El Gobierno de Estados Unidos ha dedicado esfuerzos extraordinarios a analizar el problema del narcotráfico que le afecta por el consumo creciente de drogas entre los americanos, las muertes por sobredosis y las estructuras criminales locales que se construye en el calor de los estupefacientes.

Sin embargo, en cada nueva oportunidad para diagnosticar la situación coyuntural de la droga siempre culpa a los demás y se sigue negando a mirar hacia el interior de la nación. La evaluación de las amenazas de la droga 2025 de la DEA, en un documento de más de 80 páginas, presenta el panorama de cómo se ve desde la Casa Blanca, Como siempre culpa a los cárteles y los países y hace advertencias de que el problema sigue creciendo y carece de solución al estilo americano.
La estrategia antidrogas de Washington está plagada de contradicciones: por un lado, la Casa Blanca decreta como narcoterroristas a seis cárteles mexicanos, lo cual implicaría ya una guerra frontal y terminal con esas organizaciones delictivas que son enemigas de su seguridad nacional. Sin embargo, por los días de mayo en que circuló el reporte de la DEA, Estados Unidos de manera oficial pactó con terroristas y logró un acuerdo con los Guzmán y el Cártel de Sinaloa para protegerlos a cambio de información sobre las redes criminales y políticas del grupo delictivo.
El reporte estadounidense es impresionante, entre muchos otros datos, porque revela la dimensión del problema de los cárteles: el de Sinaloa –a pesar de tener en EU encarcelados a los dos grandes jefes ya los hijos del Chapo— se sigue expandiendo y tiene ya presencia poderosa en 40 países del mundo. Si de veras ese cártel fuera terrorista, Estados Unidos debería estar temblando de miedo porque la organización sinaloense tiene mucho más dinero, recursos, personal y presencia que el ISI o Al Qaeda.
En términos informativos, el reporte de la de la DEA se concreta solo a exponer la dimensión del problema, enlista una serie de acciones normales en contra de los cárteles y reconoce la ineficacia de los resultados. El dato más grave también lo incluye el documento: los seis cárteles de la droga caracterizados ya como narcoterroristas tienen estructuras autónomas y económicamente poderosas dentro de Estados Unidos, mientras la Casa Blanca quiere mandar al Ejército a México para destruir al cártel de Sinaloa.
Pero Estados Unidos tiene el enemigo en casa: los adictos que necesitan droga y que fortalecen la existencia de los cárteles.






