El demonio está dentro

El demonio está dentro

La presidenta de México, varios organismos internacionales de mucha credibilidad en el procesamiento de informaciones del narcotráfico e inclusive especialistas en mercados han señalado con claridad que no se disminuirá la amenaza de los cárteles de la droga sólo atacando a los traficantes sino que se requieren acciones decisivas en los países que tienen registrados el mayor número de consumidores de drogas.

Pero el problema se agrava por otra circunstancia que de manera insistente la agencia antinarcóticos estadounidense, la DEA, ha señalado cada año en sus reportes sobre las amenazas del narco: la estructura consolidada de los cárteles mexicanos dentro de Estados Unidos para conducir el contrabando externo de droga hacia territorio americano, distribuirlo en los 50 estados de la Unión americana y tener el control de la venta al menudeo hay más de tres mil ciudades.

La estrategia de la Casa Blanca contra el narcotráfico se centró en los primeros meses de este año de 2026 en presionar en modo de acoso a México para que destruya las estructuras de los cárteles y para que proceda penalmente contra los varones de la droga. Pero está ofensiva de ninguna manera tendrá resultados positivos si el Gobierno de EU no diseña y aplica un programa estricto para disminuir sus estructuras locales del narco.

Los reportes de la DEA –de aquí lo hemos comentado con mucha insistencia– han revelado que nueve cárteles mexicanos como estructuras autónomas dentro de territorio estadounidense son correspondientes de cárteles mexicanos, pero con la circunstancia agravante de que todas las decisiones del Gobierno mexicano para descabezar a los principales cárteles en México no han obtenido efecto negativo en sus correspondientes en territorio de EU.

México y Estados Unidos han logrado neutralizar a los jefes más importantes de los dos cárteles dominantes –el de Sinaloa y el de Jalisco– y sus dirigentes están muertos o presos, pero la producción y flujo de droga sigue en los laboratorios en territorio mexicano porque la demanda de estupefacientes para los adictos estadounidenses no ha disminuido.

En varias ocasiones la presidenta de México ha sido muy clara en responderle al presidente Trump sus acosos invasores argumentado con solidez la necesidad de que disminuir el consumo, pero la Casa Blanca tiene un enfoque unidireccional y nada ha hecho y parece que nada hará para que baje una demanda de droga de los adictos americanos, ni menos aún se advierten decisiones Estado para que el gobierno americano decida destruir las estructuras de los cárteles mexicanos en su propio territorio.

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