñas en los diversos procesos de crecimiento emocional.” (García-Allen, 2016). En el año 2007 los profesores Piñuel Zabala y Araceli Oñate han descrito nueve modalidades de acoso escolar indicas como; bloqueo social (29.4%), hostigamiento (20.9%), manipulación (19.9%), coacciones (17.4%), exclusión social (16.0%), intimidación (14.2%), agresiones (12.8%), amenazas (9.3%) y ciberacoso (8.4%).
Recordemos que el objetivo del bullying o acoso escolar es intimidar, apocar, reducir, someter, aplanar, amedrentar y consumir, emocional o intelectual a las víctimas y a sus observadores; con el objetivo de lograr un resultado favorable o alcanzar la imperiosa necesidad de dominar, someter, agredir y destruir a los demás, a través de un patrón predominante de esta anomia o desviación en las relaciones de interacción educativa.
Es muy frecuente el desarrollo de acciones de hostigamiento hacia otros para buscar el reconocimiento y la atención de los demás llegando a desarrollar un modelo de conductas basadas principalmente en la exclusión y el menosprecio de todos. Por lo regular el agresor o acosador se encuentra acompañado por un grupo homogéneo que se suman de manera unánime y gregaria a los comportamientos desviados contra las víctimas.
La investigación realizada en el año 2014 del Kings College London, descubrió que este tipo de anomia identificada como bullying escolar produce afectaciones psicológicas negativas en las personas durante 40 años después de haber sufrido el acoso; con secuelas en la vida de la víctima que se ven reflejadas con la aparición de estrés, ansiedad, depresión, somatizaciones, suicidio, problemas de socialización y rezago laboral.





