Geoseguridad: Los medios de comunicación como instrumento de terrorismo yihadistas

Geoseguridad: Los medios de comunicación como instrumento de terrorismo yihadistas

En los manuales de diversas organizaciones policiacas y militares que se dedican al combate del terrorismo se establecen muy claras las necesidades de controlar la información como un instrumento de activismo político.

La estrategia de comunicación de los grupos terrorista busca radicalizar directamente la conducta de los lectores y audiencias para provocar reacciones que carezcan siquiera de las certezas de los hechos informados.

Las estrategias han ido evolucionando de manera significativa, al principio carecían de manera formal de una política de comunicación social y sólo se concretaban a usar sus actos terroristas como efectos mediáticos.

Sería hasta después de la guerra de Irak que se dieron cuenta de que la tecnología podría potencializar el efecto del terror llevando su mensaje en cuestión de minutos a todo el orbe.

Los terroristas de Al Qaeda pusieron en práctica el análisis de Lasswell (1938), potencializando el concepto que el tercer campo de batalla en toda guerra es ‘’la propaganda’’.

Utilizando imágenes y palabras para promover los hechos como si fueran productos comerciales.

La propaganda no vende realidades sino productos desde el punto de vista del productor.

El poderío norteamericano se vio severamente afectado el 9/11 mostrando al mundo el daño que hizo un grupo terrorista hasta ese momento desconocido al interior de ese país.

Al Qaeda previamente había atacado en por lo menos 2 ocasiones objetivos estadounidenses.

Los servicios de inteligencia contaban desde la administración Clinton con informes de la intención de su líder bin Laden de atacar en suelo americano.

El mundo entero se enteró el vivo que el gigante era atacado, pero no por un ejército sino por un comando de 19 terroristas que sustituyo armas por aviones.

Pasaron los filtros de seguridad de uno de los aeropuertos más estrictos del mundo para utilizar aviones de líneas aéreas americanas como misiles para atacar las torres gemelas, símbolo del capitalismo y el comercio mundial.

Al Qaeda se coronaba como el grupo líder indiscutible de todo el mundo convirtiendo a Osama bin Laden en el enemigo público número 1.

El circuito de información tradicional tiene en los medios a los intermediarios entre los protagonistas de los hechos y los lectores sociales como destinatarios.

Ahí se creó un concepto que fue común en los noventa: la dictadura de los medios, las fuentes de información interesadas en difundir sus mensajes y los destinatarios requeridos de mensajes coherentes y ordenados dependían de los valores e interese de los medios de comunicación.

Las redes sociales rompieron con el monopolio de la información de los medios.

Fuentes y destinatarios se saltaron a los medios, aunque con el problema de que los medios eran profesionales para tasar, mediar, acreditar, depurar y darle credibilidad a los mensajes.

Hoy existen mensajes directos que no cumplen con los elementos de la información para proporcionar datos que ayuden a la toma de decisiones, sino que impactan las conductas con propaganda directa que es justamente lo que persiguen grupos como el Estado Islámico.

El terrorismo yihadista ha evolucionado y prescindido de los medios como tales y ha convertido sus actos terroristas en lo que Habermas señalaba como “acción comunicativa” (HABERMAS 1999); es decir, el mensaje como comunicación.

Los videos, correos electrónicos y fotografías de actos terroristas no informan, sino que promueven el apoyo o el repudio, y en lo general son propaganda de los grupos terroristas.

La acción comunicativa del terrorismo convirtió el acto de terror en un mensaje comunicacional y, por lo tanto, en propaganda, no en información para procesar, depurar y concluir.

El subdirector de la CIA, Michael Morell en su libro The Great War of Our Time aceptó que ‘’la gran victoria de Al Qaeda ha sido la propagación de su ideología y su franquicia en toda un área geográfica y lo hizo a través del terrorismo de propaganda’’ (MORREL 2015, p.303).

Por ejemplo, las fotografías en medios de los ataques terroristas a la embajada en Yemen en 1998 y el ataque a la nave marítima USS Cole en el 2000 y el propio 9/11 del 2001 tuvieron más efecto en sus seguidores y en la propia sociedad occidental que cualquier comunicado escrito o análisis sembrado en los medios.

El especialista Torres Soriano fue de los primero en analizar el terrorismo en sí como elemento de propaganda de facto.

La comunicación política en grado de propaganda se convierte en un factor de educación ideológica de las comunidades musulmanas que carecen de medios propios o de cadenas vinculadas a sus intereses.

Con esas acciones difundidas de manera especial para el público árabe se rompieron los mecanismos unidireccionales de la propaganda cociente pro-estadunidense.

En este sentido, una de las decisiones con mayor sentido comunicacional fue la fundación de la cadena árabe Al Jazeera en 1996 para crear una salida de televisión desde el punto de vista de las comunidades árabes musulmanas.

Su origen fue oficial por el apoyo del gobierno de Qatar, pero en el 2006 se independizó y se hizo autónoma.

En los hechos, sí sirvió para canal de salida de noticias de Al Qaeda, aunque varios de sus funcionarios y corresponsales fueron señalados –no acusados formalmente– de servir a los intereses de Al Qaeda.

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