Las relaciones internacionales parecen encontrarse en un punto de inflexión importante; sobre todo, ahora que en este año 2024, se celebra el 75º aniversario de la OTAN desde la firma de su tratado fundacional el 4 de abril de 1949 y en ese sentido, la cumbre de la OTAN se produce en el contexto de una guerra prolongada emprendida por Rusia contra Ucrania, cuya inestabilidad llegan incluso, hasta el territorio mexicano.
Por eso resulta importante preguntarnos si estará la cumbre de Washington, DC, a la altura de las expectativas. Dicha cumbre se celebrará en los próximos días 9, 10 y 11 de julio ¿Estará al alcance de la OTAN una Europa más estable y pacífica?
Es importante la forma en que la OTAN contribuya a la defensa de Ucrania, ya que esto determinará significativamente el resultado de la invasión rusa; pero de cara al futuro, ¿pudo este aniversario de la OTAN celebrado en abril pasado y que también estará marcado por esta cumbre, organizada por el presidente estadounidense Joe Biden, inspirar confianza sobre la credibilidad futura de la OTAN? En particular, ¿podrá hacerlo cuando Ucrania está en un punto muerto y está perdiendo territorio frente a Rusia?

Debemos tener en el radar que la pérdida de impulso de Ucrania, en su defensa contra la invasión a gran escala de Rusia, está profundamente ligada a la capacidad de Putin para disuadir a la Alianza de brindar una asistencia más sólida a Ucrania, ya que esto ha sido un elemento clave de la estrategia del presidente ruso, quien con gran habilidad y abierta amenaza de coerción nuclear ha logrado disuadir a Occidente de intervenir directamente en la defensa de Ucrania y hasta ahora la estrategia le ha funcionado mejor de lo que esperaba, logrando que la Alianza se comprometiera a no usar tropas en el terreno y al mismo tiempo ha intimidado a los aliados para que restrinjan su flujo de equipo militar en Ucrania.
Por lo tanto, al margen de las lamentables consecuencias que siempre tiene una guerra, en términos de pérdida de vidas humanas, de destrucción de propiedades e infraestructura, así como del desplazamiento de víctimas, todo conflicto armado pone de manifiesto en la actualidad, en un mundo globalizado, las afectaciones a la seguridad, la economía, el comercio y las finanzas internacionales, perturbando a cualquier país que directamente no esté involucrado en el conflicto, pero recibe todos sus efectos colaterales.
Asimismo, es importante recordar que durante el periodo de la Guerra Fría la OTAN tuvo éxito derrotando a la Unión Soviética sin disparar un solo tiro, y fue a través del espionaje, ya que este sigue siendo una herramienta vital para ambos lados del último conflicto, como lo demuestran los oficiales de inteligencia estadounidenses expertos en tecnología que intentan reclutar nuevos activos a plena vista y de igual forma a los agentes vinculados a Rusia que aumentan sus operaciones en toda Europa y tiene gran presencia en territorio mexicano.

El Servicio de Espionaje Exterior (SVR) de Rusia acusó el 9 de abril a compañías militares privadas de Estados Unidos de estar reclutando a presidiarios de México y Colombia en las cárceles estadounidenses para enviarlos este verano a combatir la guerra en Ucrania; y por otra parte, vemos a Estados Unidos que ha advertido, en diversos momentos, el aumento y despliegue de la red de espías rusos en México, lo que es un tema que se puede catalogar como peligroso a nivel de la seguridad nacional mexicana.
Seguramente, muchas respuestas a varias preguntas que nos puedan venir a la mente las tendremos inevitablemente después de la cumbre de julio.
En ese sentido, es también muy importante saber que la diplomacia ucraniana ha tenido entre sus prioridades intensificar sus relaciones con América Latina, por lo que el pasado 3 de junio el presidente ucraniano Volodímir Zelenski felicitó a Claudia Sheinbaum por su victoria electoral del 2 de julio y dijo que confía en que México pueda desempeñar un papel importante en los esfuerzos globales para lograr una paz justa y duradera en Ucrania y en garantizar el cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas a nivel mundial.
Debemos recordar que los llamados ucranianos a diversos líderes en América Latina, no han tenido eco, en virtud de que, pese a las múltiples invitaciones de la administración de Zelenski a diversos mandatarios latinoamericanos para visitar su país, no ha tenido la respuesta que se esperaba y en ese sentido podemos decir que el único que ha visitado Ucrania fue el expresidente de Guatemala, Alejandro Eduardo Giammattei, ya que ningún otro dirigente de estos países ha viajado a la zona de guerra.
Por otra parte, Estados Unidos enfrenta varios riesgos, y así lo advierte el senador Roger Wicker y los podemos identificar en un documento titulado “generational investment in the U.S. military” that he calls “21st Century Peace Through Strength.” https://www.wicker.senate.gov/services/files/BC957888-0A93-432F-A49E-6202768A9CE0
Luego entonces, atendiendo este documento podemos ver que los estadunidenses tienen varios flancos; por un lado, Rusia lucha contra Ucrania. Irán ataca a Israel directamente y a través de representantes como Hamás, Hezbolah y los hutíes. Israel continúa sus ataques en la Franja de Gaza a pesar de la propuesta de tregua de Biden con Hamás. Corea del Norte lanza misiles y satélites. Y China amenaza tanto a Taiwán como a Filipinas.

Podemos inferir que todos estos conflictos no son peleas aisladas y podemos ver que el objetivo es desplazar a Estados Unidos como garante del orden internacional.
Vemos a Rusia que proporciona la fuerza bruta. China ofrece financiación y tecnología. Irán y Corea del Norte suministran drones y misiles. El arco de guerra comienza en Ucrania y se extiende al sur-sureste a través de Israel y el Mar Rojo, antes de doblarse en el Océano Índico y viajar al norte-noreste a través de Taiwán en el Mar de China Meridional.
Todo esto es realmente de un nivel de coordinación sorprendente y que no tiene precedentes, en virtud que desde que asumió el poder Xi Jinping en el 2012 el gobierno de China se ha reunido con Vladimir Putin de Rusia, más o menos, unas 43 veces en el 2022; en vísperas de la invasión de Rusia a Ucrania, Xi y Putin firmaron una asociación denominada “sin límites” y celebraron, en palabras de Xi, los próximos “grandes cambios en el mundo no vistos en un siglo”.

