¿Podemos hablar de soberanía en el ciberespacio? La pregunta puede resultar polémica, a razón de las características de este dominio, dado que está plataforma carece de múltiples elementos que definieron al Estado-Nación desde su creación.
En ella, variables como las fronteras territoriales no existen.
Principal precepto que define a la soberanía en su noción más clásica westfaliana.
Sin embargo, esto no implica que los Estados-Nación no busquen extender su interés nacional e influencia a dicho campo de la política internacional.
Podemos abordar conceptos clave desde las nociones claves del Leviathan de Thomas Hobbes, ¿cómo la responsabilidad de proteger y la autodeterminación de los Estados-Nación en el ciberespacio? En ese sentido, empezaremos con el principio de la responsabilidad de proteger, el cual, en el caso del ciberespacio, está relacionado a la doctrina de seguridad nacional de cada país.
Por ejemplo, los países democráticos conciben al internet como un instrumento que sirve como canal de comunicación para la expresión de opiniones políticas o ideológicas, por parte de su población, a la par de ser una plataforma económica capaz de traer beneficios en las dinámicas comerciales, en el cual se debe salvaguardar y garantizar la privacidad, integridad y libertades de las personas.
Sin embargo, para las naciones con regímenes autoritarios, cómo es el caso de la República Popular China, Corea del Norte, o con democracias débiles, tales como Rusia o Venezuela, el internet se transforma en un medio a través del cual el Estado puede vigilar a la población para garantizar la seguridad y sobrevivencia del régimen, visión que pone por delante la seguridad del Estado, por encima de las personas.
Respecto al principio de autodeterminación, este es quizás el fundamento de la soberanía tradicional que más puede empatarse con conceptos como ciber poder o autonomía en el ciberespacio.
Este concepto está en el seno de los Estados-Nación y se hace explícito que la finalidad de los países, en el contexto internacional, es garantizar su sobrevivencia, defensa e integridad, y posteriormente, utilizar las características de los diferentes dominios (tierra, aire, mar, espacio y ciberespacio) para alcanzar una posición soberana en el sistema internacional.
En la actualidad, la creación de tecnología de vanguardia vinculada al internet, centrada en nuevos sistemas como la inteligencia artíficial, machine learning, Big Data o Internet de las Cosas, está limitada a un puñado de naciones.
Por lo cual, los países que no sean capaces de desarrollar este tipo de capacidad tecnológica se verán en la circunstancia de tener que contratar los servicios de entidades del sector privado (con origen en los países que sí detenten estas competencias), para poder tener presencia en el dominio del ciberespacio y las capacidades mínimas de defensa en esta arena.
No obstante, mientras no creen una política de seguridad nacional, que tenga como eje central incrementar y mejorar sus fortalezas del ciberespacio, este grupo de países estarán condenados y rezagados en la creación de ciber poder a diferencia de los países de vanguardia.

De igual manera, el tema de la autodeterminación se vuelve central cuando se aborda el tema del uso y control de la Infraestructura Nacional Crítica de los Estados, ya que los sistemas de energía, agua, gas, electricidad o manejo y administración de vías de comunicación requieren de un importante nivel de ciber defensa y capacidad soberana para garantizar la seguridad de la población y la sobrevivencia del Estado.
Esta situación, llega incluso a sistemas que no están completamente en su esfera, y están más en la zona de influencia del sector privado, como los sistemas bancarios, financieros o de medios de comunicación e información.
Lo que denota a los países que están rezagados y no cimentan esfuerzos por reducir la brecha tecnológica con las potencias del ciberespacio, los cuales tienen una menor capacidad de autodeterminación en sus decisiones como Estados (Cowley, 2011).
En el marco de las ideas y los debates en torno a la soberanía y su comprensión en el dominio del ciberespacio, diversos teóricos, autores civiles y militares, e incluso países, han abordado el tema.
Una de las primeras concepciones de interés es la expresada por Patrick W. Franzese (2009), un militar de la fuerza aérea norteamericana, que en su texto Sovereignty in cyberspace: can it exist? expresa que a inicios del siglo XXI dos teorías operaban en la Ciencia Política en torno a esta discusión.
