En el corazón de una de las infraestructuras más complejas, transitadas y simbólicas del país, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México vive una transformación silenciosa, constante y profundamente estructural. No se trata únicamente de obras visibles ni de cambios cosméticos: lo que ocurre detrás de muros provisionales, pasillos intervenidos y áreas restringidas es una operación de gran escala que busca redefinir la experiencia aeroportuaria en el país.
En medio de ese proceso —que no se detiene ni de día ni de noche— se encuentra el director de Grupo Aeroportuario Marina, Almirante Juan José Padilla Olmos, un hombre cuya historia personal y profesional parece converger, casi de manera inevitable en este momento.
“En lo personal, qué significa para mí ser el director de este aeropuerto, pues una gran responsabilidad enfrascado y comprometido con un reto para que este aeropuerto sea un aeropuerto diferente en beneficio de todos los mexicanos todos los días”, comparte.
UNA VIDA FORMADA EN EL SERVICIO
Durante la entrevista con CAMPO MARTE, la trayectoria del también director del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México[IG1] no puede entenderse sin retroceder varias décadas. Su figura no es la de un funcionario improvisado ni la de un administrador civil tradicional. Es, ante todo, la de un marino formado en la disciplina, en la jerarquía y en la noción de servicio permanente.
Cuando recuerda el momento en que llegó a esta responsabilidad, lo hace con una mezcla de sorpresa y compromiso:
“En el 2023, a punto ya de mi retiro de las Fuerzas Armadas, después de 47 años de servicio, se dio la oportunidad para la institución, para la Secretaría de Marina de administrar aeropuertos”.
Esa oportunidad no era menor. Implicaba trasladar una lógica operativa, una cultura institucional y una visión estratégica del ámbito naval hacia un terreno completamente distinto: la aviación civil. “Había que poner a alguien al frente… y el Secretario de Marina me ofreció la oportunidad”, explica.
La decisión, lejos de representar un descanso tras casi medio siglo de carrera, se convirtió en una extensión de su vocación. “Para mí fue un honor y una distinción y aceptamos el reto y aquí estamos”.



DEL MAR A LA AVIACIÓN CIVIL
Ese “aquí estamos” encierra una historia mucho más amplia. Padilla Olmos ingresó a la Heroica Escuela Naval a finales de los años setenta. Desde entonces, su vida quedó marcada por los valores que él mismo menciona: lealtad, disciplina, patriotismo. Durante más de cuatro décadas, transitó por distintos cargos dentro de la Secretaría de Marina, acumulando experiencia tanto en operaciones como en administración. Esa combinación, rigurosidad táctica y capacidad de gestión, resulta hoy fundamental para entender su desempeño.
Sin embargo, incluso con esa trayectoria, el salto no fue sencillo. La administración aeroportuaria implica una complejidad distinta, regida por normas internacionales, protocolos estrictos y una interacción constante con actores civiles, privados y gubernamentales.
“La gestión aeroportuaria es una administración ya con una experiencia de muchos años… muy normada”, reconoce. Su papel, más que transformar radicalmente el sistema, ha sido fortalecer su cumplimiento: “Nos integramos a aportar a que se respeten de manera muy estricta las normas”.
Al asumir la dirección, el diagnóstico fue tan claro como desafiante. El aeropuerto no partía de cero. Existían avances importantes en materia de orden operativo y salud financiera. “Mis dos antecesores hicieron un buen trabajo… El primero fue ordenar las operaciones”, señala. Ese orden permitió mejorar la puntualidad y consolidar una base económica sólida, incluso al grado de financiar las actuales obras de modernización.
Pero el Almirante también encontró rezagos acumulados. “El descuido o la falta de mantenimiento originó que tuviéramos problemas prácticamente en todos los sistemas”. La explicación es sencilla pero contundente: durante años, ante la expectativa de construir un nuevo aeropuerto, se dejó de invertir en el existente.
ATENDER LAS ENTRAÑAS DEL AEROPUERTO
Las consecuencias fueron profundas. Drenajes deteriorados, sistemas eléctricos obsoletos, fallas en aires acondicionados, deficiencias en sistemas contra incendios. “Había que atender primero las entrañas del aeropuerto”, enfatiza. Antes de pensar en fachadas o en la experiencia del pasajero, era necesario garantizar que el corazón operativo funcionara correctamente.