De igual forma, pudimos observar cuando Putin realizó una visita de Estado a Beijing el pasado mes de mayo, y vimos como los dos hombres se abrazaron físicamente. El viaje de Putin coincidió con el acercamiento de sus fuerzas a la ciudad ucraniana de Kharkiv y poco tiempo después de que Putin regresara a casa, barcos chinos rodearon Taiwán, en un enorme simulacro de invasión.
El mensaje es claro y contundente: Xi Jinping selló sus vínculos militares con Putin con un inusual abrazo en medio de la invasión a Ucrania y la tensión por Taiwán.
Es evidente que China, Rusia, Irán y Corea del Norte actúan cada vez más amenazantes, frente a la vista de Biden y en pleno proceso electoral estadounidense, donde competirá con un Trump que ha manifestado que no desea apoyar a la OTAN.
Puede que el problema no haya comenzado con Biden; pero el plan que plantea Wicker también es una prueba para la escuela de “repriorización” de los republicanos nacional-populistas, ya que si China es realmente la amenaza primordial, entonces no deberían tener reparos en respaldar un aumento de la defensa de esta magnitud, por lo que la votación bipartidista en abril pasado a favor de la ayuda militar a Ucrania, Israel y Taiwán fue un respaldo crucial al liderazgo estadounidense y la defensa de la libertad en todo el mundo.
Por otra parte, países europeos enfrentan diversos ataques rusos y desde luego Rusia niega cualquier culpabilidad, pero donde hay tanto humo, literalmente y también figuradamente, es muy probablemente que hay algo de fuego ruso.
Por ejemplo: Alemania detuvo a ciudadanos rusos que estaban planeando un ataque a instalaciones militares, los ingleses afirman que agentes rusos prendieron fuego a un almacén que contenía ayuda para Ucrania. En Suecia se están investigando presuntos actos de sabotaje patrocinados por Rusia y el gobierno checo también acusa a Rusia de sabotear sus ferrocarriles, mientras tanto, en Estonia se ha descubierto una serie de complots rusos en su territorio y se sospecha que los barcos rusos atacan cables de comunicaciones y parques eólicos en el Mar del Norte. También se acusa a Rusia de que pueda estar involucrada en incendios sospechosos, incluido uno que devoró un centro comercial en Polonia. La lista de acusaciones es enorme y esta sigue y sigue.
Esto nos puede dar un escenario en el que no importan las pérdidas que sufra Rusia en Ucrania, que no importan, dónde estén las líneas del frente y dónde terminan la líneas de los combates, es claro que Rusia seguirá ocupando una parte importante del territorio de la Tierra y por lo tanto, seguirá siendo uno de los actores geopolíticos más importantes, ya que su comportamiento moldeará el entorno de seguridad en Europa y mucho más allá, incluidos en sus planes, por supuesto, países clave de América Latina.
En ese sentido, mientras Estados Unidos siga comprometido con la OTAN, Putin sabe que un ataque a sus miembros correría el riesgo de iniciar una guerra convencional que finalmente perdería, por lo que lo más probable que veamos a una Rusia completamente estratégica y ocasionalmente violenta, pero que basará principalmente su estrategia en el uso de tácticas asimétricas para debilitar una alianza, a la que evidentemente, no puede vencer frontalmente.
Por lo que respecta a Medio Oriente, la guerra entre Israel y Hamas es un preludio de un aumento de futuras agresiones iraníes a Israel y a Occidente, ya que es muy posible que estén explorando ya diversas formas de utilizar fuerzas indirectas y el terrorismo para desestabilizar primeramente al Estado y a la sociedad israelí, así como a los países aliados de Israel o que han manifestado gran apoyo a los judíos, y en ese sentido, Irán está agudizando estos conceptos, porque tiene cada vez más confianza en que su “Eje de resistencia y aliados” como el conjunto de socios y representantes respaldados por Irán, incluido Hamás, en toda la región y más allá, entre ellos, los que se encuentran en América Latina y Europa para realizar posiblemente en el futuro, diversas acciones terroristas y en ese sentido debemos reflexionar sobre la importancia de ver la guerra entre Israel y Hamás en el contexto del esfuerzo más amplio de Irán por dominar Medio Oriente, al tiempo de golpear a Estados Unidos.
Derivado de lo anterior, centrarse estrictamente en la situación en la Franja de Gaza ignora las implicaciones y riesgos a largo plazo de la guerra para los estadounidenses y sus socios, ya que Irán a pesar de atacar el territorio de Israel directamente recientemente, reconoce la superioridad tecnológica de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y acepta el riesgo que podría provocar una guerra abierta también con los Estados Unidos y por eso los líderes iraníes desean evitarlo y en ese sentido es muy probable que los estrategas iraníes ya están explorando el utilizar fuerzas indirectas y el terrorismo para alterar el orden político y social, sin desencadenar una guerra a gran escala entre Irán e Israel y sus aliados, los Estados Unidos y de varias potencias de Europa, así que los ojos ahora pueden estar en los próximos juegos olímpicos de Francia 2024.
Otro concepto clave que Irán está desarrollando implica el seguir apostando por los ataques terrestres sorpresa contra Israel, a partir del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023; este pensamiento parte de la teoría de que al desestabilizar y provocar terror a la población de Israel, incitaría a que los ciudadanos judíos huyeran de su país y esto pondría fin a la viabilidad a largo plazo de un Estado judío en Israel; así se puede observar en las declaraciones del comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), el General de División Hossein Salami, quien presentó públicamente su propia versión de esta idea, y lo hizo por primera vez en una entrevista en el sitio web oficial de la Oficina del Líder Supremo iraní en agosto de 2022. Ahí Salami articuló un plan que involucraba al Hezbolah y a las milicias palestinas respaldadas por Irán, quienes lanzaban campañas terrestres prolongadas desde múltiples frentes hacia Israel y explicó que estas fuerzas terrestres son necesarias para liberar el territorio y que podrían avanzar a través de Israel de forma gradual, enfatizando que tal presión perturbaría el orden político y social israelí y generaría por lo tanto un desplazamiento civil generalizado, todo sin necesidad de asestar un golpe decisivo a las FDI; sin embargo, en esa ocasión Salami no explicó por qué pensaba que estas fuerzas podrían mantenerse firmes contra los contraataques de las FDI o por qué Israel no escalaría con diversos ataques importantes en el Líbano, la Franja de Gaza y Cisjordania o incluso contra el propio Irán en represalia y legitima defensa.
