El pasado 3 de diciembre, la nación de Corea del Sur vivió una jornada inusual: tras la aplicación de la ley marcial los surcoreanos se preguntaban qué había sucedido para que su presidente tomase una decisión tan drástica; una mayoría creyeron que había algún problema (o amenaza) con su vecino de Corea del Norte.
En esa confusión, el mandatario Yoon Suk-yeol, llegó a decir que estaban siendo intimidados por grupos pronorcoreanos que significaban un riesgo contra la democracia surcoreana.
En las horas de caos, una turba de ciudadanos se lanzó a proteger su Parlamento permitiendo el ingreso de los legisladores que unas horas después y en una histórica decisión echarían abajo la declaración de la ley marcial. Ningún legislador dudó en hacerlo ni siquiera el propio partido político de Yoon Suk-yeol.
Algunos observadores políticos opinan que la creciente impopularidad del mandatario y diversos escándalos alrededor de la figura de su esposa son los que realmente han motivado la puesta en marcha de la ley marcial; es decir, una táctica antidemocrática para defenderse de los ataques políticos. La jugada no le ha salido nada bien y la oposición le acusa de un autogolpe.
Desde la Casa Blanca ven con mucha preocupación la deriva política del gobierno de Corea del Sur, uno de sus principales aliados en Asia y al que necesitan tener fuerte y estable ante la relevancia militar que Corea del Norte ha logrado debido a su reciente alianza de defensa mutua signada con Rusia.
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El ejército estadounidense tiene una gran presencia en Corea del Sur, con 30 mil soldados en una base militar estratégicamente ubicada para defender al país en caso de un ataque norcoreano. Ambos países signaron un tratado de defensa mutua tras concluir la Guerra de Corea en 1953.
La sorpresa en el gobierno norteamericano resultó mayúscula. Biden ha ordenado que sigan muy de cerca la situación y lo mantengan informado. Hay preocupación. Mark Montgomery, actual director de la Fundación para la Defensa de las Democracias, declaró a ABC News que Corea del Sur vive unas horas delicadísimas y cree que desde el seno de la Casa Blanca sabían que algo así podía pasar en cualquier momento. Le llama una democracia asediada.
Estados Unidos tiene muchos intereses regionales que recalan en Corea del Sur una nación cuya economía es la cuarta más grande de Asia y la décimo tercera del mundo. Es, además su socio comercial: el 15 de marzo de 2012 entró en vigor un Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Corea y es el sexto socio comercial para la Unión Americana al que fundamentalmente le vende vehículos; maquinaria; combustibles minerales; plásticos y maquinaria eléctrica.
Sin embargo, a Washington le interesa muchísimo la posición geopolítica de su aliado: Seúl destina el 2.6% del PIB a su defensa y tiene el sexto ejército del mundo con 3.7 millones de militares.
Para la Casa Blanca es bastante relevante que Corea del Sur no caiga en una deriva política que termine contaminando sus relaciones internacionales y su posición en varios temas delicados.
Perspectiva de género en Seguridad
El Consejo Europeo en Relaciones Exteriores ve un futuro problemático. Su coordinador del Programa de Asia, Alejandro Lipke, cree que es poco probable que el actual presidente se mantenga en el poder y, en caso de un adelanto electoral, el más beneficiado será el Partido Democrático.
De ser así, el Partido Democrático en el poder, cambiaría el enfoque de la política exterior de Corea del Sur hacia China, Rusia y Corea del Norte y se alejaría de los países europeos. Y, eso para la Casa Blanca, sería una pésima noticia.
- @claudialunapale
- Periodista, escritora y corresponsal España y Europa.





