Resumen Ejecutivo: La liga de la vecindad

vecindad México Estados Unidos

A pesar de una vecindad de más de tres mil kilómetros y de una integración comercial que los convierte en el mercado más grande del mundo, Estados Unidos y México se enfilan a una ruptura geopolítica con responsabilidades conjuntas que ninguno de los dos quiere asumir.

El presidente López Obrador le ha repetido muchas veces a funcionarios estadounidenses aquella frase acreditada a Porfirio Díaz pero que José Revueltas refiere que fue de Lerdo de Tejada: “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos», incluyendo la herida histórica abierta todavía de mediados del siglo XIX con la decisión de la Casa Blanca de entrar en guerra con México, invadirlo y quitarle como trofeo de guerra la mitad de su territorio.

Estados Unidos siempre ha supuesto a México como un enemigo al que hay que dominar sin invasión territorial y México ha inventado toda clase de resistencia para impedir casi el estatus de Estado libre y asociado como Puerto Rico.

La relación bilateral es asimétrica por los niveles de desarrollo, geopolítica y dominación militar estadounidense, ante conductas nacionalistas de México que nunca han traicionado la vecindad con EU. El problema radica en que Estados Unidos todavía no entiende que en México es un espacio de compensación social que había extendido la frontera territorial americana hasta el río Suchiate.

Se los dijeron muy a tiempo

En el debate de precandidatos presidenciales republicanos en la tercera semana de agosto de este año, prácticamente todos los aspirantes dejaron ver que aplicarían un endurecimiento bilateral sobre México para castigarlo por problemas de tráfico de drogas y de personas y por la falta del cumplimiento del enfoque americano de que México debiera ser el foso de los cocodrilos que aísle al territorio estadounidense.

Los demócratas del presidente Joseph Biden más o menos entienden la relación especial que le representa México a Estados Unidos, pero sin ir más allá de pronunciamientos burocráticos y solo dejando que las relaciones productivas por el Tratado comercial cumplan la función integradora, aunque esa asociación le impuso a México todavía más la dependencia al sistema productivo americano.

Las doctrinas de seguridad nacional de Estados Unidos en sus diferentes etapas nunca entendieron que México podría ser el gran aliado de Estados Unidos si se le ayudará aún mejor desarrollo social y económico, pero en los más de 200 años de relaciones nunca se ha definido ninguna estrategia de una verdadera alianza integradora y en la Casa Blanca siguen viendo a México como un títere de los intereses de Estados Unidos.

Compartir :