Entre Ares y Marte: Desinformación y Guerra Cognitiva

Entre Ares y Marte: Desinformación y Guerra Cognitiva

Cada vez es más común que un conocido o colega se declare en estado de fatiga informativa (news burnout) debido a la exposición, la velocidad y el volumen de información a los que estamos expuestos, incluso entre los profesionales del análisis de información. Este panorama también se relaciona con la seguridad nacional, la defensa y la inteligencia estratégica.

Una de las nuevas formas de guerra que corresponde a la amplia categoría de guerras híbridas y que requiere de un enfoque de operaciones multidominio es precisamente el de guerra cognitiva (Cognitive Warfare, CW), donde la mente humana es considerada como el nuevo campo de batalla, ya que precisamente esta sobrecarga de información afecta las capacidades cognitivas de los seres humanos, especialmente si se trata de tomadores de decisiones: desde un ciudadano elector, el CEO de una empresa multinacional o un jefe de Estado (NATO: 2025).

Aunque pensamos que sólo las nuevas generaciones son vulnerables a las “esferas de poder de los influencers” que no sólo impactan en el marketing, sino también en la cultura, la política y la salud (Mardon, et at: 2026), uno de los desafíos que implica la guerra cognitiva es la alteración de la comprensión y entendimiento del ser humano de formas muy sutiles y graduales, que son prácticamente imperceptibles para una persona sin capacitación o asesoría adecuada para detectarlas, ya que uno de los objetivos de estas técnicas de desinformación es precisamente el agotamiento de los receptores de información para manipularlos, lo cual significa un nuevo desafío para las capacidades cognitivas individuales y organizacionales.

Si recordamos nuestro artículo de marzo “¿Qué es la guerra?”, su finalidad es el reconocimiento o el mantenimiento del poder, basado en el predominio de un grupo social sobre otro, en aras de la redefinición del orden social o de la configuración de una nueva hegemonía política. Para lograr dicho objetivo, se requiere una estrategia orientada a hacerle daño al oponente y destruir lo que este necesita para sobrevivir. Aquí es donde entra lo novedoso: no sólo se trata de una imposición en los dominios existentes —tierra, mar, aire, espectro electromagnético, ciberespacio, espacio exterior— conocidos también como Multi-Domain Operations (MDO), sino también de la capacidad de imponer un comportamiento deseado a una audiencia objetivo que constituye la dimensión social del poder nacional.

La guerra cognitiva está estrechamente relacionada con el desarrollo tecnológico y científico de las ciencias cognitivas y de las tecnologías de la información. Las ciencias cognitivas son aquellas que abarcan el conocimiento y los procesos del mismo, como la psicología, la lingüística, la neurobiología, la lógica, etc. También se relaciona con disciplinas como la biotecnología (uso de la biología para resolver problemas y crear productos útiles) y la nanotecnología (manipulación y fabricación de materiales y dispositivos a escala atómica) (Enciclopedia Britannica.com: julio de 2026).

Con frecuencia se confunde la guerra cognitiva con la guerra de información (Information Warfare, IW); sin embargo, existen diferencias sustanciales: mientras que las operaciones de información consideran cinco elementos básicos (operaciones, ciberguerra, operaciones psicológicas, engaño militar y seguridad operativa) enfocados al control del flujo de información. La guerra cognitiva consiste en barreras a la capacidad del proceso y producción del conocimiento; por lo tanto, las denominadas “neuroarmas” están destinadas directamente al cerebro con la complejidad que conlleva su estudio y entendimiento (Cluzel, 2020).

Una de las mejores defensas frente a la guerra cognitiva es el conocimiento de sí mismo. Por ejemplo, sabemos que los criminales recurren a la ingeniería social para cometer robos y extorsiones sin necesidad de presencia física. Muchas veces, las víctimas exponen ingenuamente información que debería ser privada y confidencial en las redes sociales, tiran a la basura embalajes de artículos comprados en línea con todos sus datos personales o abren enlaces sin verificar la legitimidad del remitente, sin ser conscientes de que esta acción puede tener consecuencias graves, hasta que algo desafortunado sucede y se aprende la lección.

El ejemplo anterior se aplica también como principio de defensa cognitiva. Para evitar ser víctimas a nivel individual, organizacional y social de operaciones cognitivas, debemos identificar las formas en las que, en cada uno de estos ámbitos, conocemos y asimilamos la información. Aquí es donde el papel de los sesgos cognitivos puede marcar la diferencia entre dejarnos llevar por la desinformación y procurar estar bien informados. También es importante aprender a identificar nuestras emociones ante una imagen, un texto o un video que llame nuestra atención, nos provoque alarma, miedo o urgencia.

Si bien todos tenemos algún grado de limitación cognitiva, es muy útil identificar los atajos que producen distorsiones en nuestro pensamiento y comunicación con otros, ya que los sesgos cognitivos pueden utilizarse intencionalmente con el objetivo de impulsarnos a tomar un curso de acción determinado. A continuación, se enlistan veinte sesgos cognitivos relacionados con la toma de decisiones y la prevención de la desinformación:

Entre Ares y Marte: Desinformación y Guerra Cognitiva

Fuente: Phalanx Analysis Archive.

Un ejemplo de las operaciones cognitivas es la desinformación difundida durante la pandemia de COVID-19, donde se hizo evidente el cuestionamiento público de las ciencias, las instituciones y los gobiernos. Usualmente, las campañas maliciosas influyen en la opinión pública mediante propaganda y desinformación. Llevado al plano militar, se trata del uso de tácticas de antaño como el engaño, la interferencia, operaciones psicológicas (PSYOPs), propaganda y contrapropaganda, pero llevadas a un nivel más sofisticado de profundidad psicológica y magnificadas por el uso de tecnologías como la inteligencia artificial.

Lo anterior constituye lo asombroso y, a su vez, lo aterrador del uso de la información como arma de guerra cuando el cerebro humano se convierte en el nuevo campo de batalla. Cada vez es más difícil discernir entre las fuentes confiables de información; aun las supuestamente confiables no parecen tener la garantía de serlo indefinidamente. Cada noticia de última hora debe ser verificada las veces necesarias para validarla y tomar decisiones. Ese es precisamente el desafío que conlleva la guerra cognitiva en la actual competencia estratégica: ¿Quién podrá lograr y mantener la superioridad cognitiva?

Fuentes Consultadas:

Alonso Bernal, et al. (2020). Cognitive Warfare: An Attack on Truth and Thought, Johns Hopkins University, North Atlantic Treaty Organization (NATO).

Cluzel, François du (2020). Cognitive Warfare. NATO Innovation Hub, January 2021.

Mardon, Rebecca; et al. (2026). “Spheres of influence: How influencers impact society”, Journal of Business Research (215).

Mendoza-Cortés, Paloma. (2026). “¿Qué es la guerra?”, Revista Seguridad y Defensa Campo Marte, marzo 2026.

North Atlantic Treaty Organization (NATO) (2025). Cognitive Warfare. NATO Chef Scientist Report (CSRRs). NATO Headquarters, Brussels.

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