En la reconfiguración geopolítica del mundo hay un dato fundamental que tiene que ver con la concreción de la seguridad nacional: el gasto militar mundial que todavía mantiene un precario equilibrio por la fragmentación de bloques de poder ideológico.
El gran debate en la actualidad entre Estados Unidos y Europa se da justamente en el tema del gasto militar. Washington ya no quiere cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad de subsidiar un paraguas de protección militar transcontinental, dejando que los gobiernos de Europa cómodamente dediquen sus recursos a políticas sociales o económicas y no de seguridad.
De acuerdas en el último reporte The Military Balance –una evaluación anual de la capacidad global military y de defensa–, el diferencial de gasto es importante: Estados Unidos acumula un gasto militar similar al 3.5% de su producto nacional bruto, en tanto que Europa en promedio apenas suma 1.7 por ciento, la mitad. En términos globales, el gasto militar de China y Rusia es casi similar al de Washington.
La dimensión del presupuesto bélico de Estados Unidos –más de 950,000 millones de dólares, en la orilla del billón– se mide en términos de sus objetivos: muy pocas partidas a programas locales y en lo general se usa el gasto para proteger las dos fronteras estadounidenses: la física en sus cuatro costados y la geopolítica en prácticamente todo el planeta, y todas ellas en la dimensión de la defensa del modelo económico capitalista frente a la propuesta de Estado de los aún definidos estados comunistas de Rusia y China.
La crisis del gasto militar estalló con la invasión de Rusia a Ucrania, motivada por el estímulo del Gobierno de Biden y de la Unión Europea de incorporar a ese país a la OTAN y romper la línea roja de la frontera física e ideológica de Rusia con Occidente. El grueso del apoyo económico militar a Ucrania provino de Estados Unidos, con poca inversión europea y mucha de ellas en calidad de préstamo o de armas, pero insuficiente frente a la capacidad de fuerza del Ejército ruso y sus alianzas con Corea del Norte y el apoyo de China y la India.
El Gobierno de Trump se encontró que el gasto militar de apoyo a Ucrania era un barril sin fondo y sin ninguna garantía de que la pequeña economía de ese país y solo el apoyo geopolítico de Europa pudiera permitir una victoria. En este contexto, Trump se movió un doble escenario: promover la paz en términos de territorios ocupados y obligara a los países de Europa a aumentar su gasto militar de apoyo al régimen de Zelenski.
Al final, la guerra es dinero y muy pocos países quieren usar el propio para ayudar a los demás.





