La anécdota viene de los momentos del final de la Segunda Guerra Mundial. Los tres grandes estrategas políticos y militares de los países aliados EU-Inglaterra-URSS se reunieron en una zona de Ucrania para repartirse el mundo ante la inminente derrota del eje Berlín-Roma-Tokio. El Papa Pío XII pidió una silla y Stalin solo le preguntó: “¿cuántas divisiones militares tiene el Vaticano?”
En los últimos 47 años, la iglesia católica solamente ha tenido un caso de Papa con sentido geopolítico y capacidad de intervencionismo en participar en los reacomodos de poder mundial: Juan Pablo II, bastante por su capacidad de enfoque político, básicamente por haber padecido la dictadura comunista en Polonia y sobre todo por ir de la mano con el presidente Ronald Reagan y su meta de liquidar a la Unión Soviética.
Los Papas tienen relativa influencia en el mundo a través de declaraciones sobre temas conflictivos, pero en los hechos nunca han sido tomados en cuenta. La estrategia de potenciar al nuevo Papa León XIV como figura geopolítica de poder se entendió más como una forma de querer amarrar navajas con el presidente Donald Trump y su objetivo de regresar Estados Unidos a la grandeza imperial del pasado.
Pero el nuevo Papa tiene cuando menos en su agenda cinco grandes temas propios que puede decirse sin superlativos que han enfilado a la iglesia católica a una declinación hasta ahora irreversible: la descomposición política y de poder de la curia y todas las estructuras administrativas del Vaticano, el tema de los abusos sexuales y pederastia de sacerdotes, la disminución de creyentes desde que los últimos Papas cuando aceptaron la no existencia del infierno, el colapso en los seminarios de todo el mundo y la posmodernidad que presenta como cosas comunes y corrientes algunas prácticas que los curas vendieron como pecados capitales.

En este contexto, el nuevo Papa León XIV debiera estar menos preocupado por la geopolítica y más por los problemas reales que tienen que ver con la sobrevivencia de la estructura de Roma. En sus primeros días de gestión del nuevo cargo, el nuevo Papa se permitió emitir declaraciones con utilización de palabras que tienen que ver con la geopolítica, pero muy pronto se dio cuenta que pasó desapercibido y que la primera gestión de todo nuevo pontífice tiene que ver con el rescate de su propia feligresía.
En sus primeras presencias públicas, el nuevo Papa apareció muy naíf.