En otra entrevista, en mayo de 2024, el General de División Gholam Ali Rashid, Comandante del Cuartel General Central de Khatam ol Anbia, que es el nivel de comando operativo iraní más alto y responsable de todas las operaciones conjuntas, amplió este concepto y demostró cómo Irán continúa aprendiendo de Hamás. Rashid argumentó que el ataque de Hamás a Israel en octubre de 2023 puso de relieve cuán efectivos y valiosos podrían ser los ataques terrestres y la vulnerabilidad de los servicios de inteligencia israelíes, combinada con una torpe reacción defensiva, ya que el ataque de Hamás perpetrado el 7 de octubre de 2023 demostró que Eje de Resistencia puede afectar significativamente al Estado de Israel, lanzando este tipo de ataques sorpresa desde el Líbano, la Franja de Gaza y Cisjordania y de manera simultánea podrían incluso hacer mucho daño a Israel, haciendo eco de los comentarios de Salami y afirmó que un ataque de este tipo necesitaría por lo menos de 10,000 combatientes del Líbano, 10,000 combatientes de la Franja de Gaza y entre 2,000 y 3,000 de Cisjordania.
Otro punto importante que debemos tener en cuenta es que Irán y su Eje de Resistencia han tratado de imponer un bloqueo económico no oficial a Israel durante toda la guerra, para obligar a Israel a aceptar la derrota en la Franja de Gaza, lo que implica atacar los intereses comerciales israelíes para perturbar la economía israelí. El líder supremo iraní Ali Jamenei pidió por primera vez este bloqueo en noviembre de 2023 cuando dijo que “deben cerrarse los caminos de las exportaciones de petróleo y alimentos al régimen sionista” y desde entonces, el
Eje de la Resistencia ha atacado y amenazado la infraestructura israelí y el comercio internacional.
Los ejemplos más obvios de esta línea de esfuerzo son los ataques de los hutíes a la navegación internacional en torno al Golfo de Adén y el Mar Rojo; esto impacta directamente a México y a los países que integran América Latina, en todo nuestro entorno económico, ya que los ataques hutíes han provocado que los precios del transporte marítimo internacional aumenten y hayan reducido gravemente la actividad comercial en el puerto israelí de Eilat.
Por su parte, Israel ha tratado de compensar esta reducción de la actividad aumentando el comercio terrestre a través de Jordania hacia el Golfo Pérsico, pero el Eje de Resistencia comenzó a centrarse en interrumpir también estas rutas terrestres en abril de 2024. Una milicia respaldada por Irán, amenazó con crear y armar una milicia proxy en Jordania para cortar el acceso israelí a los estados del Golfo y las milicias respaldadas por Irán en Irak y Bahréin, y de esta forma comenzaron a reivindicarse los ataques con drones contra empresas y sitios conectados con el comercio terrestre israelí, al tiempo de que los altos funcionarios iraníes comenzaron a amenazar y a amagar a los estados del Golfo, especialmente a los Emiratos Árabes Unidos por hacer negocios con Israel.
Derivado de lo anterior, es importante tener en cuenta una posible escalada de bloqueos en otras zonas marítimas, ya que los líderes iraníes también han expresado su deseo de extender su alcance militar al Mar Mediterráneo, probablemente para complementar su intento de bloqueo de Israel.
Un alto oficial del IRGC, el General de Brigada Mohammad Reza Naghdi, expresó por primera vez este deseo en diciembre de 2023 diciendo que el Eje de Resistencia algún día podría atacar el tráfico marítimo alrededor del Mar Mediterráneo y el Estrecho de Gibraltar.
El General Naghdi es el coordinador adjunto del IRGC, siendo el tercer funcionario más alto del IRGC y de igual forma el excomandante del IRGC y también el asesor militar del líder supremo, el Mayor General Yahya Rahim Safavi, amplió esta idea en marzo de 2024, argumentando que la Armada y la Fuerza Aeroespacial del IRGC deberían centrarse en el Mar Mediterráneo, aumentando su profundidad estratégica en 5,000 kilómetros, lo que extendería su presencia hasta el Estrecho de Gibraltar.
Estos comentarios de Naghdi y Safavi pueden ser vagos y proporcionan poca información específica sobre las intenciones iraníes, pero con sus comentarios podemos inferir un creciente interés iraní en el Mar Mediterráneo, lo que afectaría a Europa y a los países del continente Americano, encendiendo las alertas en los Estados Unidos, ya que se publicó en marzo de 2024, en el Wall Street Journal, la seriedad de Irán acerca de extender su alcance al Mar Mediterráneo, informando que Irán intentó establecer una base naval permanente en la costa del Mar Rojo de Sudán, lo que con ello se demuestra el deseo iraní de proyectar una fuerza más hacia el oeste para apoyar ataques contra el transporte marítimo internacional.
Atendiendo lo anterior, podemos ver que los funcionarios iraníes en múltiples niveles prevén utilizar esta combinación de campañas terroristas, terrestres y de presión económica para colapsar a Israel y sus socios, es muy posible que no las ejecutarán de repente o de forma inmediata, ya que Irán y sus fuerzas asociadas no tienen actualmente todas las capacidades o fuerzas necesarias para tal ofensiva, ni tendrán esos medios en el corto plazo, pero con la reciente muerte del presidente de Irán, Ebrahim Raisí y sus acompañantes en el helicóptero que se precipitó, hace obligatorio no ignorar por completo las ambiciones ya declaradas de Irán y
descartarlas, porque no son inmediatamente factibles, o ignorarlas correría el riesgo de otra sorpresa estratégica, posiblemente más significativa que la que logró Hamás en octubre de 2023 en el territorio de Israel, o los ataques terroristas en Argentina en 1992 y 1994.
Sabemos que uno de los foros anuales más importantes de seguridad en Asia es el de los Diálogos Shangri-La, el pasado sábado primero de junio, el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski llegó a Singapur para una aparición no anunciada previamente en esta cumbre de jefes de Defensa de toda Asia-Pacífico, mientras las tropas ucranianas buscan contrarrestar un importante avance ruso hacia el noreste, en su intervención ante el plenario de los representantes asistentes; con unas declaraciones posteriores a los medios de comunicación, Zelenski acusó a la República Popular China de esforzarse por impedir la asistencia de otros países a la cumbre de paz que se celebrará en Lucerna, Suiza, los días 15 y 16 de junio, Zelenski afirmó que más de 100 países y organizaciones participarán y pidió a los Estados de Asia-Pacífico que acudan a dicho encuentro, lógicamente, ante esta invitación, el presidente chino Xi Jinping, dijo que no asistiría y por su parte, hasta ahora, el presidente Biden aún no se ha pronunciado al respecto, su asistencia es una incertidumbre, porque actualmente se encuentra muy activo en su campaña electoral, pero al mismo tiempo, también, por lo mismo, sí podría ser factible su asistencia por esas razones electorales y de forma sorpresiva con independencia de que Biden también está atendiendo las otras prioridades estratégicas relacionadas con el conflicto en Gaza y el impacto sobre sus votantes que pudiera tener su participación su presencia en suiza podría ser de gran relevancia.
