El libro La transformación de las Fuerzas Armadas en América Latina ante el crimen organizado, se trata de una obra emanada del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú y el Real Instituto de España, con fecha de publicación de 2019.
En él, el general Jorge Orlando Céliz Kuong, en ese entonces Comandante General del Ejército del Perú (2018-2020), realiza una radiografía general sobre la labor de las Fuerzas Armadas, a nivel regional, en una prospectiva a las amenazas emergentes, así como el combate al crimen organizado.
Partiendo de esa premisa, el Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú, asocia el reto ante los procesos de transformación de las Fuerzas Armadas que se vienen realizando en el mundo y de manera particular en la región.
Así, La transformación de las Fuerzas Armadas en América Latina ante el crimen organizado constituye en una herramienta de análisis comparativo de las diferentes formas y grados de implicación de otros ejércitos para hacer frente, de manera más efectiva, a las amenazas de naturaleza transnacional.
Crecimiento del Crimen Organizado
En esta obra, bajo la compilación de la doctora Carolina Sampó, coordinadora del Centro de estudios sobre Crimen Organizado Transnacional (CeCOT) en la Universal Nacional de La Plata, Argentina, y Sonia Alda Mejías, directora del Observatorio de Tráficos Ilícitos y Redes Criminales del Real Instituto Elcano, subraya el protagonismo del crimen organizado en América Latina, el cual ha venido creciendo en los últimos años, vinculada especialmente a dos factores: el incremento de la violencia, especialmente en zonas urbanas, y la utilización de la corrupción, que funciona como facilitador para las distintas manifestaciones del crimen organizado.
En este sentido, el texto parte del entendido que se considera al crimen organizado no como un delito en sí mismo sino como “una forma de cometer delitos (en plural) caracterizada por dos condiciones: cierto nivel de planificación, y la participación conjunta y coordinada de varios individuos”.
Es decir, la criminalidad organizada, en consecuencia, adopta múltiples formas siendo el narcotráfico el que actúa como potenciador en América Latina.
Sin embargo, como destaca Sampó, es posible identificar otras cinco manifestaciones en la región, a saber: tráfico y trata de personas, tráfico de armas pequeñas y livianas, lavado de activos, tráfico de recursos naturales y contrabando de mercancías, falsificadas en muchos casos.
Ciertamente, la violencia no siempre responde a la existencia del crimen organizado.
Sin embargo, sí suelen coincidir altas tasas de violencia, como resultado de la dinámica establecida entre las organizaciones criminales que se asientan en América Latina, cuando compiten por el control territorial y las rutas de tráfico.
Como muestra, en un contexto trasladado a nuestro país, México; el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cumplió tres años en el poder el primero de diciembre pasado, la mitad de su mandato.
Durante estos tres años, el país sumó más de 100 mil asesinatos y terminó el 2021 inmerso en una crisis de violencia sin precedentes, según organismos defensores de los derechos humanos.
Así, basado en el análisis del presente libro, con manifestaciones más o menos violentas, la pregunta no es tanto por qué hay crimen organizado en América Latina, ya que existe en todo el mundo; sino por qué tiene una particular implantación en la región.
En América Latina, la debilidad institucional y la incapacidad de imponer el imperio de la ley a todos los ciudadanos y en todos los territorios, por igual y sin excepciones, es un factor decisivo para explicar la penetración del crimen organizado en estos países.
Ello se entiende de un síntoma fundamental de este problema es la corrupción, de carácter sistémico, y los países latinoamericanos, según el Índice de Percepción de la Corrupción que publica todos los años Transparencia Internacional, se encuentran entre los más corruptos del mundo.
La corrupción es un campo abonado para el desarrollo del crimen organizado y un síntoma de la debilidad del imperio de la ley, según los autores.
De hecho, se detecta una correlación entre el imperio de la ley, la corrupción y la criminalidad organizada.
A mayor debilidad del primero, mayores tasas de corrupción y, en consecuencia, mayor extensión y poder de estas redes criminales. Dicha correlación puede constatarse en América Latina.
Incluso, no por casualidad, los países menos afectados por el crimen organizado como Chile o Uruguay gozan de mayor fortaleza del imperio de la ley y de inferiores niveles de corrupción que el resto de la región.
Por el contrario, la región centroamericana, con altos niveles de implantación de criminalidad organizada y violencia, también se caracteriza por su bajo índice de imperio de la ley y altos niveles de corrupción.
Según La transformación de las Fuerzas Armadas en América Latina ante el crimen organizado, frente a este escenario, los gobiernos de América Latina han adoptado cada vez más soluciones relacionadas con el empleo de las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado, considerado responsable de gran parte de la violencia en la región.
A pesar de que este empleo no se ha adoptado, en todos los países, de la misma forma, en mayor o menor medida la totalidad de los gobiernos de la región ha involucrado a las Fuerzas Armadas en la lucha contra el crimen organizado.

Pese a ello, se establece que el grado de implicación y la forma de llevarlo a cabo es diferente.
Las tareas van desde el apoyo logístico a la policía hasta la detención de sospechosos por parte de los mismos militares.
