La furia de Israel sobre Gaza

La furia de Israel sobre Gaza

El Estado de Israel continúa tambaleándose más de 130 días después desde que, el 7 de octubre de 2023, el grupo político y paramilitar Hamás atacase sus cimientos. Aquel fallo de la inteligencia israelí se ha cobrado la vida de más de 1.200 personas, ha dañado la percepción de seguridad cuasi inviolable del país, ha restado credibilidad y apoyo al primer ministro Benjamin Netanyahu interna y externamente, y ha mantenido en vilo a la comunidad internacional.

Esa comunidad internacional sabía que Israel debía y podía responder. Estados Unidos y otros aliados no dudaron en mostrar su apoyo desplegando elementos de defensa en la región; al tiempo que países como Qatar y Egipto se lanzaban a negociar entre las partes para evitar una escalada del conflicto. Todos ellos piden ahora contención, incapaces de frenar lo que comenzó como una contraofensiva justificada, pero que ha derivado en una masacre insoportable que ocupa nuestras pantallas y portadas. Desde las altas esferas israelíes no están dispuestos a rebajar la intensidad de sus embestidas, temerosos de un nuevo ataque desde los territorios palestinos. Con claridad meridiana han afirmado que no se conformarán con menos que la aniquilación total de Hamás, percibido como una amenaza existencial.

No podemos permitirnos hacer caso omiso a lo que está ocurriendo en Gaza. Tampoco obviar los principios del derecho internacional humanitario que deberían prevalecer en cualquier operación militar. Así lo ha dejado claro la Organización de Naciones Unidas y su secretario general, Antonio Guterres. El mundo entero tiene los ojos puestos en Oriente Próximo, pero la masacre no cesa. El peligro de que la guerra en Gaza escale al nivel regional crece por momentos, y el secretario de Estado de los Estados Unidos, Anthony Blinken, la ha descrito como la mayor escalada de tensiones desde 1973, cuando los países árabes de Egipto y Siria iniciaron contra su vecino judío la guerra de Yom Kippur. Los esfuerzos de mediación de Estados Unidos, Qatar o Egipto corren el riesgo de agotarse antes de dar los resultados deseados — inclusive en lo que respecta a la liberación de unos rehenes que dan poder de negociación a Hamás, y que de ninguna manera serán intercambiados por tan solo unos pocos días de tregua.

Casi 30.000 muertos y cerca de 70.000 heridos después, podrán adoptar el nombre Hamás o cualquier otro. Lo cierto es que el dolor, el descontento y el sentimiento de injusticia percibidos que quedarán en la memoria de los gazatíes —sin duda alguna— favorecerán el florecimiento de nuevos movimientos, incluso más violentos, de resistencia contra la ocupación de Israel en los territorios palestinos. Los objetivos israelíes sobre el terreno están siendo cuestionados, pues la cúpula de poder de Hamás permanece prácticamente intacta y los perdedores vuelven a ser los de siempre: hombres, mujeres, niños y niñas civiles que huyen tratando de refugiarse, pero que se topan con su propio paredón.

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