La Reunión del 1 de marzo de 2021, inició formalmente la coordinación entre la nueva administración de los EUA y el gobierno de Mexico, atendiendo tres puntos que fueron considerados como prioritarios: migración, respuesta y recuperación del COVID-19 y cambio climático.
La “política” migratoria de nuestra actual administración, ha transitado por diferentes criterios, iniciando con el ideológico de “lograr que todas las personas puedan trabajar, estudiar, tener salud y perspectivas en los lugares en los que nacieron, que no se vean forzadas a abandonarlos por hambre o violencia y que únicamente emigren quienes deseen hacerlo por voluntad y no por necesidad”.
En cuanto a los extranjeros migrantes en México –ya sea que se encuentren de paso hacia el país del norte o con propósitos de residencia en el territorio nacional–: “aplicar las medidas necesarias para garantizar que los extranjeros puedan transitar con seguridad por el territorio nacional o afincarse en él”.
La primera modificación fue trasladar el muro anunciado por el Señor Trump a nuestra frontera sur, desplegando la Guardia Nacional para “reordenar” los flujos migratorios, coadyuvando además con EUA en la contención de nuestros nacionales hacia el norte; Los buenos deseos del discurso “político” original, sobre la creación de fuentes de trabajo, estudio, salud, perspectivas donde nacieron y que solo migren quienes lo desean; fueron sustituidos por la promoción de los ingresos individuales que se obtienen al trabajar para el desarrollo de EUA.
La “política” que hemos aplicado para la atención del COVID-19, ha sido vacilante, incierta, inconstante y con resultados poco halagüeños; desde la negativa por reconocer su existencia y consecuencias, las invitaciones a sustituir las acciones preventivas recomendadas por la ciencia con oraciones y figuras religiosas para su freno; sin saber con certeza el número de contagios y muertes, ni las áreas geográficas para su atención prioritaria; la negación inicial y reacción tardía por rescatar nuestro Sistema de Salud, sujeto a una “reestructuración” en 2019, al despedir personal especialista, reducir recursos económicos, humanos, materiales, mantenimiento del equipo especializado, instalaciones, del deteriorado sistema que se recibió en 2018, en aras de una austeridad que ha resultado catastrófica.
Ambos presidentes acordaron fortalecer la resiliencia y la seguridad de las cadenas de valor binacionales, “reiniciando el Diálogo Económico de Alto Nivel” para avanzar en estos objetivos; instrumento de negociación diseñado por el actual presidente de EUA, cuando fue vicepresidente del señor Obama definiendo las prioridades estratégicas económicas y comerciales en la promoción del crecimiento económico mutuo, la generación de empleos y la competitividad global para México y los Estados Unidos.
Es incuestionable e insoslayable el hecho que los efectos de la pandemia no reconocen fronteras geográficas y que la atención debe ser compartida; como evidente es, que EUA lo hará con prioridad en su territorio, atendiendo posteriormente los apoyos que pedimos, como nos lo ha estado mencionando.

Nuestra capacidad de negociación diplomática, será puesta a prueba para que nos den las vacunas que necesitamos, como único recurso que le queda a nuestro gobierno para contener los efectos de las erróneas decisiones tomadas; La política de la actual administración mexicana privilegia el empleo de combustibles contaminantes para la generación de energía y Washington considera la reducción de gases “sucios”, como elemento esencial de política exterior y seguridad nacional, por peligroso y potencialmente catastrófico para el planeta.
Sin embargo, la Declaración conjunta menciona que ambos mandatarios coincidieron en enfrentar la crisis climática explorando áreas de cooperación, reconociendo los beneficios de reducir los contaminantes climáticos de corta duración, así como la necesidad de promover la eficiencia energética; agregando que “buscaran formas de trabajar juntos” en la “Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático” organizada por los Estados Unidos, para el 22 de abril de este año.
Lo evidente es que los EUA manejaron la Agenda de la reunión, estableciendo los términos y las formas de atender los tres asuntos considerados en la naciente relación bilateral; con la ausencia pública del sensible tema de la coordinación en Seguridad, que, sin duda, pronto sabremos.
El costo “político”, única herramienta empleada en la errática atención de migración, del COVID-19, cambio climático y seguridad; así como el impacto en nuestra soberanía, seguirán siendo altos.