La primera argumentaba que el ciberespacio es inmune a la soberanía del Estado y la segunda definía al ciberespacio como un bien común.
Esta noción se dio en el periodo de popularización del internet entre las empresas y la sociedad civil, en que se exaltaban las fortalezas de este dominio como su capacidad de supervivencia, flexibilidad y alto rendimiento, más centrados en los objetivos comerciales -como bajo costo, simplicidad o atractivo para el consumidor (Carroll, 2000).
También, aspectos como su colegialidad, descentralización de la autoridad e intercambio abierto de información se consideraba crearían nuevas dinámicas sociales en temas de opinión pública, libertad de expresión, elección política y poder de la sociedad frente al Estado.
Para refutar la primera teoría, Franzese (2009) expresa que el ciberespacio no es inmune a la soberanía del Estado por cinco concretas razones:
1. El ciberespacio debe ser controlado por al menos una entidad para que exista y funcione (1.). Esto se vincula al hecho de que el ciberespacio tiene una parte física -que se expresa en elementos como la infraestructura en telecomunicaciones y capacidad de conectividad, acceso a energía e Infraestructura Crítica- y sin ella los usuarios no pueden acceder a él.
Esta parte física del ciberespacio recae en un espacio terrestre, marítimo, aéreo o espacial, dominios dónde los fundamentos de la soberanía del Estado-Nación se han establecido desde hace ya varios siglos o décadas, por lo cual el ciberespacio debe sujetarse a la regulación y supervisión de las naciones.
2. La segunda razón es que el ciberespacio está sujeto a relaciones financieras que requieren de leyes para el control de las transacciones y actividades económicas.
En ese sentido, el ciberespacio no es inmune a la soberanía del Estado, dado que las decisiones comerciales en el dominio están fuertemente influenciadas por las leyes de un país respectivo.
3. La tercera razón se vincula al hecho de que el contenido enviado a través del ciberespacio tiene importancia en el mundo físico o material.
Ya que, si bien el internet fue creado para mejorar el flujo libre de información, esta plataforma no protege o resguarda la información de interés válido para el Estado, así como a dónde se envía, recibe o almacena, esto aplica a información vinculada a actividades ilícitas que son definidas como cibercrimen, tales como la pornografía infantil, robo de identidad, robo de información personal o robo financiero.
Y es verdad que cada uno de estos delitos están sujetos a las leyes y códigos de los respectivos países dónde se efectúan.
De igual manera, los Estados tienen capacidad coercitiva en encarcelar, enjuiciar e imponer las respectivas sanciones a quienes cometan estos delitos.
4. La cuarta razón es que los Estados- Nación, con el paso del tiempo, se han visto más obligados a afirmar su presencia en el ciberespacio como una cuestión de seguridad nacional.
Y en los hechos, cada vez más elementos del gobierno están conectados y son operados a través del ciberespacio.
Asimismo, en la última década, la necesidad de crear una Estrategia Nacional de Ciberseguridad se ha vuelto un elemento clave para la Seguridad Nacional.
5. La última razón es que, si bien en sus inicios el internet se presentó como un medio para promover la libertad de las personas, con el pasar de los años se ha visto como también sirve para explotar intereses individuales, crear caos, obtener ventajas sobre un competidor o difundir un mensaje específico de odio o violencia.
Ante esas condiciones, el ciberespacio requiere del poder coercitivo de la soberanía Estatal para regular, controlar y castigar a los actores que utilicen el internet para estos fines.
También, la perspectiva del ciberpoder denota la influencia de la soberanía en el ciberespacio, dado que múltiples explotan el dominio como un campo para ganar ventajas estratégicas y militares sobre otros Estados o competidores.
Respecto a la segunda teoría mencionada anteriormente, se contrasta que el ciberespacio no tiene características que definen a un bien común, tales como un tratado internacional que lo rija, establecimiento de usos y prohibiciones específicos permitidos, límites y definición (Stern, 2011).
