La intención de declarar narcoterroristas a los cárteles mexicanos que trafican droga aparece más como una estrategia de supervisión de la política mexicana de seguridad que la posibilidad de disminuir el trasiego de droga.
Analistas estadunidenses han insistido en que el consumo de drogas en los EE.UU., requiere de tráfico para mantener la ilegalidad en producción y comercialización.
El último reporte de la DEA –agencia antinarcóticos, por sus siglas en inglés– destaca el poder del Cártel de Sinaloa de la familia El Chapo Guzmán y del Cártel Jalisco Nueva Generación como los más incrustados en zonas territoriales de México y sus áreas de interés en la cocaína y ahora en el fentanilo como producto de drogas químicas.
Pero el mismo reporte de diciembre de 2016–y ya no aparecen en el de 2’019– incluye dos mapas de los EE.UU., en los que se registran las presencias de once cárteles mexicanos, sobre todo el Cártel de El Chapo Guzmán.
El primero muestra el panorama general y el segundo revela la presencia de cárteles en zonas donde la DEA tiene oficinas regionales.








