En el nuevo orden internacional en transición, la Unión Europea (UE) está redefiniendo su acción exterior mediante una combinación de instrumentos geopolíticos y geoeconómicos orientados a fortalecer su autonomía estratégica. Este ensayo analiza la estrategia de la UE hacia América Latina y el Caribe (ALC), identificando sus principales componentes, instrumentos y tensiones.
A partir del análisis de documentos oficiales y algunos artículos académicos recientes, la tesis que se desarrolla es que la UE despliega en la región latinoamericana una estrategia geoeconómica, en la que la inversión en infraestructura, la cooperación al desarrollo, la transferencia tecnológica y la promoción de estándares regulatorios funcionan como herramientas para asegurar el acceso a recursos estratégicos, reforzar alianzas políticas y competir con otros actores globales, particularmente China, siendo al mismo tiempo, instrumentos de ejercicio de poder; no militar sino un poder normativo y diplomático. Si bien esta estrategia busca articular la autonomía estratégica con el multilateralismo y los valores normativos de la UE, enfrenta limitaciones estructurales derivadas de la competencia global, de la asimetría financiera y de la creciente diversificación de socios en América Latina.
La Estrategia Europea de Seguridad y el Pacto Verde Europeo como marco de actuación
La Estrategia Europea de Seguridad, adoptada por el Consejo de la Unión Europea en 2009, además de la defensa de Europa, está orientada a promover la paz y la estabilidad a nivel global. Bajo el título «Una Europa segura en un mundo mejor», identifica nuevos desafíos críticos, como la seguridad energética, el cambio climático y las amenazas a la ciberseguridad; para lo que propone asociaciones estratégicas para hacer frente a las amenazas globales.
La Agenda Estratégica UE para 2024-2029: Objetivos y prioridades para los próximos años, del Consejo Europeo, plantea la “necesidad de reducir las dependencias estratégicas, con la intención de reforzar la base tecnológica e industrial de la defensa europea” (Consejo Europeo, 2024) para reforzar la competitividad europea y mejorar el bienestar económico y social de los ciudadanos, en el ámbito exterior, aumentar la cooperación estratégica, aprovechando las transiciones digitales y ecológicas. En este sentido, la autonomía estratégica es vital para Europa, entendida como la capacidad de actuar de manera independiente en un entorno interdependiente, sin caer en lógicas autárquicas. Esta autonomía se construye en múltiples dimensiones: tecnológica, energética, industrial y de seguridad, así como en el multilateralismo para gestionar las crisis junto a socios internacionales.
El ámbito económico se convierte en un sector estratégico para relacionarse con otros países, especial interés tiene el “Sur Global” ante la creciente presencia de China, a través de inversiones, construcción de infraestructura y asegurando el suministro de materias primas. Plantea 4 ejes: paz y seguridad, clima y transición digital, economía y competitividad, y estado de derecho y valores; se amplía para desarrollar una geoeconomía mediante alianzas estratégicas y el biopoder.
Desde el 2020 ya había trazado la ruta económica verde, con el el Pacto Verde Europeo hacia una transición ecológica, a la que se suma la justicia social; se reconoce que la prosperidad europea depende de una acción exterior coherente, del fomento de las democracias y de la creencia en los instrumentos del derecho internacional, de sistemas basados en reglas, fomento a la economía circular, la reducción de las emisiones de carbono; la finalidad, una Europa climáticamente neutra.
Hoy en día, podría cuestionarse la continuidad del proyecto europeo, sobre todo a raíz de las declaraciones de Ursula von der Leyen sobre la vigencia del sistema internacional basado en reglas. No obstante, no puede obviarse el camino andado: la construcción de Europa se fue consolidando durante varias décadas, aunque hoy vemos que quedó rezagada frente a la hegemonía estadounidense y el auge de China. Muchos analistas opinan que Europa se quedó sola en ese camino de crecimiento verde y de transición ecológica justa, en un mundo que retrocede dramáticamente al desconocer el multilateralismo y la arquitectura global con valores democráticos. El Pacto Verde Europeo habla de una recuperación colectiva y un futuro común, desplegado en 11 ejes, a partir del cual se despliega un amplio marco normativo y de actuaciones, así como una Estrategia industrial europea, vinculado también al financiamiento del Plan de recuperación NextGeneration, que fue de 672,500 millones de euros, de los cuales 312,500 millones de euros se otorgarían en subvenciones y hasta 360,000 millones de euros en préstamos ejercidos hasta 2026. Estas estrategias constituyen el despliegue geopolítico interno de la UE.
