Todos los países se espían entre sí en este mundo terriblemente convulso. Hay muchos frentes abiertos en el sistema internacional, desde el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, pasando por la guerra ruso-ucraniana, atravesando la competencia por las inversiones extranjeras, viviendo la carrera feroz por el desarrollo de la inteligencia artificial y el control del ciberespacio.
Además del espionaje entre gobiernos tenemos que otros actores no estatales y criminales están interesados en acceder a la información de los Estados. En la primera clasificación están organizaciones autodenominadas como “hacktivistas” que se dedican a obtener información de manera ilegal. Estas personas, están fuertemente ideologizadas en contra de un país, suelen pasar por un proceso de adoctrinamiento y creen en las libertades que suelen ser coartadas por los gobiernos. Pueden estar en un grupo o son lobos solitarios, es decir no tienen una relación orgánica con una organización.
También existen grupos cibercriminales que tienen lazos estratégicos con gobiernos. Cuando logran atacar con éxito a un país, banco o una empresa nacional, satisfacen sus intereses económicos y cumplen con objetivos políticos de las naciones que los arropan. Aquí se encuentran grupos como “Lazarus” que tiene una relación íntima con Corea del Norte o “Zarya” que aparentemente trabaja para el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (agencia de inteligencia sucesora de la temida KGB).
Otros grupos interesados en atacar infraestructura informática de los países son los terroristas y las organizaciones de la delincuencia organizada. El ciberterrorismo es un método que utilizan estos grupos para causar temor en las mentes de sus públicos objetivos. Pueden cometer ataques en contra de infraestructura en el ciberespacio de los Estados para causar pánico, generar violencia social, muerte de ciudadanos u oficiales gubernamentales. Esta variante del terrorismo también puede aprovecharse de las redes sociales y medios de comunicación para engendrar temor como estrategia de propaganda en favor de sus intereses.
Las organizaciones delictivas tradicionales, como las del narcotráfico, armas o trata de personas, también se favorecen de obtener información estratégica de las agencias de seguridad. Normalmente buscan un pacto de impunidad criminal con políticos y funcionarios de las instituciones de seguridad para poder continuar operando de manera ilegal.
El punto en común de todas estas actividades criminales es que buscan atacar, extraer información o beneficiarse de los Estados para alcanzar sus objetivos económicos, políticos o alcanzar sus intereses ideológicos. Por lo anterior, el fortalecimiento de las políticas de contrainteligencia se convierte en una necesidad urgente para todos los países.

Según el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) las estrategias, acciones y políticas en materia de contrainteligencia tienen como propósito “proteger la capacidad del Estado para emprender acciones que permitan salvaguardar la Seguridad Nacional de actos hostiles que pretendan infiltrar a las instituciones, manipular los procesos de toma de decisiones y sustraer información sobre las estrategias, metodologías y acciones orientadas a preservar la Seguridad Nacional”.
En México, las políticas de contrainteligencia son una responsabilidad compartida de las instituciones civiles y militares que forman parte del sistema de seguridad nacional. Es la hora de la “contra” como se le conoce en el argot de la comunidad de inteligencia a la contrainteligencia. El Estado mexicano debe fortalecer sus capacidades de prevención de espionaje de otros países y actividades criminales para evitar su debilitamiento y para poder cumplir con sus objetivos nacionales.
Las instituciones de inteligencia mexicanas necesitan un marco jurídico actualizado que ampare las legítimas acciones de inteligencia y contrainteligencia que tienen que realizar tantos las agencias civiles como militares de seguridad nacional. En países democráticos estas organizaciones deben tener controles legislativos y judiciales. Aunque las amenazas y los enemigos crecen frente al poder y capacidades del Estado mexicano, el valor de la democracia, la libertad de expresión y la protección de nuestras libertades no deben estar en juego.
En este espacio hemos comentado la necesidad de reformar la Ley de Seguridad Nacional. Es urgente separar de esta norma los apartados legales que amparan las actividades de inteligencia del CNI (antes CISEN) para poder contar con una Ley General de Inteligencia. Se requiere una norma que defina con claridad las responsabilidades de las instituciones del Sistema de Inteligencia de México, sus mecanismos de cooperación y coordinación, pero también que establezca límites legales y judiciales a sus legítimas actividades.
Los ciberataques que han sufrido los ejércitos del todo el mundo, desde Estados Unidos, pasando por Chile y llegando a México, así como las actividades de espionaje son una oportunidad única para que estos problemas se debatan en el congreso y la opinión pública para fortalecer las capacidades estales en contra de estas amenazas.
Otro tema que se debe analizar es la dependencia de nuestro país al acceso de tecnologías de protección de comunicaciones estratégicas, así como de ofensiva para disuadir ataques en contra de nuestras instituciones. Esto puede sonar a un tema de ciencia ficción, pero ya no lo es. Nuestra nación va a ser objeto de ataques provenientes de diferentes lugares e instituciones por el tamaño de su economía, intereses geopolíticos y por el aumento de las capacidades de los adversarios de México.
Por ejemplo, en la antesala de la organización en Norteamérica del campeonato de la FIFA 2026, México debe prevenir este tipo de ataques y debe tener la capacidad de actuar para gestionar una crisis en caso de presentarse un escenario no deseado de terrorismo, ciberataque o algún otro evento perturbador.
No podemos avanzar en políticas de contrainteligencia si antes no resolvemos los problemas legales, capacidades, formación de recursos humanos, desarrollo de tecnologías naciones y coordinación del sistema de inteligencia estratégica del Estado.
Es la hora de analizar y debatir con visión de futuro los retos que enfrenta México para que pueda alcanzar sus intereses nacionales, a pesar de las actividades hostiles de grupos antagónicos globales. El tiempo nos alcanzó, es el momento de actuar.





