Geoseguridad: El Pastor Simón

Geoseguridad: El Pastor Simón

Diversos libros sobre líderes históricos han documentado que, para el control de las masas, primero hay que dominar su mente; basado en ese premisa, la religión es un camino por el cual se llegaría.

Hollywood ha dedicado películas con escenarios post apocalípticos en donde el objetivo principal del personaje antagónico es recuperar algún libro sagrado como, por ejemplo, la biblia, sabiendo que las palabras y la coerción espiritual son más efectivas que la violencia física y amenaza terrenal.

Se ha comprobado en la actualidad que, con el avance de la tecnología, la humanidad se siente más sola, aislada.

Han surgido nuevos cultos religiosos interpretando subjetivamente libros sagrados.

En algunos casos utilizan ese poder para enriquecerse como el telepredicador evangelista Joel Osteen y su familia en Houston, Texas o cometiendo graves delitos sexuales como el infame Pastor Naasón Joaquín García de la Iglesia de la Luz del Mundo en Guadalajara, Jalisco.

Aplicando estos conceptos en la arena política, cuando el control político no es suficiente y la continuidad está en riesgo, algunos políticos han replanteado su estrategia para mantener el poder ante las amenazas internas que envían un mal mensaje al exterior.

Nicolás Maduro es el más claro ejemplo latinoamericano.

Maduro, al que cada vez le cuesta más legitimar su circo electoral, ahora se ha recargado en la religión ante una división interna imposible de esconder y con un olvido internacional sumamente notorio.

Sus potenciales aliados están más interesados en muestras de afectos personales como abrazos interculturales y clases de manejo personalizadas.

Nicolás Maduro Moros ha sido conductor de autobús, presidente perpetuo de Venezuela, traductor de aves (pues decía que Hugo Chávez le enviaba mensajes a través de un pajarito) y ahora en su nueva etapa líder espiritual cristiano de Latinoamérica.

En una ceremonia protocolaria del más alto nivel, aceptó el manto de los ciervos que sirven al pueblo y con ello empezó el camino para transformar la República Bolivariana de Venezuela en la República Bolivariana de Venezuela de Cristo.

Siguiendo un libreto de películas de Hollywood al estilo Bukele en El Salvador, busca recuperar y consolidar su poder hegemónico a través del control espiritual ya que el discurso político caducó.

Maduro ya no tiene enemigos internacionales con los que pueda espantar al pueblo venezolano.

Maduro no tiene a su Bush como lo tuvo Hugo Chávez.

Estados Unidos está enfocado en sus problemas políticos internos y en el terrorismo doméstico que está fuera de control.

Sus aliados Rusia y Cuba están de luna de miel en Asia y los BRICS no saben si quiera en dónde queda Venezuela.

Las pasadas elecciones, si es que así se le pueden llamar, demostraron que, aunque tiene todo el control gubernamental, la gente está votando en su contra, harta de discursos banales y retóricas caducas.

Maduro está perdiendo el control de sí mismo, está tan solo que ahora busca pelear con Elon Musk y WhatsApp esperando que una pelea internacional le dé un respiro nacional.

La nueva ruta es clara, Maduro busca pasar de una nación a una congregación, en espera del único final feliz de un dictador.

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