La Estrategia Global Gateway
Hacia el exterior, la UE despliega la Estrategia Global Gateway que, aunque no está vinculada directamente con los instrumentos mencionados, sí lo está desde una mirada estratégica, funcional y geopolítica, como la otra cara de la moneda de la transformación estructural orientada a la autonomía estratégica.
A efectos de este ensayo, se destacan dos planteamientos: la UE quiere ir más allá de la cooperación al desarrollo para encontrar en el Sur Global socios estratégicos (diplomacia económica) en la competencia global, que, a su vez, le provean de materias primas críticas y de tierras raras.
La Estrategia Global Gateway fue lanzada en 2021. Preveía movilizar hasta 300,000 millones de euros entre 2021 y 2027, pero a fines de 2025 se amplió a 400,000 millones de euros para finales de 2027. Estos recursos serán ejercidos bajo el enfoque Team Europe, que combina recursos de la Comisión Europea, los Estados miembros, las instituciones financieras (como el Banco Europeo de Inversiones) y el sector privado, alineados a las prioridades estratégicas de la UE. Un elemento importante de esta estrategia es incorporar un marco normativo que promueve altos estándares sociales y medioambientales, la transparencia y el respeto al Estado de derecho.
En este sentido, su mirada hacia Latinoamérica se inscribe en el gran objetivo de continuar el crecimiento económico en un entorno de relativa estabilidad. El vínculo con los 33 países de la región latinoamericana se da a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), un mecanismo intergubernamental que busca la integración regional y la cooperación, así como el acceso a recursos estratégicos, en particular aquellos necesarios para la transición energética (litio, cobre, energías renovables). América Latina se convierte así en un nodo clave en la reconfiguración de las cadenas globales de valor.
La región es un espacio clave, un terreno de disputa en la competencia global por recursos, mercados e influencia. No puede ignorarse que este acercamiento tiene como trasfondo la creciente injerencia de China en la región, especialmente a través de la infraestructura.
Durante la Cumbre UE-CELAC celebrada en 2023, quedó claro que Europa se había olvidado de la región y quería recuperar su presencia ante el ascenso de China como actor central de financiamiento e inversión; solo España ha mantenido esa continuidad, y se entiende por razones históricas y culturales, se anunció la inversión de $45,000 millones de euros en más de 135 proyectos en sectores estratégicos como el hidrógeno limpio, las materias primas críticas (como el litio), las redes de cables de datos y la producción de vacunas.
Los sectores identificados son la energía, el transporte, la digitalización, la salud y la educación, lo que le permite a la UE influir en la infraestructura crítica y en la integración de los países socios en sus cadenas de valor. Global Gateway es una agenda de inversión, con mas de 130 proyectos estratégicos a la fecha, en distintas fases (diseño, financiamiento o ejecución) de infraestructura estratégica, en los sectores de energía y transición verde (energía solar y eólica, hidrógeno, desarrollo de cadenas de valor de materias primas criticas; digitalización y conectividad (redes digitales y conectividad rural, red de supercomputación UE–ALC (IA), infraestructura de telecomunicaciones), transporte e infraestructura logística (corredores de transporte, modernización de puertos y logística, proyectos de movilidad sostenible), agua, saneamiento y medio ambiente (plantas de tratamiento de aguas, plantas de tratamiento de aguas), salud, educación e innovación (vacunas y sistema de salud, redes de investigación) y proyectos emergentes de economía azul y circular (sargazo, corredores marítimos).
Aun siendo un programa muy bien estructurado con visión de progreso común, que supera la cooperación al desarrollo tradicional para ser una inversión estratégica con objetivos geopolíticos; que busca la integración funcional de la región latinoamericana, como proveedor de materias primas, energía limpia y espacio de inversión e influencia normativa; la estrategia de la UE enfrenta diversas limitaciones, entre ellas la asimetría financiera frente a China, la lentitud en la ejecución de proyectos, la diversidad latinoamericana y la persistencia de percepciones históricas de asimetrías.
Conclusiones
La estrategia de la Unión Europea hacia Latinoamérica puede entenderse como una forma de geoeconomía normativa orientada a la autonomía estratégica. A través de instrumentos como el Global Gateway, la UE busca articular inversión, cooperación y proyección de estándares como mecanismos para reforzar su posición en el sistema internacional.
Sin embargo, esta estrategia se desarrolla en un contexto de competencia intensificada y creciente pluralidad de actores, lo que limita su alcance y efectividad. El desafío para la UE consiste en equilibrar su identidad con las exigencias de un entorno geopolítico más competitivo, sin perder coherencia ni capacidad de acción.
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