La violencia proclama la ausencia del Estado de derecho

La violencia proclama la ausencia del Estado de derecho

Cada mañana la lectura de los periódicos conforma la aparición de nuevos problemas.

Formación de las milicias de autodefensa que, al margen de su imperiosa necesidad personal de defenderse, denuncia la fragilidad dramática del Estado de Derecho.

Derecho que gravita sobre su capacidad para asumir dos proposiciones fundamentales: la garantía de la vida de los ciudadanos y la libertad de los ciudadanos.

Nada de ello es compatible con el espectáculo de violencia incontrolable que ya se traslada, como museo de la barbarie, a los campos de fútbol. Ya es habitual ese nuevo testimonio.

El doctor José María Luis Mora, en “México y sus Revoluciones” nos dice, a la letra, “que desde la Declaración de Independencia hasta 1846 México sufrió un total de 237 revoluciones que, si bien en su duración e importancia fueron muy distintas, en su curso y objetivos eran muy semejantes”.

Añade: “En los mismos 25 años los gobiernos fueron apoyados, en diez ocasiones, por el Ejército”.

Insiste: “Desde mayo de 1823, cuando Iturbide abandonó el país, hasta su regreso en julio de 1824, hubo 22 revueltas de diferente importancia y tenían los objetivos más diversos”.

Impresionante relato de una de las figuras más relevantes de la historia de la Independencia y que decidió morir en París.

En el libro de Jean-Claude Chesnais, “Histoire de la violencia”, Editorial Robert Laffont, París 1981, en la página 86 aparece un cuadro cuyo título es el siguiente: “Mortalidad por homicidios en Europa y otros continentes, tasa por cada 100,000 habitantes hacia 1930”.

La violencia proclama la ausencia del Estado de derecho

En ese cuadro, es México el que encabeza la violencia con 51.8 homicidios por cada 100,000 habitantes.

En Inglaterra, que, en 1688, durante la Revolución Gloriosa, se estableció el Régimen Parlamentario, la tasa era de 0.5; en Dinamarca de 0.5; en Noruega de 0.9; en Alemania de 1.9; en Austria de 2.9; en Francia –en 1789 se proclamó la igualdad ante la ley- de 0.9; en Grecia 5.6, en Italia 2.6; en Portugal 2.5.

En la Europa Oriental aumentan, un poco, los homicidios. Véase: en Bulgaria 10.2; en Hungría 4.2; en Polonia 4.5; en Rumania 5; en Canadá 1.9; en Estados Unidos 8.8 y en Japón 0.7.

En el cuadro México aparecía en la cola, pues, con 51.8 homicidios por cada 100,000 habitantes.

En el análisis de la violencia, añade, tomando a Malinowski y Mead, ambos antropólogos como ejemplo.

Señala “que ciertos pueblos glorifican la agresividad mientras que, a otros les horroriza”.

Añade (sin insistir sobre el machismo), en ese Atlas del Crimen y, como contraste, otras cuya serenidad deriva del respeto al Derecho, a la igualdad ante la ley y fundada en la voz griega to dikaion que significa “aquello que es justo” (en latín id quod justam est o res justa).

De todo ello hablo en mi último libro “Lecturas Filosóficas. La Lucha por los Derechos Humanos y el Estado de Derecho”.

En él se dice que el político era considerado to dikain politikon, esto es, el político del derecho.

¿Nos damos cuenta de esa enorme herencia pacificada por el Derecho al ver lo que acontece en nuestro derredor? De acuerdo con el Informe del World Economic Forum 2012-1013 la Confianza Pública en los Políticos en México –Public Trust in Politicians- coloca a nuestro país en el lugar 97; la Independencia Judicial, la base jurídica del Estado de Derecho, recibe, en ese Informe, la posición 88 del mundo; en la Eficiencia de la Estructura Legal, país 100; Costo del Crimen y la Violencia, país 117; Crimen Organizado, país 139.

¿Qué opinan ustedes? Al margen de los cuestionamientos pertinentes un hecho es claro: sólo con la igualdad ante la ley –la isonomía griega- puede plantearse una reconstrucción positiva cuando, a su vez, el volumen e intensidad de la violencia ha llegado a niveles tan indescriptibles que se evidencian, entre otros, en la aparición de las “autodefensas”.

Esa creciente presencia de la gente armada, al margen de la Justicia, evidencia la frágil existencia del Estado de Derecho.

Ello debe invitar a una meditación autocrítica que nos permita identificar, frente a la terrible proposición de la Justicia por la propia mano.

Ello lleva a atrocidades, sin duda, imprevisibles, para una Sociedad que crea en id quod justum que antes he traducido.

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