La dimensión del reto se vuelve más clara al escuchar las cifras. El aeropuerto abarca 800 hectáreas, de las cuales 250 corresponden a áreas operativas. Cada día transitan alrededor de 200 mil personas: 120 mil pasajeros, 40 mil acompañantes y 40 mil trabajadores. Se realizan entre 830 y 840 operaciones diarias. “Esa es la dimensión de este aeropuerto”, repite el Almirante, consciente de que cada intervención impacta a miles de personas en tiempo real.
Y ahí radica uno de los mayores desafíos: renovar sin detener. A diferencia de otras obras, aquí no se puede cerrar el espacio para trabajar con calma. “Es casi imposible no afectar”, admite con franqueza. Sin embargo, el objetivo ha sido reducir al mínimo las molestias. La clave ha sido la coordinación constante: “Con coordinaciones diarias con las aerolíneas, con los locatarios, con los prestadores de servicios”.
La realidad, no obstante, es compleja, como el entrevistado reconoce a esta casa editorial. Cada intervención revela problemas adicionales. “Si tenías que cambiar un foco, tenías que cambiar la instalación”, explica. Lo que parecía un ajuste menor se convertía en una cadena de trabajos más amplios. La metáfora de la “cirugía mayor” no es exagerada, como él mismo confiesa; cada corte requiere precisión, planeación y capacidad de respuesta inmediata.
A pesar de ello, el proyecto avanza con una inversión que ronda los $9 mil millones de pesos y que podría superar los $10 mil millones. Los cambios son múltiples y abarcan prácticamente todos los aspectos del aeropuerto. [SH2]
MEJORAR LA EXPERIENCIA DEL PASAJERO
Pero más allá de las cifras, el objetivo es transformar la experiencia del usuario. “Que lleguen a un aeropuerto en el que se sientan cómodos”, dice. La comodidad no es un detalle menor en un espacio donde el estrés, el tiempo y la incertidumbre suelen dominar. Desde la conectividad digital hasta la calidad de los espacios, cada elemento cuenta.
Uno de los cambios más significativos es la incorporación de tecnología avanzada. Los nuevos equipos de revisión no intrusiva permitirán agilizar los filtros de seguridad. “Para que no tengan que quitarse su teléfono o sacar su computadora”, explica. Asimismo, los E-gates automatizados multiplicarán la capacidad de atención en migración. “Van a estar 20 E-gates por terminal… para que el pasajero pase rapidísimo”.
Así, la prioridad ha sido la incorporación de tecnología para optimizar el Sistema Aeroportuario. Entre los avances más significativos destaca la ampliación de 12 a 40 filtros migratorios autónomos, lo que agilizará drásticamente el flujo de viajeros internacionales[IG3] .
Asimismo, la renovación incluye la sustitución total de las bandas de reclamo de equipaje y la construcción de un nuevo estacionamiento de seis niveles. Estas obras, junto con la creación de siete áreas médicas, garantizan una atención logística y de salud de primer nivel para los usuarios.
Como parte del fortalecimiento a la seguridad, también se instalarán 3,629 cámaras con inteligencia artificial.[IG4] Este sistema de videovigilancia robustece los protocolos operativos y brinda mayor confianza a los millones de pasajeros nacionales e internacionales que visitan el país.
Sin embargo, el Almirante comparte que una clave del avance fue instalar una disciplina operativa, “eso ya ha dado como resultado que el aeropuerto lo hayan distinguido con un tercer lugar en aspectos de puntualidad, además de tener una situación financiera muy saludable, tan saludable que nos ha dado la oportunidad de poner esos recursos y llevamos a cabo la remodelación y un mantenimiento integral”.
EL MUNDIAL COMO ACELERADOR
Aunque el Mundial de Futbol 2026 ha acelerado los tiempos, el Almirante insiste en que la transformación no responde únicamente a ese evento. “Pensamos en un aeropuerto para los mexicanos”, afirma. Sin embargo, reconoce que el torneo representa una vitrina internacional. “Es una puerta de México al mundo… debemos tener la mejor cara”.
“Las estimaciones son claras, entre 5 y 7 millones de visitantes podrían llegar al país, y una parte significativa pasará por este aeropuerto. Durante los meses pico, se espera un incremento notable en el flujo de pasajeros, lo que pondrá a prueba la capacidad operativa”, confiesa.



