En 2026, la Guardia Nacional alcanzará su séptimo aniversario convertida en una de las instituciones estratégicas del Estado mexicano en materia de seguridad pública. Lo que inició en 2019 como un proyecto de integración operativa y territorial, hoy representa una fuerza nacional con presencia permanente en las 32 entidades del país, más de 130 mil elementos desplegados y una estructura en proceso de consolidación hacia el año 2030.
En este contexto, el General Brigadier GN E.M. Alejandro Miguel Posadas Martínez, subjefe Administrativo y Logístico de la Guardia Nacional, comparte para CAMPO MARTE la visión interna sobre los avances, retos y objetivos de una corporación que busca fortalecer su capacidad operativa, profesionalizar a su personal y consolidarse como un referente institucional al servicio de la seguridad y la estabilidad de México.
Para ello, no habla desde el discurso político ni desde la retórica grandilocuente, sino desde la administración cotidiana de una corporación integrada por más de 100 mil efectivos. Habla desde la complejidad de garantizar salarios, infraestructura, capacitación, movilidad, alimentación, equipo, operaciones y estabilidad institucional para una fuerza desplegada en prácticamente todo el territorio nacional.
La conversación ocurre en un momento simbólico. La Guardia Nacional cumple siete años de existencia formal, un periodo breve si se compara con otras instituciones armadas del país, pero suficiente para convertirse en protagonista central de la estrategia nacional de seguridad. En ese contexto, el General Posadas ofrece una visión interna sobre cómo una institución nacida en 2019 intenta consolidarse hacia 2030 bajo un modelo que combina disciplina militar, profesionalización policial y presencia territorial permanente.
“Hoy la Guardia Nacional ya no es un proyecto. Hoy es una realidad institucional”, afirma con claridad. La frase resume buena parte del espíritu de la conversación.


El origen de una vocación
Antes de hablar de presupuestos, despliegues o consolidación institucional, el General retrocede varias décadas para explicar cómo inició todo. Lo hace desde un terreno íntimo: la familia.
“Soy de una familia de mucho trabajo”, recuerda. “Dos hermanos antes que yo ingresaron al Heroico Colegio Militar. Mi hermano mayor entró en 1985 y después mi segundo hermano siguió el mismo camino. Yo era muy joven, pero veía cómo sus vidas cambiaban completamente. Entonces decidí seguir también sus pasos”.
Corría 1988 cuando Alejandro Miguel Posadas Martínez ingresó a las Fuerzas Armadas. México era otro país. El contexto de seguridad era distinto, las amenazas eran diferentes y la relación entre sociedad y Ejército tenía otros matices. Él era apenas un joven que buscaba construir un futuro.
“Cuando uno entra a las Fuerzas Armadas realmente no entiende todavía la dimensión de lo que significa servir”, explica. “Uno llega con la idea de estudiar, de prepararse, de ser alguien en la vida. Pero conforme pasan los años entiendes algo fundamental: esto no es un trabajo, es un modo de vida”.
La afirmación no parece ensayada. La dice con la naturalidad de quien lleva casi cuatro décadas dentro de una estructura donde el tiempo personal suele diluirse frente a la responsabilidad institucional.
“Nos levantamos diariamente con la idea de servir”, agrega. “Siempre buscando hacer algo por México”.
Ese tránsito de joven cadete a General de Brigada ocurre en paralelo a la transformación de las propias Fuerzas Armadas mexicanas. Posadas Martínez pertenece a una generación que vio cambiar doctrinas, estructuras operativas, tecnologías y desafíos nacionales. También pertenece a la generación que participó en el nacimiento de la Guardia Nacional.
Por eso insiste en que el eje fundamental de la formación militar nunca ha cambiado.
“La disciplina sigue siendo el valor más importante… Pero junto con la disciplina viene otro valor fundamental: la perseverancia. Hay cosas que no salen bien al primer intento, pero uno sigue adelante”.
La disciplina como límite y responsabilidad
Durante años, la palabra disciplina estuvo asociada exclusivamente al rigor castrense. Sin embargo, en el caso de la Guardia Nacional, el desafío ha sido distinto: construir una fuerza de seguridad pública con raíces militares, pero obligada a mantener contacto permanente con la población civil.
Ese equilibrio aparece constantemente durante la conversación.
“La disciplina permite entender límites”, señala el General. “Nos permite saber cómo actuar, cómo comportarnos frente a la ciudadanía y cómo evitar excesos”.
Por eso rechaza la idea de que disciplina y sensibilidad social sean conceptos opuestos:
“La Guardia Nacional tiene que estar cerca de la sociedad… Esa interacción diaria obliga a actuar con respeto. Y precisamente la disciplina ayuda a mantener esa conducta”.
A siete años de su creación, la corporación ha buscado construir una imagen distinta a la de otras instituciones policiales tradicionales. En carreteras, aeropuertos, destinos turísticos, comunidades rurales y zonas urbanas, la presencia de la Guardia Nacional se volvió parte del paisaje cotidiano del país.
