Estados Unidos: el enemigo interno

Estados Unidos: el enemigo interno

Las movilizaciones violentas por el asesinato del afroamericano George Floyd en un operativo de arresto por no usar cubrebocas no fueron sino un suceso más de la tensión social-política-racial que domina el ambiente estadunidense a veces muy superficial y casi siempre en el subterráneo social.

Los estadunidenses tienen el racismo como signo social.

A veces por sus prácticas latentes y otras ocasiones por manipulaciones políticas.

Sí existe en las policías estadunidenses de origen anglosajón un repudio a las minorías raciales de origen o de color de piel, pero en el caso Floyd fue más el protocolo de uso de la fuerza.

El asunto tuvo, dos semanas después, una salida legal previsible: el agente de la policía que mató a Floyd por un arresto violento salió libre bajo fianza a las dos semanas, en tanto las protestas seguían creciendo.

El racismo en los EE UU es producto de su configuración histórica.

Lo ingleses religiosos del puritanismo salieron de su país, se fueron a Suecia y llegaron a tierras americanas a asentarse comprando o conquistando tierras.

Su tesis ideológica-religiosa es el “destino manifiesto” como ideología y la Doctrina Monroe –“América para los americanos”, 1823)– como política exterior imperial.

Los EE UU han tenido tres estaciones raciales: la doctrina Lincoln de que todos los estadunidenses son iguales, las leyes de igualdad racial de 1966-1968 y la presidencia del afroamericano Obama 2009-20016, y es la hora que los mismos sentimientos raciales –a favor y en contra– siguen definiendo comportamientos sociales y polarizando grupos violentos.

Las definiciones raciales internas son un reflejo del racismo que define, en el fondo, el comportamiento imperial de los EE UU: controlar el mundo para sostener el american way of life o modo de vida estadunidense: recursos, alianzas geopolíticas, subordinación económica, consumo, entre otras variables.

El eje de la definición imperial es, en el modelo de Tucídides, el de Esparta: declarar la guerra a cualquier otro país que pudiera hacerle la competencia.

Por eso Washington va ahora contra China, luego de haber dado cuenta de Rusia.

Los estallidos racistas son parte de la dinámica interna, pero a la larga no cambian nada: las comunidades afroamericanas tienen acceso a todos los niveles de la vida nacional –incluyendo la presidencia– y en los hechos no han impulsado iniciativas de desarrollo social por raza.

Los apoyos y las críticas demócratas no buscaron cambiar el modelo policial vigente de autoritarismo represivo, sino tan solo apelaron a modifica algunas técnicas que lastiman el cuerpo.

Al final de cuentas, el uso de técnicas policiales agresivas es un instrumento de control social.

El gobierno de Trump construyó una campaña racista contra los mexicanos durante su campaña en 2016 por razones electorales, pero no por tipo de sangre o de raza sino por ser una minoría no propietaria que está llegando al país a ocupar espacios productivos con prácticas tradicionales originarias.

Estados Unidos: el enemigo interno

En su tres y medio años de gobierno no hubo ninguna iniciativa racista, sino el mismo discurso racial vinculado al narcotráfico.

Las comunidades afroamericanas tampoco vieron una discriminación adicional, con el dato de que policías blancos usan técnicas policiales agresivas contra afroamericanos y éstos contra delincuentes blancos.

El caso de Floyd ocurrió con policía blanca en una zona, condado y estado gobernado por demócratas, pero el presidente Trump se subió a la cresta de la crisis para capitalizar el tema como parte de su campaña electoral.

Su contendiente oficial demócrata Joe Biden ha carecido de sentido político y su único activo es haber sido vicepresidente de Obama, aunque el propio Biden con datos de conductas racistas pasadas y presentes.

Y a ello se agrega el dato electoral de que el Partido Demócrata no ha querido incluir en sus documentos básicos temas de racismo, salvó las quejas por discriminación laboral y violencia policiaca.

Por eso la iniciativa demócrata de reforma policial se agota en técnicas de arresto, no es propuestas mayores.

El propio Biden sólo dijo que la rodilla en el cuello se debe eliminaran de los usos policiacos; nada más.

La violencia policial es uno de los ejes del autoritarismo interno porque los registros de arrestos por protestas sociales afectan los documentos que los estadunidenses deben presentar en solicitudes de empleo.

Aunque ha habido casos de hechos espectaculares.

En 1967 se realizó una protesta juvenil por el reclutamiento obligatorio de jóvenes para enviarlos a Vietnam y la protesta llegó hasta las escalinatas de la entrada principal del Pentágono, con una persona que se inmoló.

La historia la recogió el escritor Norman Mailer en su libro Los ejércitos de la noche.

Si se mantiene el tema de Floyd hasta noviembre, es posible que dañe un poco a Trump.

Pero el dato mayor radica en que el presidente de los EE UU es electo por voto de 538 colegios electorales, sin importar el voto popular.

Y los votos electorales votan por estrategia, no por sentimientos.

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