Es irónico que a la Cumbre de Paz no fue invitada Rusia; es un contrasentido porque Ucrania y Rusia son los principales protagonistas de esta guerra ¿Se quiere una cumbre para la paz o se quiere enconar el conflicto y aumentar sus consecuencias?
La reconfiguración del sistema internacional y particularmente la competencia estratégica de Estados Unidos, China y Rusia que mantienen a nivel global inevitablemente han detonado procesos que impactan en la vida interna de países en América Latina, específicamente, esta rivalidad estratégica internacional se ha concatenado con la existencia de recursos naturales, minerales estratégicos y la presencia de actores no estatales violentos, entre los que destacan grupos del crimen organizado; esta mezcla de factores bien podría agravar gradualmente la situación de gobernabilidad democrática, seguridad ciudadana y desarrollo sostenible en nuestra región.
Estos conflictos generan migraciones, pero en las guerras hibridas la migración es la nueva arma que guarda cierta relación con las campañas de manipulación y desinformación, al margen de los riesgos concretos que puede representar la llegada masiva y no controlada de personas en un país o región del planeta, toda vez de que lo que se busca ante todo, es generar polarización y fractura social.
Las amenazas a la estabilidad y la seguridad tienen lugar cada vez más en la “zona gris”, donde actores estatales y no estatales emplean tácticas híbridas.
En los últimos años podemos observar el aumento cada vez mayor de una crisis de refugiados y de emigrantes, pero es a partir del año 2021 hemos presenciado cómo algunos gobiernos han provocado de forma deliberada los movimientos migratorios con la intención de obtener unos fines políticos concretos, representando así,una nueva forma de ataque híbrido contra la soberanía de un país.
Es una realidad que el fenómeno migratorio y estos grandes flujos han sido utilizados cada vez más, pero ¿qué hacer ante esta mirada sobre la migración como arma en una guerra hibrida?
¿Se debe apostar de manera cada vez más abierta por la militarización fronteriza y en ese sentido cómo evitar que la estrategia de seguridad y defensa se aleje de cualquier paradigma de derechos humanos?
La amenaza híbrida de la migración es un concepto prácticamente nuevo en el estudio de seguridad y de defensa; no obstante, el hecho de ser analizado desde una mirada ampliadora de la seguridad lo ha relegado a un sentido todavía controversial; por lo tanto, es importante estudiar el fenómeno, adicionalmente, plantear acciones preventivas y estudios prospectivos ante posibles usos de este tipo de accionar entre los países, sobre todo, en Latinoamérica, donde el narcotráfico y el crimen organizado pueden tener agendas y recursos que logran tranquilamente competir con los de las naciones y ante un mundo complejo, de sinergias globales, los Estados deben cultivar la resiliencia y la inteligencia suficientes ante estas recientes problemáticas.
Hay muchas lecciones que se pueden extraer al analizar el aumento del poder del crimen organizado trasnacional y la violencia que ha tomado en América Latina; que ocupa un lugar central en el debate público y ha enfrentado a gobiernos por la expansión y violencia de estos grupos que no solo afectan la seguridad pública, sino que afectan también ahora, la seguridad nacional.
¿Quiénes son los actores de esta violencia? ¿Qué relaciones sostienen con otros actores sociales, desde la base hasta el vértice de la pirámide social? ¿Cómo se vinculan estos fenómenos a la cuestión de la ley y la igualdad en la comunidad política?
La renovación de la violencia está sin duda ligada al aumento del poder y de las actividades de los grupos criminales dedicados al tráfico de drogas y otras actividades ilícitas que van desde la extorsión y el secuestro hasta el contrabando y la industria de la falsificación, pasando por el negocio que les deja la migración y la trata de personas.
Estas organizaciones no estatales suelen ser terroristas, bandas criminales o agrupaciones políticas afines a la ideología del Estado agresor y también actúan por afinidad racial, religiosa, económica (fines de lucro) o cultural.
Los ataques que está padeciendo América Latina son parte de ello; y a pesar de que se llamen de una manera u otra, las políticas bélicas, cuyo objetivo es aniquilar las experiencias alternativas en América Latina y el Caribe, o en el mundo, son una constante en el accionar de diversas potencias mundiales que compiten unas con otras, afectando a países terceros.
El primer problema con la guerra híbrida es que en general comienzan por acciones que parecen ser más bien un problema de seguridad y no de defensa, cuesta identificar que hay un enemigo externo detrás de todo y, aunque los servicios de inteligencia lo identifiquen, muchas veces los productos generados no son tomados en cuenta y se dejan pasar las alertas tempranas y ya después es muy difícil de demostrar los vínculos de los grupos atacantes y la finalidad de su ataque, como para poder hacer una acusación formal.
En la guerra híbrida, las operaciones de información, de la mano de operaciones psicológicas que conllevan engaño, manipulación de la información y distorsión de la realidad en las redes sociales, juegan un papel fundamental; así la mente y los corazones son el campo de batalla a conquistar y el dominio de batalla, es la mente humana, esto es para lograr convencer a los
pueblos del mundo y en última instancia el propósito es negarle al Estado atacado su desarrollo y paz social para minar su potencial y autoestima a lo interno, y en lo externo, evitar el establecimiento de lazos de empatía entre pueblos que comparten intereses en este mundo global.
De esta forma, los países u organizaciones que deciden atacar a otro Estado por medio de la guerra híbrida no tienen como objetivo la ocupación de dicho país, sino la instauración de un gobierno afín a sus intereses y que responda a ellos, lo hacen en los momentos clave, impulsando escenarios de inestabilidad, el cual aumenta su potencial en tiempos preelectorales y en plenas campañas de elecciones y éste es un escenario nuevo en el que incluso Estados Unidos se enfrenta a diversos ataques de esta naturaleza, ya en su propio territorio, frente a una incertidumbre mucho mayor que en otros momentos históricos rumbo a las elecciones de noviembre de 2024 y con la sombra de una potencia como China, que está actuando desde una posición de dominio que le otorga diversas alianzas con países como Cuba, Venezuela, entre otros y una Rusia cada vez más activa en el continente y con un gran despliegue de espías en México, sin olvidar, la presencia de Irán en todo el continente desde Canadá hasta Argentina; por ello, las tensiones y contradicciones internas de la política y sociedad estadounidense, así como sus estrategias de proyectar externamente todo su potencial que lucha contra un declive hegemónico en varias esferas son cada vez más, elementos a tomar en cuenta para elaborar análisis prospectivos sobre cómo será el sistema internacional del futuro donde convergen China, Rusia y Estados Unidos.
