La noche del 13 de mayo de 1942, un submarino nazi atacó y hundió al buque petrolero Potrero del Llano, que navegaba por las costas de Florida, matando también a cinco marinos. Esta noticia provocó una conmoción en la sociedad mexicana, pues cambió la postura neutral que mantuvo México desde 1939, respecto a la Segunda Guerra Mundial.
Como respuesta, el gobierno del presidente Manuel Ávila Camacho, envió una enérgica protesta a las naciones que conformaron el Eje Berlín-Roma-Tokio a través de la diplomacia sueca, ya que apenas unos meses antes, el gobierno mexicano había roto relaciones con Alemania, Italia y Japón. En su protesta, México exigía una inmediata reparación de los daños o de lo contrario respondería y estableció como fecha límite el 21 de mayo de 1942.
La respuesta nazi fue otro ataque submarino, ahora al buque petrolero Faja de Oro, que también terminó en el fondo del mar. El 22 de mayo se confirmó el ataque al Faja de Oro 48 horas antes.
En los siguientes días, trascendió que Adolf Hitler se rehusó a recibir la nota de protesta del gobierno mexicano y los gobiernos de Italia y Japón tampoco contestaron.

A la protesta se sumaron diversos sectores de la política y la sociedad en México: sindicatos, partidos políticos y el gabinete, así como la izquierda, en voz de Vicente Lombardo Toledano, quien argumentó que el país no podía mantenerse al margen de la lucha armada. También se unió a esta voz el sector obrero aglutinado alrededor del partido oficial desde el gobierno de Lázaro Cárdenas.
En respuesta, el general Ávila Camacho creó la Región Militar del Pacífico, bajo un único mando las zonas militares y navales a lo largo del litoral del Pacífico, además de nombrar al propio general Cárdenas como comandante, logrando disuadir cualquier intento estadounidense de ocupar el territorio mexicano.
Posteriormente, el presidente dio un mensaje a la nación donde explicó que: “la contribución mexicana se daría en el terreno económico; la batalla en el frente de la producción”.
Por la tarde del día 22, el presidente reunió a su gabinete para discutir nuevamente la posición del país, pues había cambiado de opinión y deseaba entrar a la guerra. Horas después se citó a sesiones extraordinarias al Congreso de la Unión para facultar al presidente a declarar la guerra a los países del Eje. México entraría a la Segunda Guerra Mundial.
¿Por qué los nazis atacaron los barcos petroleros mexicanos?
Desde marzo de 1942 el régimen nazi exigió al gobierno mexicano que mantuviera su postura neutral y que dejara de enviar petróleo mexicano a las refinerías estadounidenses. Además, estos buques habían sido incautados a los alemanes una vez que comenzó el conflicto en 1939.
Por su parte, el gobierno de Estados Unidos presionaba para que México ingresara al conflicto, ya que tenía temores de que México fuera utilizado para recibir a la quinta columna nazi-fascista.
Hasta ese punto, la sociedad mexicana era renuente a ingresar al conflicto. El semanario Tiempo realizó una encuesta que arrojó que 40% de los encuestados deseaba la guerra contra un 59.3% que se oponía. Además, había mucha desconfianza por apoyar a Estados Unidos en el conflicto.

Los detalles de la declaración de guerra de México a las potencias del Eje
Una vez que el gobierno de Ávila Camacho declaró la guerra, tejió una estrategia diplomática para participar, debido a que el Ejército no contaba con equipo suficiente para convertirse en una amenaza. Para ello, se inició una campaña nacionalista, cuyo punto más importante ocurrió el 24 de mayo cuando se realizaron los funerales de Rodolfo Chacón, maquinista del Potrero del Llano.
La declaración de guerra se hizo formal la noche del 1 de junio de 1942. México definió el conflicto como “una guerra total, en la que el ejército mexicano estaría dedicado de la defensa del territorio nacional” mientras que a la población se le pidió luchar desde sus propias trincheras para realizar una ‘gran batalla de la producción’.
Así, el gobierno de Ávila Camacho solo envió al frente de batalla al Escuadrón 201, compuesto de 300 hombres que entraron en combate hasta marzo de 1945 en Filipinas, donde fueron reconocidos por su heroísmo y pericia. Además, evitaron que las tropas tuvieran que enfrentarse a lo más cruento de la guerra en Europa y solo llegaron al final de los combates en el Pacífico.