Y esa capacidad ya enfrenta un límite. El aeropuerto está oficialmente saturado. “Es un aeropuerto clasificado como saturado”, explica. Con 44 slots disponibles, se ha alcanzado el máximo operativo definido por estudios técnicos. Aun así, existe un margen de optimización que podría permitir un crecimiento moderado.
En este contexto, la coordinación con otros aeropuertos resulta fundamental. El sistema metropolitano funciona como una red donde cada terminal cumple una función específica. “No hay competencia… cada uno tiene su vocación”, señala, enfatizando la complementariedad del sistema.
Por ahora, en la terminal 1 del AICM[IG5] [SH6] ya se realizó el corte de listón de la sala B Sur, con una superficie aproximada de 2 mil metros cuadrados y capacidad para 626 pasajeros. Asimismo, se reinauguraron las fachadas de las puertas 1, 2 y 3, junto con su ambulatorio y salas de reclamo de equipaje de la sala 1 a la 3, y se dio cuenta de la renovación de las salas de espera de las puertas 12 y 13.
Además, se lleva a cabo el mantenimiento de cárcamos de aguas pluviales, la construcción de nuevas calles de rodaje de salida rápida, la renivelación y recuperación de áreas verdes.
De tal modo, el almirante Padilla Olmos, señaló que existe “el compromiso permanente con la operación eficiente, la seguridad y la modernización del decano de las terminales aéreas en México” y que “la puesta en operación de las instalaciones áreas, tras meses de arduo trabajo, constituye un elemento clave para mejorar la seguridad en las operaciones y experiencia de los pasajeros, pero sin duda contribuye de mejor manera a incrementar el tráfico nacional e internacional”.
EL FACTOR HUMANO
Más allá de la infraestructura, el factor humano ha sido clave en la gestión. La integración entre personal civil y militar ha superado las expectativas. “No hemos tenido problemas… hay mucha sinergia”, asegura. La presencia de la Marina, aunque minoritaria en número, ha influido en la cultura organizacional.
“Somos personal de 24 horas… Esa disponibilidad permanente ha permitido responder con mayor eficacia a emergencias y situaciones imprevistas. En un aeropuerto que nunca duerme, esa característica resulta esencial”, resalta.
Sin embargo, confiesa que trasladar valores militares a un entorno civil no es automático. Sin embargo, destaca que los valores fundamentales ya están presentes en la sociedad. “La mejor manera de promoverlos es con el ejemplo”.
Ese enfoque se refleja en dinámicas internas como ceremonias mensuales y reconocimientos al personal. Son momentos que, según el propio Almirante, son actos simbólicos significativos, evidenciando que la identidad y el sentido de pertenencia pueden construirse más allá de la formación militar.
UNA VISIÓN DE FUTURO
Al mirar hacia el futuro, la visión del Almirante Juan José Padilla Olmos es ambiciosa. Imagina un aeropuerto que, en su centenario, sea reconocido no solo por su historia, sino por su calidad. “Que se le distinga y se le honre”, dice. Su comparación es reveladora: “Lo he bautizado como el Bellas Artes de los aeropuertos”.
Esa aspiración no es solo estética. Implica funcionalidad, eficiencia, seguridad y orgullo nacional. “Quiero irme dejando un aeropuerto del que nos sintamos orgullosos todos”, afirma.
En su mensaje final que comparte a CAMPO MARTE, hace un llamado directo a la ciudadanía: “Que confíen en nosotros… estamos abiertos a las críticas”. Reconoce las molestias actuales, pero las enmarca como parte de un proceso necesario. “En un par de meses van a ver que valió la pena”.
Así, la entrevista concluye, pero la obra continúa. En cada pasillo intervenido, en cada sistema renovado, en cada decisión operativa, se refleja la huella de una carrera dedicada al servicio. Para el Almirante Padilla Olmos, este proyecto no es solo una responsabilidad administrativa: es la culminación de una vida profesional.
Un cierre que, lejos de ser un retiro, como él mismo confiesa, se presenta como una última travesía. Ya no en altamar, sino en tierra firme, entre pistas, terminales y millones de pasajeros. Pero con la misma convicción que lo ha acompañado durante décadas: servir a México, hasta el final.