Por ello, en América Latina, nos guste o no, el Crimen Organizado Trasnacional es el laboratorio de la guerra híbrida, un tema que hasta ahora se venía viendo como una hipótesis que si bien es tenida en cuenta por las fuerzas armadas, no es así por los políticos y la ciudadanía en general.
En ese sentido, cuando se habla de desestabilización se entiende que se parte de algo que es estable, de un orden, lo que nos deja la siguiente reflexión: ¿la guerra híbrida se lanza contra el orden establecido o estamos en un orden vulnerable afectado por las guerras híbridas?
¿Quiénes son las víctimas de la guerra híbrida? Y si la guerra híbrida está para quedarse, ¿cómo se combate? Y ¿cómo se dará respuesta precisamente a estos desafíos?
La guerra híbrida es una nueva forma de agresión que unos Estados emplean contra otros; esto es, que el lawfare es el método de aniquilamiento político y jurídico de oponentes y que si es empleado por un Estado contra líderes políticos de otros Estados puede dar lugar a la responsabilidad internacional del Estado que la emplea, esto de acuerdo con la doctrina de la responsabilidad internacional.
De esta forma, si un Estado o varios Estados emplean actores no estatales contra otro Estado o Estados, incurriría en responsabilidad internacional, de acuerdo a la doctrina de la debida diligencia, porque el cambio forzoso de gobiernos, esto es, la guerra híbrida, está prohibida en derecho internacional, la cual utiliza toda clase de medios y procedimientos, fuerza convencional o medios irregulares (insurgencia, terrorismo, migración, crimen común, narcotráfico, cibernética), se trata de un nuevo tipo de guerra que da por superada la guerra asimétrica (ejército regular contra fuerza insurgente) y que tiene la ventaja de que el agresor puede evitar que le atribuyan el ataque.
Las guerras híbridas representan, por lo tanto, una nueva forma de conflicto bélico que nos obliga a incorporarlo al análisis de los temas de seguridad y defensa.
El grupo de países conformado por la República Popular China, la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán, con la decisión de consolidar una alianza con componentes económicos, políticos y militares, vislumbra la posibilidad de romper con la unipolaridad y contrarrestar la hegemonía que mantiene actualmente Occidente, esto ha hecho saltar la alarma en Estados Unidos y en los países bajo su influencia.
Irán, por lo tanto, busca cooperar con países latinoamericanos mediante la firma de acuerdos económicos y de seguridad, con el fin de crear una red de relaciones diplomáticas y económicas para aminorar el golpe de las sanciones internacionales y oponerse a los intentos occidentales de restringir sus ambiciones, pero Estados Unidos tiene intereses políticos, económicos, de seguridad y de defensa vitales en el hemisferio occidental; en este sentido, los estadounidenses necesitan implementar, con una visión de integración global, una nueva estrategia de unidad para contrarrestar la creciente presencia y actividad hostil de Irán en el hemisferio occidental y para otros fines.
La política de Estados Unidos será utilizar una nueva estrategia integral a nivel gubernamental para contrarrestar a China, Rusia, Cuba, Venezuela e Irán, y la creciente presencia y actividad hostil del Crimen Organizado Transnacional en el hemisferio occidental y para ello, México, es un principal actor y un socio importante en esa nueva estrategia regional.
Frente a un nuevo escenario que puede venir como resultado de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos donde el ganador pueda ser Donald Trump, se puede advertir que el candidato republicano estaría trazando una inédita propuesta para poner fin a la guerra de Ucrania, cuya propuesta de paz ya ha generado inmediatas reacciones tanto en Estados Unidos como en Europa y Rusia, por que se basa principalmente en que, para lograr la paz, esta debe darse a cambio de que Ucrania reconozca sus pérdidas territoriales a manos de Rusia, concretamente Donbás y Crimea y comprometerse a que Ucrania jamás será miembro de la OTAN y este enfoque es bastante similar al del presidente ruso Vladímir Putin cuando insta a Ucrania a aceptar las nuevas realidades territoriales, lo que también supone una contrapropuesta frente a las prioridades del presidente Biden, que planea reelegirse y sostener la ayuda financiera y militar a Ucrania al tiempo de desconocer las anexiones territoriales rusas.
Mientras la atención global se enfocaba en la tensión militar entre Israel e Irán, la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó el 20 de abril de 2024 a favor de desbloquear 95,000 millones de dólares estadounidenses de ayuda comprometida para Ucrania, se espera que sea ratificado por el Senado, donde también se incluyó a Israel y a Taiwán en ese paquete de ayuda.
Tomando en cuenta que Rusia y Ucrania ya saben sobre la iniciativa de paz de Trump, podríamos inferir sobre las respectivas intenciones que se están gestionando para afinar estrategias ante las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2024 y así podemos observar que Rusia podría estar enviando un mensaje disuasivo a Biden, con la intención de persuadirlo de no enviar más ayuda a Ucrania, porque de seguir con esa estrategia, se abriría todavía más la posibilidad de mayores bajas militares y de civiles en este conflicto y ello implicaría la posibilidad de que Rusia esté intentando establecer canales indirectos de diálogo con los Estados Unidos y podemos inferir que estaría planchando una eventual negociación del conflicto ucraniano, en la que también participen aliados rusos como China.
