En 2018, Ricardo Sodi-Cuellar emprendió una obra titánica para recopilar en un solo libro los momentos más importantes en la historia de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), con motivo de su centenario, conmemorado tres años antes, hasta convertirse en uno de los pilares de las fuerzas armadas. Su título: La Fuerza Aérea Mexicana en la defensa del Estado.
Esta obra, publicada de manera conjunta por Editorial Porrúa y la Universidad Anáhuac, incluye además el análisis de varios expertos en seguridad nacional y aeronáutica, quienes analizan y comparten sus ideas y reflexiones sobre sus 100 años de historia.
“La Fuerza Aérea Mexicana no sólo es un referente fundamental en el devenir de los acontecimientos sociales, políticos y culturales que confluyeron para dar forma a lo que hoy es nuestra gran Nación”, señala el autor en la presentación de la obra y añade: “También es pieza clave en la construcción del México moderno en el que todos anhelamos vivir”.
La obra detalla las etapas sobresalientes de la aviación militar en México, incluyendo los grandes vuelos y sus protagonistas, así como un análisis comparado de la aviación militar y finalmente, los retos y perspectivas de la Fuerza Aérea Mexicana en el siglo XXI, aplicando los valores de la institución: “honor, valor y lealtad” para surcar el espacio aéreo nacional.
Los orígenes y la evolución de la Fuerza Aérea Mexicana
En un México convulsionado por cuatro años de guerra, surgió la Fuerza Aérea Mexicana, en 1915, por iniciativa del jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, quien tuvo la visión de aprovechar la importancia de la incipiente tecnología aérea para participar en acciones militares. Por ello, en febrero de 1915 firmó el decreto mediante el cual se crea la entonces arma de Aviación Militar, el primer antecedente de la FAM.
En aquel tiempo, lo que hoy es una industria que ha permitido acortar todas las distancias y comprender al mundo de una manera distinta, por su capacidad de acortar distancias y observar al mundo como un mapa preciso, era entonces un espectáculo para la gente, que se maravillaba al ver a los primeros seres humanos desafiar a la gravedad y transportarse por el aire.
Entonces eran comunes los espectáculos aéreos con aviones que apenas podrían elevarse unos minutos y hacer algunas piruetas o bien los globos aerostáticos que permitían elevarse lentamente para observar un panorama que difícilmente el ser humano había visto.
La iniciativa de Carranza permitió que los primeros expertos mexicanos en aeronáutica extendieron sus conocimientos en el manejo de estos nuevos sistemas de transporte y viajaran a Europa para estudiar las tecnologías más avanzadas de la época. Mientras que otros expertos como Juan Guillermo Villasana López y Eduardo Aldasoro Suárez, ya realizaban las primeras pruebas para volar utilizando motores de automóvil y estructuras de madera y metal.
Estos pioneros, normalmente con conocimientos empíricos o muy básicos, debieron generar conocimiento sobre diseño, aerodinámica, peso, balance y propulsión de algún mecanismo para fabricar un vehículo que fuera capaz de mantener en vuelo a un aparato más pesado que el aire.
Los inicios de la aeronáutica en México
El primer vuelo registrado en México ocurrió en 1910 y estuvo a cargo de Alberto Braniff, mexicano, considerado el primer aviador en Hispanoamérica. El viaje ocurrió el 8 enero 1910 en Balbuena, donde actualmente se encuentra el Aeropuerto de la Ciudad, a bordo de un avión biplaza Voisin.
El 30 de noviembre de 1911, se elevó el presidente Francisco I. Madero, quien confirmó la importancia de promover la utilidad de la aeronáutica, tanto en actividades civiles como militares. Para el año siguiente, autorizó que cinco oficiales mexicanos estudiaran la carrera de piloto aviador en EEUU.
Por ello, es que a partir de este momento comenzó el uso de aviones para realizar reconocimientos aéreos e incluso algunos bombardeos en la Revolución. De hecho, el 14 de abril de 1914 el capitán 1/o. Piloto Aviador Gustavo Adolfo Salinas y el mecánico naval Teodoro Madariaga, realizaron el primer bombardeo aeronaval en el mundo en Topolobampo, Sonora.
Con el decreto del presidente Carranza en 1915, el primer mando del arma de Aviación Militar fue el mayor de Estado Mayor Alberto Leopoldo Salinas, quien causó baja del arma de Caballería y se volvió el primer piloto aviador el primero en la historia de las fuerzas armadas mexicanas.