El General lo sabe: “Hoy la ciudadanía ya identifica a la Guardia Nacional como una institución cercana y permanente”, comenta.
La construcción de esa percepción no ha sido accidental. Detrás existe una estrategia institucional que combina despliegue territorial, profesionalización y consolidación administrativa.

El nacimiento de una nueva estructura nacional
Cuando la Guardia Nacional comenzó operaciones en 2019, heredó personal, instalaciones y capacidades provenientes principalmente de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la extinta Policía Federal. El reto era enorme: integrar doctrinas propias, construir identidad institucional y operar de inmediato en un país con múltiples crisis de seguridad.
Posadas Martínez recuerda claramente aquella etapa: “Al inicio transitamos 34 mil 200 efectivos hacia la Guardia Nacional. Ese fue el punto de partida”.
Pese a ello, subraya que el respaldo de la Secretaría de la Defensa Nacional resultó decisivo.
“Defensa nos llevó de la mano. Nos apoyó con personal, instalaciones, planteles educativos y estructura logística”.
Dicha colaboración permitió acelerar el proceso de integración. Mientras se construían cuarteles propios, muchas unidades comenzaron operaciones dentro de instalaciones militares ya existentes.
“Nos permitieron espacios en cuarteles donde todavía no existían instalaciones propias de la Guardia Nacional”, recuerda.
Ese soporte institucional no se limitó al terreno operativo. También abarcó la formación académica.
“Hoy tenemos oficiales estudiando Licenciatura en Seguridad Pública”, explica. “Nuestros sargentos se capacitan en la Escuela Militar de Sargentos en Puebla y además contamos ya con una maestría en Seguridad Pública”.
La profesionalización aparece una y otra vez como eje central del proyecto institucional.
“No se puede consolidar una fuerza nacional sin educación y capacitación permanente”, sostiene.
Administrar una fuerza de 130 mil efectivos
Cuando el General habla de logística, el tamaño de la operación adquiere otra dimensión: “Administrar una fuerza de 130 mil elementos es una tarea titánica”.
La Subjefatura Administrativa y Logística que encabeza se divide en dos grandes áreas: recursos materiales y administración de personal. Ambas sostienen el funcionamiento diario de la corporación.
“La logística implica desde equipo táctico hasta alimentación, energía eléctrica, combustibles y mantenimiento”, explica. “Todo debe funcionar para que el personal pueda operar”.
Pero es el área humana la que parece ocupar un lugar más importante en su discurso.
“El personal es el activo más importante de la Guardia Nacional”, insiste.
Habla entonces de seguridad social, atención familiar, prestaciones, reclutamiento y estabilidad emocional para miles de elementos desplegados en distintas regiones del país.
“Administrar personal es complejo, pero también muy gratificante. Porque se trata de garantizar tranquilidad para las familias de quienes sirven”, comenta.
Esa visión revela uno de los cambios más importantes en la construcción institucional de la Guardia Nacional: la transición de una estructura emergente a una corporación permanente.
“No estamos pensando solamente en el presente”, afirma. “Estamos planeando qué necesita la Guardia Nacional en 2027, en 2028 y hacia 2030”.

La consolidación rumbo al 2030
En la visión del General Posadas, la Guardia Nacional ya superó la etapa de integración inicial y ahora atraviesa una fase de consolidación estructural.
“El plan de consolidación está planteado a cinco años, del 2025 al 2030”, explica.
La estrategia contempla tres etapas principales. Actualmente, según detalla, la institución se encuentra en la segunda fase.
“Podríamos decir que vamos aproximadamente en un 40 por ciento de consolidación”, señala.
Ese proceso descansa sobre seis grandes ejes institucionales. El primero es el crecimiento de recursos humanos: “Queremos llegar a una fuerza cercana a los 170 mil efectivos”.
El segundo eje es la consolidación territorial.
“Hoy la Guardia Nacional está prácticamente en cualquier punto del país”, afirma.
Más de 550 instalaciones construidas en apenas siete años reflejan la magnitud del despliegue.
“Es un reto enorme, pero lo hemos logrado”.
El tercer eje es la profesionalización permanente.
“Queremos que todo el personal hacia 2030 tenga una capacitación sólida e integral”, dice.
También aparecen como prioridades el fortalecimiento de cuadros de mando, la modernización operativa y el mejoramiento continuo de las condiciones de vida del personal.
La construcción de una identidad propia
Uno de los mayores desafíos para la Guardia Nacional ha sido construir identidad institucional. Durante años, el debate público cuestionó si se trataba de una fuerza militarizada, una policía federal renovada o una estructura híbrida.
Para Posadas Martínez, la identidad comenzó a definirse en la práctica diaria.
“La Guardia Nacional ya tiene presencia propia, doctrina propia y reconocimiento ciudadano”, afirma.
