La guerra contra las drogas sintéticas, la batalla del mundo actual

La guerra contra las drogas sintéticas, la batalla del mundo actual

El fentanilo se ha convertido en la droga más peligrosa que se consume de manera masiva en Estados Unidos. Su “éxito”, además, ha acelerado una situación de violencia exacerbada en México por la pugna entre los dos grupos criminales más poderosos del país (el Cártel Jalisco Nueva Generación con el Cártel de Sinaloa), y en menor medida el grupo de La Familia Mexicana o el Cártel del Golfo.

Pero también ha acelerado la idea de un sector en el Partido Republicano que busca crear una ley para que el gobierno de Joe Biden declare terroristas a los cárteles y permita el ingreso de las Fuerzas Armadas a territorio mexicano para combatirlos.

Esta compleja situación ha revivido el debate de cuáles son las estrategias correctas para combatir el tráfico trasnacional de enervantes en el país con la mayor demanda de consumo de estas sustancias. Lamentablemente, la respuesta sigue siendo la misma: no hay una salida fácil, ni siquiera nacional.

Esta es la postura de Ben Westhoff en su libro: La fiesta se acabó, ¿por qué siempre perderemos la guerra contra las drogas sintéticas?, editado en 2021 por Ediciones temas de hoy, como una importante investigación periodística sobre la complejidad de este tema en la actualidad. 

El autor plantea de manera tajante sobre el tema: “¿Quién puede parar el avance de las drogas sintéticas?” y responde con la conclusión que obtuvo tras su análisis: “Nadie, porque la química va más rápido que la ley. Es lo que ha ocurrido en silencio durante los últimos seis años: drogas nuevas e imposibles de rastrear están llenando las calles y fiestas de decenas de países”.

En su obra el autor presenta un análisis detallado de las diferentes drogas que existen actualmente, legales e ilegales y cómo se han popularizado en el gusto de los consumidores, principalmente gente joven y presenta: “Esta es la primera gran investigación de alcance mundial sobre la crisis de opiáceos que está cambiando el mundo, la guerra que demuestra que la química siempre será más rápida que la ley”.

Whesthoff explica que la proliferación de estos opiáceos sintéticos han cambiado la forma en que se analiza el trasiego y consumo de drogas en Estados Unidos, particularmente con la llegada del fentanilo, un químico especialmente adictivo y peligroso que causó, al menos, la muerte de unas 100 mil personas en ese país en 2022 por sobredosis y que, de manera clandestina es mezclado con otras sustancias para aumentar la dependencia química, provocando que muchas personas ingirieran dosis peligrosas de fentanilo, sin saberlo, y morir, además de generar mayores ganancias para los criminales que lo trafican.

Un posible camino para resolver el trasiego de drogas

“En 2017, la esperanza de vida en Estados Unidos descendió por tercer año consecutivo, algo que no ocurría desde los años 40. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades atribuyen ese descenso en parte al fentanilo, que también parece haber hecho descender la esperanza de vida en países como Canadá.

Resolver esta crisis requerirá que cambiemos algunas de nuestras ideas básicas sobre cómo percibir la drogadicción. Tenemos que enfocarlo como una enfermedad, no como un delito, y entender qué la provoca en lugar de, simplemente, intentar erradicarla”, plantea el autor como una nueva forma de enfrentar el problema.

Y agrega: “Algo así ya está ocurriendo en algunas zonas de Estados Unidos y los resultados son esperanzadores. En 2017 Massachusetts, Rhode Island y Vermont comprobaron cómo descendía su nivel de muertes por sobredosis, en parte debido a un aumento de los programas de tratamiento de adicción a las drogas y de las campañas de salud pública”.

El autor señala que al aumentar el acceso a un tratamiento preventivo permite acceder a un consumo más seguro, pues de acuerdo con Mario Moreno, exsecretario de prensa de la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas, “los métodos de prevención están funcionando”.

Como ejemplos, señaló la estrategia implementada en el Rhode Island donde se facilitaron drogas de sustitución a presos adictos para evitar muertes por sobredosis, con resultados medibles.

Mientras que, en Ohio, se implementó el programa Medicaid en 2015, el cual permitió el acceso a programas de tratamiento de adicciones, generando un descenso dramático en el índice de muertes por sobredosis.

Así, La fiesta se acabó, ¿por qué siempre perderemos la guerra contra las drogas sintéticas? deja al lector la posibilidad de una alternativa en el globalizado mundo de violencia y narcotráfico que se vive en Estados Unidos y también en nuestro país.

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