Por parte de Ucrania, podemos ver que Zelenski, ya con declaraciones del 10 de abril de 2024, tiene la intención de invitar a Trump a Ucrania para discutir las propuestas de paz, lo que podría determinar la posibilidad de que se estén tejiendo canales indirectos de negociación, incluida la posibilidad de que Ucrania empiece a acceder si el escenario electoral le favorece al candidato republicano,
ya que de suceder esto con Trump en la presidencia de Estados Unidos, se dificultaría la resistencia ucraniana y en ese sentido se estaría viendo un posible pacto con un mal arreglo, que seguir apostando a un pleito prolongado cuyo futuro seria el triunfo ruso, toda vez que sin el apoyo estadounidense a Ucrania y a la OTAN por parte de Trump, continuar por la ruta de la guerra podría ser la derrota del todo y por lo tanto acordar desde ahora, podría ser la ruta cuyos daños colaterales sean los menos, ya que Donald Trump siempre ha mostrado reticencias y desacuerdos en cuanto a la ayuda financiera y militar a Ucrania, y así lo vimos durante su presidencia, y lo vemos en su actual campaña electoral, donde ha sido igualmente muy crítico con los compromisos con la OTAN. Tanto Zelenski como en algunos círculos políticos en Estados Unidos sospechan sobre un presunto desprecio de Trump por Ucrania, un enfoque diametralmente distinto al que tiene con respecto a Putin y Rusia, mucho más condescendiente e incluso, con tintes de cierta admiración; por ello, la posibilidad del retorno de Trump a la presidencia de los Estados Unidos es observada en Ucrania como un revés político y de lo perdido a lo recuperado, más aún, en un momento sumamente delicado para Zelenski, tanto en el frente militar como en cuanto a la consolidación de sus apoyos políticos exteriores e internos y de allí que el presidente ucraniano esté igualmente sopesando escenarios alternativos ante la posibilidad de una victoria electoral de Trump.
Visto en perspectiva geopolítica, particularmente tomando en cuenta las prioridades de política exterior durante su mandato trumpista 2017-2021, pareciera que Donald Trump quisiera seguir apostando por aplicar estrategias que refuercen las relaciones ruso-estadounidenses, porque el objetivo principal es enfocarse en una vieja prioridad de su política exterior, intentando alejar a Rusia de su alianza estratégica con China, que es el verdadero rival geopolítico estadounidense, toda vez de que desde que comenzó la guerra en Ucrania en febrero de 2022, este eje chino- ruso se ha fortalecido significativamente, alcanzando incluso alianzas de carácter militar y afirmando posiciones comunes sobre sus respectivas prioridades estratégicas en Ucrania, pero también en Taiwán, tal y como se observó con la reciente visita a Beijing donde China se ha convertido en el socio comercial más importante para Rusia.
Por otra parte, al observar cómo se encuentra actualmente el contexto bélico, vemos que Rusia se ha fortalecido con la ayuda de aliados como Corea del Norte, China e Irán, mientras su complejo militar-industrial se ha revitalizado con una notable eficiencia para nutrir logísticamente a las tropas en el frente. Putin ha llamado a filas entre 100,000 y 150,000 reservistas y mientras tanto, vemos que Ucrania tiene problemas para avanzar en el reclutamiento de efectivos militares a pesar del reciente decreto de Zelenski para atraer combatientes, por lo que este año 2024 ha confirmado un desequilibrio militar favorable a Rusia y el fracaso de la contraofensiva ucraniana, en virtud de que durante todo el año 2023 dejó a Zelenski y a sus fuerzas armadas exhaustos y cada vez más expuestos a su dependencia de la ayuda militar exterior, con escasa capacidad de retomar la iniciativa, pero también con altas divisiones internas derivado a que el pasado mes de febrero el relevo del General Valéry Zaluzhny, comandante en jefe de las fuerzas ucranianas y quien ganó prestigio por su capacidad para resistir la invasión rusa, dio a entender pugnas políticas de intereses dentro del gobierno de Zelenski y los mandos militares, así como divergencias en cuanto a la estrategia en el campo de batalla.
Europa, por su parte, más allá de las declaraciones oficiales para acelerar los envíos militares a Ucrania, observa cierta ralentización de la ayuda militar, por lo que ante ese escenario, lo que se puede advertir, ya con la capacidad rusa recuperada, que para el próximo verano, Putin ordene lanzar una ofensiva a gran escala, con la finalidad de ampliar sus posesiones territoriales
y debilitar aún más a Zelenski para así lograr en el hipotético y probable caso de que una vez que venga el triunfo electoral de Trump, se presione a Zelenski para acceder sí o sí, a la negociación propuesta por Trump.
De igual forma, el clima político y electoral en Bruselas tiene un gran impacto, toda vez que las elecciones al Parlamento europeo del 6 y 9 de junio son clave para suponer una especie de plebiscito para medir la consistencia del apoyo europeo a Ucrania y se ha especulado con un avance contundente de los partidos euroescépticos, antieuropeístas y populistas de extrema derecha en la configuración del nuevo Parlamento Europeo 2024-2029; y en ese sentido, se debe tener en el radar que varios de esos partidos son críticos con la ayuda a Ucrania; otros incluso son señalados por Bruselas de ser presuntamente prorrusos, una perspectiva que puede erosionar el actual enfoque existente dentro de las relaciones transatlánticas en caso de que el candidato Trump gane las elecciones de noviembre de 2024 y este cambio probablemente repercutirá en la adopción por parte del nuevo gobierno estadounidense de una estrategia diferente para Ucrania, una menos condescendiente que la que actualmente impulsa Biden y sus aliados europeos.
Ahora bien, el otro escenario en Medio Oriente, en el hipotético caso de que ganara Trump la presidencia y ante el primer ataque directo de Irán en abril pasado contra el territorio de Israel, se puede observar que podrá existir una mayor participación y apoyo a Binyamin Netanyahu, primer ministro de Israel y esto se puede inferir por las declaraciones del propio Donald Trump que ha dicho: «Dios bendiga al pueblo de Israel. Ahora mismo están siendo atacados. Es porque mostramos una gran debilidad» y aseveró que «la debilidad que hemos mostrado es increíble, y no habría ocurrido si estuviéramos al mando».
¿Qué pasó antes del ataque directo de Iran a Israel? En la histórica abstención de Estados Unidos del pasado 25 de marzo de 2024 en la votación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el organismo autorizó el Alto al Fuego en Gaza y este hecho es sorprendente porque es la primera vez que Estados Unidos no votaba a favor de Israel.
Luego vendría el ataque militar directo iraní del 13 de abril de 2024 a territorio israelita, así como la posterior respuesta militar de Israel, lo que supone un cruce de ofensivas sin precedentes y expone a Netanyahu a ciertas contrariedades para sus intereses e imagen exterior y el regreso de las protestas dentro de Israel, aspecto que ilustra igualmente el malestar ciudadano por el curso de las operaciones militares en Gaza y los movimientos estudiantiles en contra de la ocupación manifestados en diversas universalidades del mundo incluida la UNAM.