A la par de que los bienes comunes detentan características como el hecho de que las naciones han acordado renunciar a determinados reclamos de soberanía exclusiva sobre cualquier parte de estos y ningún Estado es capaz de controlar en su totalidad.
Con lo que se argumenta que los estos bienes globales representan la ausencia de soberanía, sino más bien la presencia mundial de una soberanía compartida (Chertoff, 2014).
La discusión anterior se centra en relacionar a la idea de la soberanía en el ciberespacio con su parte física y con la ausencia de la creación de un tratado del ciberespacio para su regulación global.
Sin embargo, autores como Demchak (2012) expresan que si bien las ideas de la soberanía westfaliana no aplican en el contexto del internet, la autonomía de decisión y acción, expresada en la capacidad de resiliencia y disrupción, serán el principal elemento que en futuro definan la capacidad soberana de un Estado en el ciberespacio.
En este sentido, Lewis (2009) comparte los fundamentos de esta visión al expresar en un futuro cercano los países líderes del internet serán aquellos que en el futuro cercano consoliden fronteras defendibles en este dominio ante sus oponentes y adversarios, a través de una política efectiva de Seguridad Nacional, promovida por el gobierno, que considere crucial para la defensa del Estado-Nación a la ciberseguridad.
En los hechos, más de cien países en la actualidad poseen y han generado avances en aras de la creación o consolidación de una Estrategia Nacional de Ciberseguridad (ENCS), las cuales consideran aspectos como construcción de capacidades en el ciberespacio, creación de un marco legal adecuado para el dominio, cooperación internacional y capacidad de resiliencia y reacción frente a ciber amenazas (Libicki, 2009).
Por otra parte, el CCDCOE de Tallin, que es parte de la OTAN, expresa que todos sus miembros cuentan al menos con una primera versión de su ENCS, que es considerada una subrama o parte complementaria de una estrategia de seguridad nacional, en las que han establecido sus propias definiciones de ciberespacio, ciberseguridad y han delimitado las ciberamenazas a su seguridad nacional, a la par de implementar protocolos de acción y reacción frente a ciber incidentes.
Los debates y discusiones planteados en torno a este tema son fascinantes.
Sin embargo, algo es certero, el internet y el ciberespacio no son inmunes a la soberanía de los Estados-Nación, y las formas en cómo se extiende la influencia de un país al Quinto Dominio, es un tema que nos llevará a múltiples reflexiones en lo que resta del siglo XXI.
Bibliografía:
• Carroll, M. (2000). Inventing the Internet. Publishing Research Quarterly, 16(2), 93-93.
• Chertoff, M. (2014). The Strategic Significance of the Internet Commons. Strategic Studies Quarterly, 8(2), 10-16.
• Cowley, A. (2011). The evolution on international system: surrender sovereignty or fight to the death. School of Advanced Air and Space Studies, Air University, 2011.
• Demchak, D. (2012) Cybered Conflict, Cyber Power, and Security Resilience as Strategy, in: Cyberspace and National Security: Threats, Opportunities, and Power in a Virtual World, ed.
Derek S. Reveron (2012) (Washington, DC: Georgetown University Press), pp. 121–136.
• Franzese, P. W. (2009). Sovereignty in cyberspace: Can it exist? AFL rev., 64, 1.
• Stern, P. (2011). Design principles for global commons: Natural resources and emerging technologies. International Journal of the Commons, 5(2), 213-232.
• Lewis, J. (2009). Sovereignty and the Role of Government in Cyberspace. Brown J. World Aff., 16, 55.
• Libicki, M. C. (2009). Cyberdeterrence and cyberwar. Rand Corporation.
1. Franzese (2009) hace referencia en su texto a la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN por sus siglas en inglés) como una de las entidades reguladoras del internet. En la actualidad organismos como la ITU, la Organización Europea de Entidades Gestoras de Dominios de Primer Nivel con Código de País (CENTR) y la Asociación de Dominios de Niveles Superiores Geográficos de Latinoamérica y el Caribe (LACTLD) también juegan este papel.





