Impunidad imperial

Impunidad imperial

Los juicios contra el expresidente Donald Trump tienen el único sentido oportunista de bloquear su posible candidatura republicana a la presidencia y evitar su regreso a la Casa Blanca, después de que se suponía que la derrota de 2020 había sido su jubilación.

Sin embargo, el caso Trump podría estar enviando mensajes sobre efectos políticos en la configuración imperial de la Casa Blanca. Cuando el presidente Nixon justificó sus decisiones extrajudiciales para acallar las revelaciones de Watergate, su argumentación se basó en la inmunidad del presidente de Estados Unidos, similar al principio de infalibilidad del Papa como jefe de la Iglesia católica. El propio Nixon se lo confesó al periodista David Frost: todo lo que hace el presidente es legal por definición, aun siendo ilegal,

Nixon había sido juzgado por un fiscal especial y decidió renunciar antes que ceder la inmunidad del poder en el caso Watergate. El asunto clave no estuvo en Watergate, sino a la inmunidad en modo de impunidad que posee el presidente de Estados Unidos en decisiones que tienen que ver con la existencia misma del país: Watergate le estaba reduciendo el poder del presidente.

Donald Trump está siendo juzgado por su presunto papel en el asalto al capitolio el 6 de enero de 2021, cuando grupos radicales de la derecha irrumpieron En la sede del Poder Ejecutivo y símbolo de la democracia para impedir la calificación de las elecciones presidenciales y con ello bloquear la toma de posesión, el 20 de enero, de Biden.

Lo que se debate, pues, es la impunidad que tiene el presidente de Estados Unidos para tomar decisiones radicales que involucran el dominio imperial dentro y fuera de Estados Unidos; si jueces imputan a Trump, entonces cualquier presidente de Estados Unidos habrá perdido el poder absoluto para decidir cuestiones que tienen que ver con la violación de derechos humanos o con declaraciones arbitrarias de guerra o con el destino de países y sociedades que se atrevan a violentar la hegemonía de la Casa Blanca.

En este contexto, el mundo debe mirar con mucho interés la decisión que se tome en torno a Donald Trump, porque el asunto no tiene que ver con la reelección por otros cuatro años, sino con la inmunidad que es el eje central del poder imperial de Estados Unidos, inclusive porque ese enfoque de superioridad se encuentra en la decisión del Gobierno estadounidense para no reconocer la vigencia del tribunal de Justicia de La Haya, donde se juzgan los abusos de poder de los gobernantes.

Una sentencia contra Trump podría liquidar al imperio estadounidense.

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