Varios analistas han caracterizado la guerra de Estados Unidos contra Al Qaeda como una guerra religiosa, una guerra de ocupación y una guerra de sistemas, pero también se puede analizar como una guerra maquiavélica.
El problema ha sido el hecho que la Casa Blanca quiso imponer por la fuerza su sistema político democrático capitalista en modo fundamentalista y sin ninguna posibilidad de negociación, en tanto que los talibanes formaron parte de las organizaciones que se mueven por sentimientos religiosos extremos, fundamentalistas y violentos también sin ninguna posibilidad de negociación.
El campo de batalla no se localiza en algún espacio físico, salvo por algunas querellas a balazos entre patrullas estadounidenses y grupos talibanes.
El teatro de la guerra fue en lugares desconocidos donde estallan actos terroristas.
Ahí es donde Estados Unidos tuvo los peores resultados, porque sus fuerzas armadas están preparadas para batallas convencionales.
Para fijar métodos de información, los medios de comunicación deben tener un enfoque externo al conflicto para evitar parcialidades.
Y después del 9/11 los medios han tenido que aceptar los enfoques estadunidenses y hacer una cobertura de guerra desde los humvees del ejército estadounidense.
En este sentido, los medios estadunidenses han pasado a ser parte del conflicto y no mantener su independencia y autonomía relativa de movimientos.
La guerra Estados Unidos contra Al Qaeda en Afganistán y naciones aledañas pudiera analizarse para un mejor entendimiento informativo como una guerra maquiavélica.
En el capítulo V de El Príncipe, Maquiavelo señala que hay tres modos de conservar un Estado adquirido por la conquista y que estaba regido por sus propias leyes: primero, destruirlo; después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus leyes (MAQUIAVELO 2015, p.45).
Estados Unidos llenó de tropas a Afganistán durante el gobierno talibán, fue una operación militar, económica y de imposición de un régimen democrático occidental sin la participación local.
El enfoque de los medios estadunidenses es el de la estrategia de seguridad nacional. En el fondo, se trató de una guerra religiosa, territorial de Estado y sistémica.
Toda la perspectiva de la prensa estadunidense ha escaseado de enfoques desde los intereses de los talibanes y de Al Qaeda.
En el fondo, se trata del mismo enfoque informativo de la guerra en Vietnam: derrotar a los comunistas del norte para dejarle el gobierno a los capitalistas del sur.
El terrorismo se ha metido para definir campos y formas de batalla: no el choque entre ejércitos convencionales, sino entre un ejército estadunidense sobre armado y fuerzas talibanas operado como guerrilla.

Los medios tampoco quisieron ubicar las razones mismas de la guerra: aún con equivocaciones, Estados Unidos acusó a Osama bin Laden y a Al Qaeda y a los talibanes de ser los responsables de los ataques a las torres gemelas, luego los acusó de encabezar un gobierno violento y represor y al final buscó imponer el régimen a la estadunidense.
Los medios estadunidenses no supieron o no quisieron enfocar la crisis en esa zona del Medio Oriente como un asunto, también, de guerra por los recursos petroleros y por los campos de amapola.
Las organizaciones tribales y religiosas que controlan las élites musulmanas son un obstáculo para la exacción de recursos.
Al final de toda la guerra, Estados Unidos buscó imponer un régimen y una clase gobernante funcional a sus intereses y fracasó.
La caracterización de guerra religiosa ha insistido en el fundamentalismo musulmán de los talibanes, pero sin explorar que además de guerra de los recursos los militares estadunidenses revelan nociones también de guerra religiosa.
Estados Unidos fue fundado por los puritanos ingleses, que salieron de Inglaterra, pasaron por Suecia y se embarcaron a América a construir un imperio con tierras, dinero, ejército y recursos naturales, La guerra informativa entre Estados Unidos y Al Qaeda y sus aliados carece de un enfoque analítico real, sin partidarismos y sobre todo sin manipulaciones.
Estados Unidos ha llegado a falsear realidades para justificar su guerra, como el caso de la información falsificada por la CIA al finalizar 2002 sobre la supuesta compra de tubos de aluminio para fabricar uranio enriquecido.
Fue un preludio de la fase de las fake news o informaciones falsas de la era Trump, aunque disfrazadas de realidades alternativas, ambas en el lenguaje de la posverdad o el reino de los sentimientos y las sensaciones.
Si el principio rector del Estado de seguridad nacional de Estados Unidos estaba definido por el totalitarismo soviético, el desmoronamiento de la URSS en 1989-1991 dejó el espacio para que otras naciones combatieran a los Estados Unidos por agendas concretas.
De todos los pendientes, el de la comunidad árabe y sus distintos puntos de conflicto se convirtió en amenazas de seguridad nacional para la Casa Blanca porque definieron una guerra de sobrevivencia.





