Educación y Seguridad: La praxis de la educación como impulsor de la paz

Educación y Seguridad: La praxis de la educación como impulsor de la paz

“La Educación es la mejor arma para la Paz”
María Montessori

El ser humano en todos los tiempos a través de la historia ha presentado la necesidad de desenvolverse en entornos sociales donde deben sentirse protegidos y seguros, buscando los medios más adecuados de adaptación a la extensa cantidad de leyes, reglamentos y normas para la convivencia social, y conseguir de esta manera su bienestar personal y una armonía colectiva, con el fin de poder desarrollar las diversas relaciones interpersonales producto de las actividades cotidianas en que se ve envuelto. Los sentimientos personales de armonía y seguridad se identifican en términos coloquiales y jurídicos como la “PAZ”, misma que está integrada como parte de los derechos humanos universales, por la que deben velar todos los estados del mundo y verificar el ejercicio de su aplicación los organismos internacionales en la materia.

El término “Paz” etimológicamente deriva del latín Pacem, Pax; definida en sentido positivo, es un estado a nivel social o personal, en el cual se encuentran en equilibrio y estabilidad todas las partes de una unidad. También se refiere a la tranquilidad mental de una persona o sociedad; definida en sentido negativo, es la ausencia de guerra, inquietud o violencia. Y en sentido neutro, por su parte se construye neutralizando la violencia del aprendizaje de unos valores establecidos intersubjetivamente, de un diálogo constructivo y deconstructivo a la vez, para llegar a la construcción de una cultura de paz. La Paz, en síntesis, no es lo contrario de la guerra, sino la ausencia de violencia, la armonía del ser humano consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. “La concepción epistemológica de los fundamentos de la educación para la paz destaca la importancia de presentarse desde la transversalidad de la formación en valores, las emociones y la normativa legal, que direcciona las formas de comportamientos acordes al cumplimiento de los derechos ciudadanos, asimismo, la transversalidad de las instituciones formales en informales, es decir, familia, escuela y sociedad”. (González, 2021)       

En los últimos años, el desarrollo de la cultura de la paz tiene mayor importancia en el mundo, las autoridades públicas en los distintos niveles de gobierno dan atención para la difusión de este aspecto tan indispensable a través seminarios, talleres, conferencias y capacitaciones; siendo el ámbito educativo esencial con el objeto de aplicar de forma fundamental una necesaria distinción entre la Paz Positiva (duradera) y Paz Negativa (efímera).

Por su parte la Paz Negativa se entiende por la orientación que muestran estrategias hacia el fomento de la paz al centrarse únicamente en atacar la violencia que es visible (directa), tal como la militarización y despliegue de cuerpos policiacos, atacando el problema de forma directa; este tipo de paz tiene resultados temporales, debido a que orienta las acciones con el objetivo de motivar la ausencia de la violencia.

La Paz Positiva es de fundamento más duradero, ya que considera a las violencias invisibles como la violencia estructural, misma que limita el desarrollo de los individuos, permite enfrentar la violencia cultural, debido a que alcanza a las dimensiones colectivas con relación a las creencias y actitudes de índole violenta, esta paz busca impactar a largo plazo la promoción de los valores tales como cooperación, unión, solidaridad y justicia.

En tanto las instituciones públicas y privadas deben tener la necesidad y obligación de ocuparse de la educación para la paz, ya que no puede estar alejado que toda organización, estado o sociedad debe dar la importancia indispensable en este sentido, a través de la formación en los ciudadanos los fundamentos de los valores morales. La UNESCO (2015), señala que: “el fundamento de la educación para la paz reposa en los valores morales y en el trabajo de las emociones, cuando se aluden las emociones, se hace referencia a las formas en que los docentes enseñaran a los estudiantes para que aprendan a controlarse antes de actuar”.

En la praxis la Educación por la Paz debe proporcionar a cualquier ser humano los instrumentos en primera instancia mentales para que evolucione su forma de vida bajo ciertos parámetros de seguridad emocional, sentimental y actitudinal; esto es indicativo que la educación actual debe dar respuesta a las demandas sociales, desde los inicios del conocimiento sobre la existencia de conflictos internos que afectan a las sociedad en general mismos que son con los que las personas interactúan y deben encontrar los medios para generar con su participación un ambiente de armonía.

“Los centros educativos son los responsables juntamente con la familia de proporcionar las herramientas a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos capaces de transformar las realidades sociales, promoviendo e impulsando un mundo libre de violencia, todo esto indica que la paz se construye y debe estar fundamentada en todo sistema educativo a nivel mundial” (Duque, 2021)  

Es necesario concientizar al público en general, que los conflictos existentes en la sociedad actual son los resultados de cómo se encuentran mentalmente, en conjunción con falta de dominio propio; siendo necesario a través de la educación el trabajo de las emociones, como una alternativa educativa transversal, ya que la paz interna es proyección hacia los demás, en razón de que se trabaje la empatía para mejoramientos de las relaciones interpersonales.

Los contenidos de la Educación para la Paz no puede ser enseñada sin que exista un conexión directa con los Derechos Humanos y la Multiculturalidad, en la idea de que cada cultura cuenta con distintas formas de pensamiento crítico y comportamientos inherentes a sus raíces ancestrales, pero existen aspectos de índoles idénticas tales como el respeto y la tolerancia factores esenciales para la predominancia de la Paz, esto se verá fundamentado por considerar los efectos que da la educación ciudadana, el pensamiento social y las relaciones interpersonales basadas en los valores de la dignidad humana. “Los principios de la educación para la paz están dados en función del respeto y la tolerancia, ya que estos valores son pioneros en cuanto a definir las actitudes entre los demás; mientras, que sus objetivos obedecen a buscar un equilibrio social, es decir, buscan la transformación social y la armonía entre el individuo y su entorno”. (Vargas, 2021)

En conclusión, en este mundo caracterizado más heterogéneo, por la influencia de los medios de comunicación y los avances en las nuevas tecnologías, se ha transformado en un pequeño centro con una inmensa diversidad multicultural, donde se presenta la necesidad de ver los puntos de vista que demandan una educación sobre la paz que se apegue más a la realidad actual en este mundo y con la  diversidad existente en nuestras comunidades.

Es indispensable una educación para la paz que contemple la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la libertad, el desarme, el respeto de diferencias, la diversidad cultural, la prevención de conflictos y una transformación pacífica; en razón de lo anterior, es tipo de educación para la paz debe ser cosmopolita y transversal, con la finalidad del desarrollo de nuevos y futuros ciudadanos, con la transmisión de valores universales y comportamientos ejemplares.

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