A partir del criterio unidireccional de que los culpables son los otros, el Gobierno de Estados Unidos al comenzar la tercera semana de junio dio un paso agresivo para colocar al Cártel Jalisco Nueva Generación de México en el centro del problema del narcotráfico en territorio americano.
En realidad, nadie puede negar que el Cártel Jalisco –que nació como el grupo de Los Mata Zetas, una organización más de criminales que de tráfico de drogas– es el principal problema de narcotráfico en México, sobre todo porque su expansión hacia las 32 entidades de la República se ha hecho a sangre y fuego y atropellando a las autoridades locales y federales.
La decisión anunciada por el Departamento del Tesoro tuvo dos elementos que deben preocupar al gobierno mexicano: avisar intervencionismo hasta ahora confrontativo en México para tratar de desmantelar las redes de poder del Cártel de las cuatro letras y justificar su decisión con criterios que ya se había anunciado oficialmente pero que ahora se podría poner en práctica: la caracterización del Cártel Jalisco como un grupo terrorista que atenta contra la estabilidad de Estados Unidos.
La fuente de inteligencia del Tesoro han sido las evaluaciones de la DEA prácticamente desde 2005 a la fecha y su seguimiento a los cárteles mexicanos que paulatinamente comenzaron a instalar pequeñas oficinas dentro de Estados Unidos para recibir el contrabando de droga y distribuirlo en los 50 estados de la Unión americana y en más de 3000 ciudades como venta al menudeo. El gobierno mexicano que tuvo acceso a las evaluaciones de la DEA porque no son secretas sino circulan en las redes sociales, pero no realizó ningún movimiento de respuesta para neutralizar esa información y evitar que se fuera acumulando en los últimos 20 años. De tanto gritar ahí viene el lobo, el lobo ya llegó a México y desestabilizará el precario equilibrio de no atacar al cártel Jalisco para no recibir violencia de respuesta.
Hasta donde se tienen datos, el Gobierno de Estados Unidos no buscó ningún entendimiento con México sino que lanzó su decisión en Washington basado en los dos criterios de extraterritorialidad –organismos criminales transnacionales y terroristas– que le conceden autonomía para intervenir en otros países.
Sin embargo, ninguna de las acciones contra los cárteles mexicanos en México ha tenido acciones correlativas dentro de Estados Unidos donde los grupos del narco operan como Pedro por su casa y menos ha hecho algo para disminuir la demanda de droga de los millones de adictos estadounidenses que adquieren y consumen la droga mexicana.





