Zona Cero/La geopolítica del COVID-19 

Por La Espiral: Organismos internacionales atacan los efectos económicos del Covid-19

La aparición del coronavirus en una populosa población de China generó una de las pandemias más inciertas, largas y dañinas en expectativas de las padecidas por el mundo en su historia. Y uno de sus efectos hasta ahora comienza a ser evaluado: la reorganización de los poderes mundiales y sus hegemonías, como se ve en la carrera contra el tiempo para lograr la vacuna contra el COVID-19 que permita consolidar el dominio en salud como control de zonas de influencia geopolítica.

China, Rusia, los EE. UU. y los países dominantes de la Unión Europea han abandonado planes de reposicionamiento militar para conseguir la predominancia en salud. Los demás países están a la espera de la vacuna, inclusive gastando con anticipación recursos para ir “apartando” millones de productos de inoculación del virus que lleva un año circulando por el mundo y obligando a imágenes de películas distópicas: las personas en las calles con cubrebocas para defenderse de la amenaza que flota en el medio ambiente.

El COVID-19 logró reducir la amenaza de guerra y la carrera armamentista. Los presupuestos en salud y de reactivación productiva están devorando los recursos fiscales de las grandes potencias, lo cual no es un hecho menor. En imagen, han dejado ver que el dominio militar es distractor. Las noticias de guerra en el medio oriente y las exhibiciones de misiles por Corea del Norte no importan en el equilibrio político del planeta.

EU: militarización civil

Los organismos internacionales han fracasado en la conducción de las políticas sanitarias. La Organización Mundial de la Salud ha demostrado su burocracia al no lograr liderar los esfuerzos de las oficinas de salud pública de las grandes potencias que tienen los recursos para investigaciones y pruebas, pero sobre todo para tener un diagnóstico real del origen, la expansión, los daños y las formas de controlar los contagios.

Hay países donde el uso de cubrebocas como decisión central para romper cadenas de contagio no es obligatorio y otros donde se ha penalizado con severidad a quien no lo porte. Sigue el debate inútil si el cubrebocas sirve o no sirve, cuando el contagio es por dispersión de saliva.

Las infecciones han debilitado potencias: Rusia cerró sus fronteras políticas ante la impotencia de Putin, China pudo saltar la pandemia porque percibió, como fuente de origen del contagio, la peligrosidad del virus y trabajó desde el comienzo en el control de daños. En los EE. UU. no entendieron el problema de salud, menos supieron de sus efectos demoledores en la geopolítica y quisieron resolver la crisis con mensajes tranquilizadores y la apertura economía, con el costo de más de cien mil fallecidos y millones de infectados.

La geopolítico operó mucho tiempo con el modelo de la disuasión militar, la existencia de armas destructivas que nadie sabía si existían en realidad y si también eran destructivas en potencia, pero su sola referencia intimidaba. Corea del Norte entendió el modelo de comunicación estratégica militar y potencia su fuerza en desfiles de miles de personas, la exhibición de camiones cargados de misiles y anuncios de explosiones de prueba de cuando en cuando.

Contra el enemigo

Hasta ahora el virus del COVID-19 no es un arma bacteriológica que país alguno vaya a usar en alguna guerra, pero sus efectos son igualmente devastadores porque afectan a la población civil. El virus todavía no sustituye en poder real a los ejércitos, el dinero y las armas almacenadas, pero varios países han logrado aislar el virus y guardarlo para alguna amenaza extranjera.

Pero sin ser propiamente un arma, el virus ya está reorganizando el poder mundial en función de la resistencia y la vacuna.

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