Cuando Estados Unidos e Israel atacaron a la República Islámica de Irán el 28 de febrero de 2026, pocos habrían imaginado que, a dos semanas de la ofensiva, la superpotencia mundial y su poderoso aliado regional se encontraría en una situación de empate técnico con un país que ha estado bajo sanciones internacionales draconianas durante décadas. Sin lugar a duda, Washington y Tel Aviv lograron durante este tiempo un número impresionante de victorias tácticas. Con todo, nadie puede descartar que, a pesar de su superioridad tecnológica, los aliados puedan sufrir una derrota estratégica. ¿Cómo podemos explicarnos esta situación aparentemente paradójica?
Durante décadas, Estados Unidos ha establecido un sofisticado sistema de defensa de sus aliados en el Medio Oriente, en gran medida pagado por los ingresos petroleros de las monarquías árabes del Golfo Pérsico. Tiene un sofisticado sistema de radares en todos los países que caen dentro de su esfera de influencia para detectar a gran distancia el lanzamiento de proyectiles, así como una red de interceptores para detenerlos antes de que alcancen sus objetivos. Por supuesto, también posee poderosas armas ofensivas dispuestas en sus numerosas bases en la región, que complementa cada que lo considera necesario con una armada de grandes dimensiones. Israel también está dotado de un sistema de defensa antiaérea en tres capas y muy destructivas armas ofensivas.
Para empezar a entender la paradoja del desequilibrio de poder, hay que observar que los países que iniciaron las hostilidades no parecen tener un objetivo bélico claro y común, ni tampoco un análisis detenido de la estrategia defensiva y las capacidades reales de su enemigo. Se antoja imposible desarrollar una estratégica ofensiva eficaz cuando no se sabe con precisión, lo que se está buscando ni a qué capacidades se están enfrentando.
El otro elemento es fundamental. Mientras que Estados Unidos ha desarrollado su entramado logístico en el Medio Oriente, Irán también se ha venido preparando para una guerra que tenía la certeza que le llegaría, aunque no sabía exactamente cuándo. Ha tenido múltiples oportunidades para estudiar el pensamiento y la práctica estratégica estadounidense durante las intervenciones en Iraq y otros países de la región, así como la de Israel en sus múltiples campañas contra sus vecinos. Durante estas décadas, los generales iraníes elaboraron un complejo diseño estratégico cuyo despliegue estamos viendo en tiempo real.
Habría que destacar por lo menos cuatro elementos de su diseño defensivo. El primero es el llamado “Eje de la Resistencia”, el segundo es la estrategia de defensa en mosaico, el tercero es el programa de drones y misiles y el cuarto es el aprovechamiento de la geografía. Veámoslo uno por uno.

- El Eje de la Resistencia es una serie de organizaciones armadas y algunos Estados, como Siria hasta diciembre de 2024 –en que fue avasallado el ejército regular y salió huyendo del país el presidente Bashar al-Asad– y la parte de Yemen controlada por Ansarullah, mejor conocido por el apellido de sus líderes, los Huthi. En cuanto a las organizaciones armadas, destacan Hezbollah, el “Partido de Dios” shií en Líbano, famoso por hostigar a las fuerzas israelíes ocupantes de su país hasta obligarlas a retirarse unilateralmente en 2000, y una diversidad de organizaciones shiíes que se hicieron fuertes en Iraq a partir de la ocupación estadounidense de 2003. También incluye a dos organizaciones sunníes, Hamas y Yihad Islámico, que luchan por la independencia de Palestina. Las fuerzas de élite al-Quds, parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) iraní, han dado entrenamiento y apoyo militar a los grupos del Eje de la Resistencia, ayudándoles a librar sus propias batallas, a cambio, se sobreentiende, de devolver el favor en el momento en que la República Islámica lo requiriera. Constituyen, así, una primera línea de defensa de Irán más allá de sus fronteras.
- Los iraníes saben que están en desventaja y que pueden asesinar a muchos de sus líderes. Tras observar otras guerras en la región, diseñaron un mecanismo complejo de mando para evitar el derrumbe de la república o que algún grupo se haga del poder y claudique ante la potencia extranjera. Mediante la estrategia defensiva “en mosaico”, el comando militar se divide en 31 segmentos correspondientes a igual número de regiones militares. Cada uno tiene su estructura de mando y órdenes previamente establecidas de combatir en defensa de la república aún si caen los mandos centrales.
- Habiendo sufrido duras sanciones económicas, la aviación de Irán se encuentra en mal estado. Conscientes de su desventaja en tecnológica bélica, los iraníes han creado un enorme arsenal de drones y misiles muy eficaces. Sus drones más famosos, los Shahed-136 cuestan entre 20 y 50 mil dólares cada uno, pesan 150 kg, más 50 kg de explosivos, pueden ser lanzados desde un camión apenas modificado o desde una lancha rápida, tienen autonomía de 2 mil kilómetros, lo que les permite llegar hasta Israel, son sumamente difíciles de detectar por radares y son sumamente precisos. Estos son sólo de ataque, pero tienen otros de combate y espionaje, como el Shahed-171, basado en el dron furtivo estadounidense RQ-170. En cuestión de misiles, han desarrollado drones supersónicos que, según reportes, alcanzan velocidades de más de ocho, trece o quince veces la del sonido, pueden viajar entre 1,400 y 2,000 km, cargar desde 200 hasta 1,500 kg de explosivos y algunos incluso portan varias ojivas, convirtiéndose en misiles de racimo. Suelen utilizar estas armas de manera cuidadosa, empleando los modelos más antiguos y económicos primero para que Estados Unidos y sus aliados consuman sus interceptores, y luego los modelos más sofisticados. Incluso estos últimos, los lanzan de manera conjunta con drones o en coordinación con Hezbollah desde Líbano u otras organizaciones aliadas, como las iraquíes, para abrumar los sistemas de defensa y aumentar la capacidad de penetración de sus armas más letales.
- Irán también ha hecho un uso cuidadoso de la geografía. Va desde esconder sus fábricas, bodegas y lanzaderas de drones y misiles en sitios subterráneos difíciles de detectar, pasando por atacar numerosas bases militares estadounidenses en los diferentes países del Medio Oriente hasta prácticamente cerrar el golfo Pérsico a la navegación. Esto respuesta de guerra asimétrica defensiva por parte de Irán ha puesto en jaque a Estados Unidos y al mundo, ya que por el estrecho de Ormuz pasa la quinta parte de todo el petróleo y gas que se intercambia diariamente en el mundo, pero también entre 25 y 40% del helio y de 30 a 50% de los fertilizantes. Como si fuera poco, la clausura de los puertos de Emiratos Árabes, y en su centro el de Jebel Ali, puede entorpecer severamente la transportación marítima mundial. Irán hará todo por limitar la navegación por este paso estratégico, ya que desea que el presidente Trump y cualquier administración estadounidense por venir se lo piensen muy bien antes de atacar militarmente a Irán.
Ante la respuesta iraní, el presidente Trump parece desconcertado y aunque probablemente quisiera ponerle fin al conflicto, le es imposible, porque quiere hacerlo en sus términos, apareciendo como el vencedor de la gesta. Para Irán, se trata de su supervivencia y no puede darse el lujo de ceder sin garantizarla.