El peso geopolítico y militar de Irán a nivel regional le permite mantener capacidad de influencia desde Siria, Líbano y Palestina hasta Yemen y el Mar Rojo, por lo que de este modo el pulso entre Israel e Irán parece definir una nueva ecuación militar y geopolítica que podría intensificarse vía “Proxy battles” o “proxy wars” a través de las respectivas alianzas regionales en razón de que Irán y sus representantes y Estados Unidos e Israel con sus respectivos países socios han participado en un ciclo de ataques de ojo por ojo en toda la región, empezando con el ataque contra Israel, perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023, en el que, según cifras israelíes, murieron 1,200 personas, en su mayoría civiles y la toma de 253 personas como rehenes; luego vendría el ataque de Israel en Gaza en legitima defensa y después el bombardeo israelí al consulado iraní en Siria, cuyas represalias directas de Irán se manifestaron con un ataque iraní directo contra el territorio de Israel, al tiempo de amenazar con escalar el conflicto hasta convertirse en una guerra regional.
Por otra parte, los paramilitares iraquíes que operan como parte del «eje de resistencia» de Irán también han atacado a las fuerzas estadounidenses en Irak, que respondieron con sus propias represalias. Esto, y el creciente riesgo de una guerra más amplia, pone en peligro la relativa estabilidad que Irak ha disfrutado en los últimos años y el incipiente papel del país como mediador regional, ya que la influencia de Irán en Irak aumentó tras la invasión estadounidense de 2003 y la caída de Saddam Hussein, pero su relación está lejos de ser un simple acuerdo entre agente y apoderado, pues la influencia más fuerte de Irán se produce a través de la presencia de sus paramilitares en el aparato de seguridad de Irak, pero Irak también ha mostrado cierta independencia política de su vecino y mantiene influencia financiera sobre Irán.
Por su parte, los europeos pueden ayudar a aumentar la autonomía de Irak, sobre todo en el sector económico, ya que deberían fortalecer sus instituciones financieras a través de la integración global y la digitalización y los países europeos, también pueden trabajar junto a los Estados del Golfo para ampliar sus vínculos con Irak, incluso, en materia de inversión extranjera y un cambio desde un marco de desarrollo o ayuda humanitaria hacia vínculos bilaterales normales.
Sin embargo, para que cualquier política europea tenga éxito en Irak, debe diseñarse dentro de un marco más amplio para poner fin a la guerra en Gaza y resolver el conflicto palestino-israelí, pero, con la probable llegada de Trump a la Casa Blanca, más que resolverse el conflicto, se puede pronosticar un gran a poyo estadunidense a Netanyahu y la peligrosa escalada en todo Medio Oriente.
Es evidente que ni el gobierno iraquí ni su población quieren ser parte de una confrontación entre Estados Unidos e Irán en su territorio, o enfrentar un conflicto regional más amplio. Pero también han apoyado consistentemente la causa palestina y se oponen firmemente a las acciones de Israel en Gaza, lo que presenta desafíos significativos para el gobierno de Irak a la hora de calibrar su respuesta a los actores deshonestos vinculados a Irán internamente y el apoyo de Estados Unidos a la guerra de Israel externamente.
La influencia de Irán en Irak sigue siendo fuerte; particularmente en la esfera de la seguridad, en la que algunos grupos armados se han institucionalizado en el Estado, pero en los últimos 20 años los gobiernos de Irak se han vuelto más asertivos y seguros de sí mismos en sus tratos con Irán.
Esta creciente madurez política, la posición de Irak como puerta de entrada económica a Irán y su papel como mediador entre Irán y los Estados del Golfo han aumentado aún más la influencia de Irak, especialmente bajo el gobierno de Sudán y su predecesor Mustafa al-Kadhimi.
En ese sentido, la guerra en Gaza es fundamental para el ciclo de escalada y está alimentando un conflicto más amplio, por lo que esta inestabilidad está abriendo espacio para que los actores de línea dura en Irak alineen más plenamente a Bagdad con los intereses de seguridad iraníes y por lo tanto Estados Unidos y los europeos necesitarán apoyar a facciones más moderadas en el gobierno iraquí para aumentar su capacidad de mitigar las peores tendencias de los grupos respaldados por Irán, ya que estos moderados, centrados en Sudán, priorizan los intereses y la estabilidad iraquíes, por encima de todo y esto se alinea con el interés estadounidense y europeo de ver un Estado iraquí soberano y competente, que pueda evitar que el país caiga en un nuevo conflicto, lo que alimentará desafíos más amplios en materia de seguridad, terrorismo y migración para Estados Unidos, Europa y los países latinoamericanos, como ha sido el caso durante mucho tiempo.
El papel de Irak como plataforma para el conflicto entre Estados Unidos e Irán es anterior a la guerra de Gaza, en al menos tres décadas. Irak se ha encontrado a menudo en el punto de mira de esta rivalidad, que va desde la competencia mundana por la influencia política y económica hasta la confrontación militar directa.
Estados Unidos apoyó a Irak en la larga guerra de este último con Irán de 1980 a 1988, mientras que la invasión estadounidense de Irak en 2003 colocó a Estados Unidos cada vez más cerca de las fronteras de Irán. Hoy en día, 2,500 soldados estadounidenses permanecen en Irak, por lo que los paramilitares respaldados por Irán que los atacan no es un fenómeno nuevo.
En el pasado gobierno de Donald Trump, Estados Unidos también ha utilizado Irak como teatro para confrontar militarmente a Irán, en particular con el asesinato en el año 2020 de Qassem Suleimani, entonces comandante de la Fuerza Quds del IRGC, su ala paramilitar y de inteligencia extranjera.
Philip Gordon, quien fue coordinador de la Casa Blanca para Medio Oriente y el golfo Pérsico durante el gobierno de Barack Obama, describió la muerte de Soleimani a manos de Estados Unidos como poco menos que una «declaración de guerra» por parte de los estadounidenses hacia Irán. Sin embargo; Trump, en aquellos años, negó esa interpretación y dijo que «actuamos anoche para detener una guerra. No actuamos para iniciar una guerra». Pese a sus palabras, para rebajar la tensión, Trump avisó de que está «preparado para tomar cualquier acción que sea necesaria», lo que debe ponerse en el radar, una vez que en el hipotético caso llegara a ganar las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2024, toda vez, que los vínculos de Irak con otros estados del Medio Oriente también se ven afectados por la rivalidad entre Estados Unidos e Irán.
Este es particularmente el caso de los Estados del Golfo y especialmente de Arabia Saudita que al menos hasta hace poco adoptó una posición hostil hacia Irak tras la invasión estadounidense de 2003; los Estados del Golfo se negaron efectivamente a colaborar con Irak y esto se debió a la identidad predominantemente chiita de la nueva elite gobernante de Irak, lo que contribuyó a una percepción en los estados del Golfo de dominación iraní sobre Irak y si bien los sucesivos primeros ministros iraquíes intentaron desarrollar vínculos con Arabia Saudita y otros Estados del Golfo, particularmente con la esperanza de consolidar ganancias económicas, esto a menudo fracasó ante hostilidades regionales más amplias.
