El eje político-geopolítico-de seguridad nacional de Donald Trump estuvo resumido con bastante precisión en un lema de campaña en 2016: make América great again o “hagamos grande a Estados Unidos (América) otra vez”.
Detrás de las tres campañas presidenciales de Trump existieron, desde luego, grupos ideológicos con configuraciones estratégicas políticas y geopolíticas, como por ejemplo –y solo para citar uno– a Fundación Heritage que nació al conservadurismo ideológico justo con la aparición de la derecha de Ronald Reagan.
Detrás de la vigencia verbal de Trump se localiza –y más vale entenderlo así– un proyecto de reorganización del nuevo equilibrio mundial. Para Trump, la globalización económica representó una desarticulación de Estados Unidos como imperio centralizador del capitalismo –este enfoque sería más bien didáctico pero explicativo–, porque el poder de Washington se basaba en tres pivotes intercomunicados: la capacidad productiva, el poder del dólar como moneda mundial y la decisión para intervenir en otros países por la buena o por la mala para imponer gobiernos funcionales al dominio estadounidense.
Junto con la decisión de desensamblar la globalización que nació en diciembre de 1989 con el Consenso de Washington justo en la coyuntura de la caída del Muro de Berlín y el principio del fin de la Unión Soviética, Trump ha obligado a los países aliados o dependientes a replantear políticas de confrontación bipolar contra Rusia y sus aliados.
Trump comenzó apretándole las tuercas a la Unión Europea a través de la OTAN y agitó nuevamente el fantasma de la guerra fría que se calentaba ante amenazas de lealtades; la guerra de Ucrania comenzó con Biden pero en realidad respondió a la lógica de Trump de usar al Gobierno de Zelenski para abrir un hueco en el muro de la línea roja que hace línea fronteriza física con Rusia y poner Ucrania en el seno de la OTAN, con la circunstancia adicional de que la Casa Blanca de Trump exigió aumentar el gasto militar a los países de esa organización para poderlo regresar ya un bloque militar sin equidistancia porque el Pacto militar de Varsovia se deshizo con la URSS.
En estas circunstancias se encuentra el planeta. Y en ese espacio hay que entender también la intención de Trump de cooptar Groenlandia, someter a Canadá y obligar a México y a América Latina a correlacionarse con el paraguas de seguridad nacional militar-nuclear estadounidense.
Los ajustes geopolíticos no son nada nuevo, sino que se acomodan a la lógica de la seguridad nacional estadounidense con demócratas y republicanos. Solo que ahora se tensan por el activismo internacional de Trump.





