Una nota publicada en el portal https://seguridadydefensa.mx da cuenta de que en el sexenio pasado hubo mil 356 vuelos clandestinos en los cielos nacionales.
Ese simple dato justificaría una inversión para equipar a la Fuerza Aérea Mexicana con los aparatos necesarios a fin de disuadir estas incursiones.
No sobra decir que dichos vuelos –cuyos datos fueron aportados por el Sistema Integral de Vigilancia de la FAM– están relacionados con actividades ilícitas, en concreto con el narcotráfico, y que se realizaron 92 decomisos de droga, así como que estas acciones se concentran en estados como Durango y Sinaloa.
Aunque para muchos existen otras prioridades para el presupuesto gubernamental, la soberanía nacional –en especial la que corresponde al espacio aéreo mexicano– también es algo importante, pues no sólo nos referimos a actividades ligadas al crimen organizado, sino que de no atenderse pronto el problema pudiera ocurrir algún incidente que cueste la vida a personas, pues buena parte de los aviones que se utilizan para el transporte de drogas son aparatos cuya antigüedad los haría más piezas de museos que transportes seguros, sin mencionar la posibilidad de que se puedan utilizar para ejecutar una atentado en contra de instalaciones estratégicas.
En la historia de nuestro país, aviones como el Caravelle o DC-9 –que ya llevan décadas de haber sido retirados del del mercado–, han sido decomisados por la FAM al ser detectados transportando mercancía ilícita.
Por supuesto que, a pesar de ser incorporados a la flota de la Fuerza Aérea, su utilidad fue limitada por tratarse aeronaves obsoletas y que ya no tenían soporte del fabricante para tareas de mantenimiento.
Tampoco la FAM puede darle uso a la gran cantidad de avionetas que son utilizadas por el narcotráfico, ya que no se sugiere operar una flota tan diversa por cuestiones técnicas, ni con aparatos que ya han cumplido su vida útil.

Y es que el narcotráfico aprovecha la existencia en el mercado internacional de segunda mano de aviones viejos para surtir sus vuelos hacia el mercado estadounidense.
Una avión como el Caravelle puede trasportar unas 10 toneladas de droga hacia un punto cercano a la frontera con Estados Unidos, facilitando la logística de los cárteles y el ingreso de drogas a uno de los mercados más grandes del mundo para el narcotráfico.
Para enfrentar el desafío, la Fuerza Aérea Mexicana cuenta con aviones de alerta temprana que permiten la detección y seguimiento de aeronaves que ingresan al espacio aéreo nacional.
Luego vendría la intercepción de los aviones sospechosos, etapa en la cual sólo se tienen disponible unos cuantos F-5 del escuadrón 401 y los T-6C Texan de varios escuadrones ubicados en distintas bases del país.
Como es evidente, se necesita reforzar este segmento con unidades capaces de alcanzar y –si fuera necesario– obligar a aterrizar a los aviones que transportan drogas, que además se puedan coordinar con las fuerzas de tierra para el aseguramiento.
Esto permitiría reducir el tráfico ilícito por vía aérea de drogas o, al menos, disuadir a los cárteles, pues hay que considerar que, al utilizar aviones obsoletos, el riesgo de un accidente en un área poblada puede crecer.
La polémica por los helicópteros rusos En buena parte de la prensa nacional, el desconocimiento de los temas militares lleva a que se publiquen más especulaciones que información cierta.
En redes sociales la cosa se agrava por el sensacionalismo y por la tendencia de muchos usuarios a asumirse como especialistas o a dar por buena cualquier nota que se publique.
Esto fue evidente en el tema de una supuesta compra de helicópteros rusos que se dio a conocer teniendo como contexto la visita del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, quien fue la fuente para dar a conocer la noticia de que se negociaba la compra de estos aparatos.
Pero luego vendría un desmentido y la versión de que dicha compra no se llevaría a cabo por la amenaza de sanciones de parte de Estados Unidos.
Al respecto cabe aclarar que tanto la FAM como la Armada de México cuentan en sus inventarios con aparatos de fabricación rusa, desde los helicópteros Mi-17 que han dado buenos resultados en materia de apoyo en casos de desastres naturales, hasta aparatos como los Antonov An-72 que fueron utilizados como aviones de carga algunos años tanto por la FAM como por la Marina.
De hecho, la Fuerza Aérea tuvo en operación un par de helicópteros Mi-26, considerados de los más grandes del mundo.
Así que eso de las sanciones no es verdad, pues México ha adquirido armamento ruso, como es el caso de los misiles antiaéreos Igla o transportes de tropa para la Marina.
La flota de ala rotativa de la FAM cuenta con aparatos como el Uh-60 Black Hawk, los Mi-17, MD-500, Bell 206, 407 y 412, EC-725 Cougar y Aw-109, por lo que se puede considerar suficiente para las misiones que tiene asignadas.
Se trata de unidades modernas, por lo que no se podría pensar en nuevas adquisiciones en el corto plazo.