Con independencia de las malas relaciones entre Biden y Netanyahu por los efectos humanitarios de la guerra en Gaza, la ofensiva iraní demuestra que sigue siendo inalterable esa relación estratégica entre los estadounidenses e Israel, no obstante, la actual administración de Biden está igualmente preocupada por las consecuencias que el actual panorama bélico internacional en Ucrania, Gaza e Irán, puedan generar dentro de la contienda electoral estadounidense de noviembre próximo, y las consecuencias que pudiera tener la probabilidad de que ganara Trump nuevamente los comisos.
Ahora Joe Biden enfrenta varios dilemas; al mostrar oficialmente su irrestricto apoyo militar a Ucrania, pide, al mismo tiempo, contención a Israel para evitar la escalada regional del conflicto con Irán y sus consecuentes distorsiones para la economía global, especialmente en materia energética, toda vez que tras el ataque israelí sobre Irán, los precios del petróleo subieron hasta bordear los 90 dólares estadounidenses por barril, incrementándose igualmente el precio del oro en los mercados internacionales.
Luego entonces, Biden se juega la reelección presidencial con dos frentes de guerra abiertos en Ucrania y Gaza y otro en posible desarrollo que sería Israel-Irán, en las que los intereses estadounidenses se han visto contrariados ante el avance electoral de Donald Trump y su posible retorno a la Casa Blanca, lo que abre la posibilidad de imprimir un giro de los intereses exteriores de Biden, especialmente en el caso ucraniano y de los compromisos con la OTAN, por lo que la perpetuación de estas dos guerras abiertas e inconclusas que generan una mezcla de impopularidad e indiferencia en un electorado estadounidense visiblemente polarizado, explica la premura de Biden por ralentizar sus efectos vía alto al fuego en Gaza, pero sin tener certeza sobre lo que puede suceder en el frente ucraniano y al mismo tiempo la administración Biden observa también cómo China mueve sus piezas en el terreno diplomático, toda vez que el gobierno chino vuelve a tomar la iniciativa como actor capacitado para propiciar un diálogo entre Rusia y Ucrania, que eventualmente implique un alto al fuego o una tregua, lo que podría hacer que China también este pulsando la tecla diplomática en Gaza, con la visita a Israel y Palestina de un alto emisario del gobierno de Xi Jinping.
Derivado de lo anterior, Biden simplemente no puede escapar de los compromisos geopolíticos con dos aliados estratégicos como Ucrania e Israel, en donde Irán también juega sus cartas, ya que ha sido un prolífico aliado de Rusia en Ucrania enviando, principalmente, drones al Ejército ruso para sus operaciones militares en el frente.
Por lo tanto, Estados Unidos deberá reforzar aún más su alianza con Israel e intenta apretar la tenaza regional contra Irán, obligándole a concentrar su atención en cómo será la respuesta israelí, lo que en el fondo, este escenario implicaría igualmente la intención de los Estados Unidos e Israel de neutralizar la cooperación militar entre Irán y Rusia.
En ese sentido, no debemos dejar de observar a Netanyahu, que también juega sus cartas en las elecciones estadounidenses, observando atentamente la posibilidad del retorno de Trump a la Casa Blanca, que sin lugar a duda es y será un aliado irrestricto y para ello, por eso, el primer ministro israelí busca prolongar la guerra de Gaza y las tensiones con Irán.
Entre los ganadores y perdedores de estos conflictos, co, al igual que varios países del mundo, se encuentra recibiendo los efectos, porque a pesar de que son conflictos militares regionales, las consecuencias colaterales son delicadas, porque finalmente, en estos conflictos, todos perdemos, ya que además de aumentar las posibilidades de que un conflicto mundial, puede surgir de manera abierta, la posición geográfica de Irán donde se unen los caminos de Medio Oriente y Asia y hacen que el precio del petróleo se altere, porque se encuentra justo enfrente de Arabia Saudita y el estrecho de Hormuz y todo esto al final nos afecta a todos, aunque pensemos que lo que ocurre en Medio Oriente y Asia o en Europa nos queda muy lejos y lógicamente esto también beneficia a Putin, porque la tensión en Medio Oriente es un hecho que mantiene al mundo distraído de lo que ahora ocurre en Ucrania y eso de alguna manera le ayuda a los rusos, que después del atentado en Moscú ahora ha fortalecido su tropas e intenta impulsar cada vez sus ataques a Ucrania, lo que afectaría indudablemente la economía, la migración y otros sectores como el energético a nivel mundial.
Son las presiones inflacionarias, la volatilidad financiera y el nearshoring los tres efectos económicos que han dejado sobre las economías emergentes estos conflictos bélicos internacionales, en virtud de que se suma más presión en la oferta mundial de productos que de por sí enfrentaban el efecto de un exceso de liquidez a causa de los estímulo fiscales y monetarios que dieron los bancos centrales para transitar la pandemia y acelerar la recuperación.
La consecuencia de esta escalada mundial de precios hizo que los bancos centrales tuvieron que ajustar rápidamente sus posiciones para tratar de frenar el impacto inflacionario, levantando una coraza de tasas altas de interés que encarecieron el fondeo para los emisores emergentes y hoy ni los participantes del mercado, ni los mismos bancos centrales, atisban las señales que les permitan identificar con precisión cuál sería la tasa terminal del ciclo alcista, ni cuánto tiempo se quedarían en ese nivel.
Por lo que una mayor inflación, más una menor producción manufacturera y una política monetaria más restrictiva, dan como resultado que se esté deteniendo el impulso al crecimiento económico, por lo que indudablemente el efecto dominó de estas guerras, amenazan gravemente el delicado acto de equilibrio mundial y por lo tanto, impacta a México y a Latinoamérica en todo su entorno y en formas muy peligrosas, lo que obliga a todos los países que integran las Naciones Unidas, a diseñar y analizar toda esta gran complejidad, para identificar las áreas en las que su apoyo podría ser más efectivo hacia una nueva ruta o un camino que permita una paz duradera global y que logre el desarrollo de todos, con un nuevo rumbo, certidumbre y destino.
Se puede hacer el juego a Irán, Rusia y China adoptando una postura punitiva y distante, o se pueden promover los esfuerzos para forjar nuevas estrategias de paz, independientemente de quien pueda ser el ganador en las próximas elecciones estadounidenses este próximo noviembre de 2024.





