Geoseguridad: Terrorismo, la batalla por la narrativa

Geoseguridad: Terrorismo, la batalla por la narrativa

El poder de la información en los conflictos armados es casi igual al poder físico de un arma bien utilizada.

Los conceptos esenciales en una guerra moderna son: militar, económico y propagada. En este último, la dinámica de los medios de comunicación y desde hace diez años el crecimiento del flujo de mensajes sin matices en las redes sociales ha delineado a la información como un campo de batalla de los grupos radicales: terroristas, cárteles del crimen organizado y hasta políticos envueltos en casos de corrupción.

La noticia del ataque mortal contra el general Qasem Soleimani el 3 de enero de 2020 abrió un frente de batalla en la propaganda: el gobierno de Estados Unidos y sus medios, conservadores y liberales, justificaron la acción por considerarla un golpe al terrorismo.

Aunque The New York Times y The Washington Post redujeron la eficacia por su confrontación con el entonces presidente Donald Trump.

Los medios afines a los grupos yihadista sólo enfatizaron el ataque como un asesinato criminal.

La batalla de propaganda ha definido dos campos ofensivos: de un lado, los yihadistas que buscar convertirse en shahid (mártir) de la guerra y justifican sus actos de terrorismo con el argumento propagandística de que la guerra santa es un mandato divino para sus creyentes.

En contra parte Estados Unidos y los países aliados, han emprendido campañas mediáticas justificando el uso excesivo de la fuerza como secuestrar, torturar y atacar posiciones militares y civiles argumentando proteger al mundo de la amenaza yihadista.

En medio de esta guerra han quedado los medios de información, algunos de ellos obligados a tomar partido.

Los corresponsales estadunidenses en el Medio Oriente se colocaron del lado de Estados Unidos y participaron en las brigadas a bordo de vehículos militares del ejército estadunidense.

Geoseguridad: Terrorismo, la batalla por la narrativa

El enfoque informativo de esos corresponsales asumió el modelo de los intereses de Estados Unidos y perdió el enfoque objetivo de información en esa guerra.

La información manipulada de datos y propaganda son uno de los defectos de las democracias hoy en día en el mundo.

Bajo el modelo de right to know, los periodistas estadunidenses, en asuntos locales o internacionales, difunden interpretaciones que han llegado a afectar operaciones militares en el extranjero y policiacas de forma local.

La democracia tiene una carretera de doble vía que se llama libertad de expresión, esto implica el riesgo de la información negativa para las autoridades Terroristas, grupos radicales y miembros de crimen organizado la han utilizado para debilitar a los Estados y acotar sus acciones de fuerza institucional.

Los terroristas usan la difusión de imágenes y mensajes distorsionadores en redes sociales propias para radicalizar a la sociedad ya que como es un canal directo quien los busca implica que hay atracción para la nota.

Los Estados y las autoridades encargadas de decisiones del poder han carecido de capacidad de manejo de la contra información y contra propaganda para enfrentar acciones psicológicas de criminales.

A nivel global los Estados han tenido avances para contener, no censurar, de una manera apegada al Estado de derecho, el tratamiento de información con respecto a la violencia social (guerrilla, delincuencia organizada, terrorismo).

En México, por ejemplo, desde el inicio de una guerra policiaco-militar contra el crimen organizado, se ha llevado a la creación de brigadas de información de los militares para construir acciones de contrapropaganda.

Como una iniciativa única en su especialidad, en marzo de 2011 la totalidad de los medios de comunicación mexicanos firmaron un Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia a partir de dos hechos: el uso de las imágenes e informaciones por parte del crimen organizado había construido la propaganda de la victoria y los medios contribuían al acoso social con la difusión sin matices de esas informaciones. El acuerdo pidió nuevos criterios editoriales.

La organización Christchurch, creada en Nueva Zelanda a raíz del ataque terrorista de marzo de 2019, pidió eliminar contenido terrorista y extremista en las redes, aunque al mismo tiempo exhortó a luchar contra las causas del extremismo ideológico reaccionario violento.

Inclusive llamó a velar por que los algoritmos creados y utilizados por las compañías no tienten a los usuarios hacia el contenido ideológico extremista violento para reducir su carácter viral.

La contra propaganda y contra información de los Estados sobre el mensaje de los grupos terroristas no se resuelve con actos de censura a los medios de comunicación, se requiere de mecanismos políticos, institucionales, ideológicos e informativos para combatir sus radicalismos.

Capacitar en vez de confrontar a los medios para difundir de manera cuidadosa información que pudieran beneficiar a los grupos radicales en la introducción de temores de manera directa en el tejido social.

En materia informativa no hay equilibrio ideal, sobre todo cuando la censura tampoco contribuye a construir mentalidades maduras en la sociedad.

Un primer paso consistiría en mecanismos de autocontrol a través de la deontología informativa, una propuesta que viene desde Jeremías Bentham en 1817 como tratado o ciencia del deber (Bentham, 1836).

De otra manera, se aplicarían censuras de Estado que reducirían espacio a terroristas y criminales, pero a costa de la libertad de expresión.

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