Esa identidad se construyó en carreteras, operativos especiales, desastres naturales, aeropuertos, zonas turísticas y labores de vigilancia cotidiana.
“Hoy la gente reconoce a la Guardia Nacional como parte de su entorno diario”, comenta.
La institución también ha buscado proyectar una imagen distinta mediante actividades culturales, deportivas y sociales.
“Hemos participado en tareas comunitarias, eventos turísticos y acciones sociales”, explica.
El objetivo ha sido fortalecer el vínculo ciudadano: “No todo es operación táctica. También se trata de generar confianza”.
Profesionalización y formación policial
La formación del personal ocupa una parte central en la visión del General, admitiendo que “Capacitar a 130 mil elementos no es sencillo”.
La corporación implementó cursos iniciales de formación policial, licenciaturas y especializaciones para fortalecer capacidades operativas.
“Hoy tenemos una doctrina orientada específicamente a la seguridad pública”, explica. “Ya contamos con áreas de profesionalización específicas”.
Además, la capacitación no se limita al ámbito operativo. También incluye derechos humanos, legalidad, actuación policial y atención ciudadana.
“El objetivo es tener una fuerza profesional, preparada y con valores sólidos”.

Seguridad pública y legitimidad social
El General reconoce que la legitimidad institucional no depende únicamente de resultados operativos.
“La percepción ciudadana es muy importante”, admite.
En ese sentido, considera que uno de los principales logros de la Guardia Nacional ha sido posicionarse como una de las instituciones con mayor aceptación pública en el país.
“Estamos ya muy cerca en percepción ciudadana de instituciones históricas como Defensa y Marina”, afirma.
La clave, insiste, ha sido la presencia constante: “La gente nos ve trabajando todos los días”.
Sin embargo, reconoce que la confianza social también exige controles internos rigurosos.
Corrupción, controles y disciplina institucional
Uno de los momentos más delicados de la conversación surge al abordar el tema de corrupción.
“La Guardia Nacional está ocupada permanentemente en prevenir cualquier conducta indebida”, señala.
Aunque reconoce que han existido casos aislados, insiste en que la institución mantiene una política de cero tolerancia.
“No permitimos actos fuera de la ley”, afirma.
La supervisión interna incluye mecanismos de denuncia ciudadana, investigaciones administrativas y procesos disciplinarios.
“Tenemos el número 088 para atención directa”, recuerda. “La ciudadanía puede denunciar cualquier irregularidad”.
Pero el General considera que el combate a la corrupción comienza desde la formación inicial.
“Trabajamos diariamente en inculcar honestidad, honor y valores”, explica.
La disciplina vuelve a aparecer como herramienta preventiva.
“Sin valores institucionales no puede existir una fuerza sólida”.
Operaciones permanentes y presencia nacional
A diferencia de otros cuerpos policiales regionales o estatales, la Guardia Nacional opera en prácticamente todo el territorio mexicano.
“Hoy encontramos elementos de la Guardia Nacional en cualquier carretera o comunidad”, afirma.
Esa cobertura implica enormes desafíos logísticos: “Cada despliegue requiere planeación, recursos, movilidad y coordinación”.
Los operativos vacacionales, por ejemplo, movilizan miles de efectivos en periodos cortos.
“Tenemos que prever absolutamente todo”, comenta.
La planeación ocurre con meses de anticipación.
“Ya estamos trabajando en lo que necesitaremos en 2027”, revela.
La visión hacia el futuro
Cuando la conversación se acerca al final, el General Posadas vuelve al concepto de consolidación.
“La meta es que México tenga en 2030 una fuerza todavía más preparada y fortalecida”, sostiene.
No habla únicamente de crecimiento numérico. Habla de consolidar doctrina, profesionalización, legitimidad y capacidad operativa.
“La Guardia Nacional debe seguir evolucionando”.
A siete años de su creación, la corporación enfrenta todavía desafíos enormes: seguridad, coordinación interinstitucional, percepción pública y exigencias operativas crecientes. Sin embargo, desde dentro de la institución existe la convicción de que el proceso ya dejó atrás la etapa experimental.
“Hoy tenemos una fuerza nacional sólida”, afirma.
La frase parece resumir el espíritu de toda la entrevista.
En un país donde la seguridad pública suele medirse en cifras de violencia, decomisos o despliegues armados, el General Alejandro Miguel Posadas Martínez habla más de estructura, formación y permanencia institucional. Habla de disciplina, planeación y recursos humanos. Habla de construir una institución capaz de trascender administraciones sexenales.
Quizá por eso insiste tanto en la palabra consolidación.
Porque en la visión del General, el verdadero desafío no era únicamente crear la Guardia Nacional, sino convertirla en una institución permanente del Estado mexicano.
Y ese proceso, afirma, apenas está entrando en su etapa decisiva.
“Queremos que los mexicanos tengan una fuerza cada vez más preparada, más profesional y más cercana a la sociedad”, concluye.