Como ejemplo de ello, en Uruguay, donde los uniformados pueden detener a un ciudadano ante un delito flagrante.
En Centroamérica, en cambio, los Ejércitos llevan un tiempo realizando misiones policiales.
Incluso, el caso hondureño es calificado como paradigmático, pues según el análisis, una de las claves que ha garantizado su exitosa política de reducción de homicidios se basa en la actuación de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (FUSINA).
Una fuerza interinstitucional, liderada por el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas e integrada además por la policía y agentes de la justicia.
Este un ejemplo inequívoco de la militarización de la seguridad, de acuerdo a las investigadoras, donde las Fuerzas Armadas no solo participan sino también, en ocasiones, lideran el combate contra el crimen organizado y la violencia criminal en general.
Así, los casos analizados permiten también confirmar que, pese a los diferentes ritmos y formas de implicación, la participación de las Fuerzas Armadas contra el crimen organizado se justifica invariablemente como una medida temporal, aunque ya han transcurrido más de diez años en México, Centroamérica e incluso Brasil.
Como referencia, el libro La transformación de las Fuerzas Armadas en América Latina ante el crimen organizado coloca a México como ejemplo, donde pese a la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, con la promesa de retirar al Ejército de las calles, la estrategia no sólo fue crear una nueva organización de seguridad militarizada (Guardia Nacional), sino se confirmó la dependencia institucional a la contribución que realizan las fuerzas militares a la seguridad.
Fuerzas Armadas… ¿Configurada para la defensa nacional?
Tomando en cuenta el análisis de esta obra, se parte de que las Fuerzas Armadas, en general, pese a la participación en las tareas de seguridad nacional, continúan conservando una estructura, equipamiento y marco legal correspondiente a una fuerza configurada para la defensa nacional, frente a un enemigo externo, en coherencia con su principal misión.
Es decir, la principal contradicción es que en estos momentos se dedican fundamentalmente a las llamadas misiones secundarias, entre ellas el combate al crimen organizado, generando un espacio de incertidumbre y de numerosas cuestiones que se ponen de manifiesto en los diferentes capítulos.
¿Pueden ser eficientes unas Fuerzas Armadas cuya configuración no se corresponde con las misiones que llevan a cabo? Es decir, unas fuerzas preparadas para la defensa exterior, ¿son las fuerzas más adecuadas para combatir el crimen organizado? Esta es una amenaza que exige desarrollar un potente aparato de inteligencia criminal que es radicalmente distinto a la inteligencia militar.
Sin olvidar que los militares carecen del respaldo legal necesario para operar en la persecución de este tipo de criminalidad, y los ciudadanos igualmente carecen de la protección legal ante la actuación de las Fuerzas Armadas que pueden ocasionar violaciones de derechos humanos, como así se ha constatado, al carecer de la formación necesaria para trabajar con y entre la población civil para llevar a cabo esta misión.
De hecho, la doctrina o el equipamiento tampoco son los adecuados para llevar a cabo dicha tarea.
Esta situación es la que motivó la necesidad de llevar a cabo este trabajo colectivo, con dos objetivos principales: Realizar un diagnóstico, a través del análisis particularizado por países.
Impulsar un debate que contribuya a concretar el proceso de transformación en que, sin excepción, todas las Fuerzas Armadas señalan estar inmersas.
Es decir, definir en qué consiste y qué tipo de fuerza se pretende construir.
El libro está organizado en dos grandes partes.
En la primera, Sonia Alda introduce la discusión central del volumen al plantear que, a pesar de estar preparadas para la defensa exterior, en la actualidad las Fuerzas Armadas son utilizadas para luchar contra el crimen organizado.
A pesar de ello, no se ha diseñado de manera integral un cambio para adecuar al instrumento militar de acuerdo a las misiones, en la mayor parte de los casos, subsidiarias, que concentran sus esfuerzos y los cambios habidos han sido improvisados y parciales.
A partir de allí, Alda busca poner en discusión qué Fuerzas Armadas se necesitan para hacer frente al nuevo escenario de seguridad.
La segunda parte del libro se centra en los casos latinoamericanos.
Para ello, se analizan países que han encarado distintos grados de involucramiento de sus Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado y, por tanto, han debido transformarse.
Después de este recorrido, queda claro que todos los países de la región han involucrado en mayor o menor medida a las Fuerzas Armadas en la lucha contra el crimen organizado.
Sin embargo, en algunos países es una misión subsidiaria y en otros es principal.
De este modo, el libro permite mirar a detalle cómo la región se encuentra llena de matices en lo que hace a las posibilidades de utilización del instrumento militar en el combate al crimen organizado.
Más allá del debate sobre si es eficiente o no el empleo de las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado, se pone de manifiesto la necesidad de pensar hacia dónde va la institución, considerando que su involucramiento en cuestiones de seguridad genera una transformación importante para la que hay que prepararse, modificando no solo las misiones de las Fuerzas Armadas, sino, en consecuencia, la doctrina y la formación que se les brinda a sus miembros.





