José María Morelos y Pavón: El apresamiento y muerte del Siervo de la Nación

José María Morelos y Pavón: El apresamiento y muerte del Siervo de la Nación

El 22 de diciembre de 1815, fue fusilado en el pueblo de San Cristóbal Ecatepec, actual Estado de México, luego de más de cuatro años de campaña, considerada el auge del movimiento de la Independencia de México, cuyo legado más importante fue la redacción de la Constitución de Apatzingán y los Sentimientos de la Nación, donde cimentó la base ideológica para la formación de un nuevo país tras conseguir el rompimiento definitivo con la Corona Española.

El 14 de septiembre de 1813, Morelos presentó ante el Congreso de Chilpancingo, los Sentimientos de la Nación donde plasmó de manera brillante su proyecto para una nueva Nación, que nunca pudo ver cristalizado.

El declive de la campaña militar de Morelos

Durante su última campaña militar, Morelos convino con los integrantes del Congreso de Apatzingán un traslado a la ciudad de Tehuacán, Puebla por motivos de seguridad.

Sin embargo, se trató de un camino penoso a través de la sierra de Michoacán y Guerrero.

José María Morelos y Pavón: El apresamiento y muerte del Siervo de la Nación

La mañana del 5 de noviembre de 1815, las tropas del teniente coronel Manuel de la Concha descubrieron a la comitiva y los cercaron en el poblado de Temalaca.

Para permitir el escape de la estructura política del Congreso del Anáhuac, Morelos decidió enfrentar a los realistas, con un saldo estimado de 300 hombres muertos, 30 prisioneros.

De la Concha desistió de perseguir a los congresistas pues consideró que Morelos era el alma del Congreso y sin él el movimiento insurgente estaría condenado a desaparecer.

Por este hecho, De la Concha obtuvo un ascenso al grado de coronel. En ese punto de la guerra de independencia, Morelos ya había perdido a sus dos principales brazos militares: Mariano Matamoros, fusilado en Valladolid el 3 de febrero de 1814 y Hermenegildo Galeana, muerto en combate en Coyuca el 27 de junio de ese mismo año.

Una vez capturado fue trasladado a la ciudad de México, donde se le imputaron infinidad de cargos por parte del gobierno virreinal, que se engloban en tres categorías principales: “hereje, deísta (una persona que cree en Dios, pero está insatisfecho con los preceptos de la religión) y traidor de lesa majestad”.

Fue juzgado por el Tribunal del Santo Oficio, que lo encontró culpable y lo despojó de su condición de sacerdote.

Posteriormente se le realizaron otros dos procesos civiles, donde, de manera ignominiosa se le condenó a muerte como traidor a la Patria.

El 22 de diciembre de 1815, el virrey ordenó su ejecución fuera de la capital del país, por lo que fue trasladado al poblado de San Cristóbal Ecatepec, donde fue fusilado el día 22 de diciembre, acusado de traición al Rey y por orden del virrey, Félix María Calleja.

Durante su traslado, Morelos visitó la Basílica de Guadalupe, como su última voluntad.

Su cuerpo, originalmente fue sepultado en el camposanto de la parroquia de la localidad.

De acuerdo con el historiador, José Manuel Villalpando, el cuerpo de Morelos no fue vejado, como el de otros líderes insurgentes.

Una vez que fue ejecutado, gracias a la intercesión de la virreina, María Francisca de la Gándara y Cardona, quien era mexicana de nacimiento y admiradora de la labor militar del líder insurgente, fue sepultado sin que se le cortara la cabeza.

Sin embargo, el historiador refiere que durante el proceso y en busca de salvar su alma y evitar la excomunión, Morelos reveló información fundamental sobre el resto de sus subalternos insurgentes, quienes al poco tiempo fueron apresados o dispersados, terminando, prácticamente, con el movimiento insurgente.

Solo resistieron Vicente Guerrero, en un reducto aislado en la sierra de Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria en el sur, así como Pedro Moreno y el padre Torres en el Centro.

Sin embargo, estos grupos ya no tenían coordinación entre sí y cambiaron su táctica militar a la guerrilla.

Además, el Congreso de Anáhuac se disolvió. El ejército realista se dedicó en los siguientes años a intentar pacificar el país definitivamente, hasta que se dieron cuenta que no podían ingresar a la sierra para aprender a Guerrero, incluso con su militar más osado, Agustín de Iturbide, quien finalmente encontró las condiciones para negociar con el bando insurgente e iniciar el proceso definitivo para concretar la Independencia de México.

Iturbide se convirtió entonces en el libertador de México, luego de gestionar la firma de los Tratados de Córdoba, con la formación del Ejército Trigarante, que finalmente entró triunfante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.

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