En múltiples coyunturas, los grupos delictivos en México han sido considerados como un caso de insurgencia criminal.
El presente artículo propone que es un error epistemológico –uno que potencialmente repercute en política pública– considerar a la delincuencia organizada en México como una expresión de narco-insurgencia.
Para argumentar lo anterior, se ofrecen brevemente tres consideraciones para el análisis, a saber: el crimen organizado como ente polimórfico, la motivación y el proyecto políticos.
Para abordar la discusión, conviene primero partir de un marco conceptual de la insurgencia.
Por ello, se utiliza el manual FM 3-24 sobre Contrainsurgencia, del Ejército de los Estados Unidos y Cuerpo de Marines, según el cual la insurgencia es: “…un movimiento organizado, encaminado a derrocar un gobierno constituido mediante el uso de la subversión y el conflicto armado […] Es una lucha político-militar diseñada para debilitar el control y la legitimidad de un gobierno establecido”.
Una vez definido el fenómeno insurgente, a continuación, se desarrollan las consideraciones arriba señaladas.
CRIMEN COMO ENTE POLIMÓRFICO
Aunque el manual FM 3-24 se consolidó como uno de los productos más sofisticados y completos en la materia (ver: Heuser, 2007), una de las principales críticas que se le ha hecho al manual es su poca adaptabilidad institucional, en tanto que considera a la contrainsurgencia el resultado de una unicidad táctica (Gentile, 2007) –específicamente el “clear, hold and build” (ver: Ucko 2013)–, y no de la unicidad de una situación en donde factores sociales, políticos, económicos o geopolíticos impactan en la recurrencia, la intensidad y el carácter del conflicto.

Al respecto, es importante resaltar que el crimen organizado en México no es un monolito, motivo por el cual la respuesta del Estado tendría que adaptarse en función de la organización delictiva –máxime cuando el paisaje del submundo criminal se ha volcado hacia lo local–, y responder a aspectos como: su relación con la población, con las autoridades del Estado, con otras organizaciones delictivas, y otros actores que conforman el paisaje sociopolítico –e.g. empresas, sindicatos, medios de comunicación, u organizaciones civiles.
MOTIVACIÓN POLÍTICA
Mientras que el propósito de la insurgencia es subvertir violentamente un sistema político, la interacción de las organizaciones criminales con ese sistema es más diversa, ya que busca influenciar, cooptar o coercer al gobierno.
Mientras que la insurgencia no ve otro horizonte más que revolucionar el sistema político en su conjunto, la delincuencia organizada se vale de las deficiencias de éste para prosperar, ya sea mediante la cooptación, alianza o coerción de los actores políticos.
Por lo anterior, aunque sea un giro analítico sutil, sería más útil enfocarnos en las implicaciones políticas que los grupos delictivos pretenden generar con el uso de la violencia, por ejemplo: la movilización social, disuadir al gobierno de futuras acciones, comunicar un mensaje a grupos delictivos rivales (Carbajal, 2022).
PROYECTO POLÍTICO
A diferencia de la insurgencia, las organizaciones delictivas carecen de un proyecto político, probablemente por su orientación originalmente económica.
Si bien es cierto que se han llegado a establecer instituciones informales entre las organizaciones delictivas y la población –por ejemplo, la extorsión a cambio de seguridad o esquemas de solución de controversias e impartición de justicia–, las bandas criminales han demostrado una incapacidad para implementar y administrar ordenes políticos complejos y sostenibles en el tiempo que vayan más allá de la depredación y la brutalidad.
Un ejemplo paradigmático es el caso de los Caballeros Templarios en Michoacán, y cuyo comportamiento dio origen al movimiento de las autodefensas.
En sentido opuesto, las comunidades zapatistas en el estado de Chiapas han encontrado formas de autogobierno que sugieren la existencia de un proyecto de largo plazo.
A manera de conclusión, puede ser que existan características compartidas entre la delincuencia organizada y la insurgencia.
No obstante, analizar el crimen organizado en México como un caso de insurgencia podría acarrear errores de juicio, no sólo a nivel conceptual, sino para el diseño e implementación de políticas públicas.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Carbajal, F. (2022). Violencia en México: otra vez la insurgencia criminal. El Sol de México. Disponible en: https://www.elsoldemexico.com.mx/analisis/violencia- en-mexico-otra-vez-la-insurgencia- criminal-8794635.html
Gentile, G.P. (2009). A Strategy of Tactics: Population-centric COIN and the Army. Parameters, 39(3), 5-17. Heuser, B. (2007). The Cultural Revolution in Counter-Insurgency. Journal of Strategic Studies, 30(1), 153-171.
Ucko, D.H. (2013). Beyond Clear-Hold-Build: Rethinking Local- Level Counterinsurgency after Afghanistan. Contemporary Security Policy, 34(3), 526-551.
US Army and Marine Corps. (2006). FM 3-24, Counterinsurgency. Department of Defense: Washington, DC.





