Si la Segunda Guerra Mundial fue una guerra que se caracterizó por el avance de grandes ejércitos y el uso de tanques, si la de Corea fue la primera en que se utilizaron jets de combate, la actual en Ucrania se empieza a caracterizar por algunos detalles que configuran lo que será la guerra moderna.
El uso de drones, de las redes sociales como parte de la estrategia, la ciberguerra, el conocimiento que de las acciones tiene cualquier persona en cualquier parte del planeta empiezan a configurar el escenario en el que dos ejércitos se enfrenten en pleno siglo XXI.
Drones, ¿el arma del futuro?
Desde inicios del siglo, muchas fuerzas armadas del mundo empezaron a incorporar a los vehículos aéreos no tripulados a sus arsenales, ya sea en función de vigilancia y apoyo a las tropas en tierra o en operaciones de ataque.
Los UAV o simplemente drones se hicieron parte de los escenarios bélicos y de las páginas de las publicaciones especializadas.
Si bien se piensa que se trata de una idea reciente, los antecedentes de esta tecnología en el terreno militar vienen desde la primera guerra mundial, en la cual, a finales de 1916, en el Reino Unido el capitán A. H. Low construye lo que se llamaría el “Aerial Target”, un vehículo aéreo no tripulado controlado por radio con el objetivo de servir como blanco aéreo de entrenamiento para las defensas antiaéreas y, también, como defensa contra los Zepelines alemanes.
De esa misma época es el “Torpedo Aéreo Kettering” de Estados Unidos. Durante la segunda guerra mundial, se prosiguió con este tipo de aparatos, pero pensados para labores de adiestramiento de las defensas antiaéreas, sin considerarlos como parte de las operaciones de ataque.

Pero con el fin del siglo XX llegaría la tecnología para que este tipo de armas adquieran las características que conocemos hoy en día: una gran autonomía, capacidad de portar armas y equipo de comunicaciones y video con técnicas de cifrado para evitar interferencias o hackeos.
Se trata de aparatos que ya rivalizan en precio con los cazas de combate, como podemos comprenderlo con el costo de un MQ-8B Fire Scout, que ronda los 50 millones de dólares, similar al de un JF-17 Thunder como los que opera la Fuerza Aérea de Pakistán.
No obstante, el dato anterior, y que la hora de vuelo de aparatos como el de un RQ-9 Reaper supera los 3 mil 500 dólares, la idea de que se pueden salvar vidas humanas en misiones que enfrentarían fuertes defensas aéreas, hace que sean cada vez más utilizadas en distintos escenarios bélicos en el mundo.
Pero también se trata de una tecnología que avanza hacia el futuro, ya que programas de cazas de 6a generación o posteriores, como el FCAS europeo apuesta a la combinación de enjambres de drones controlados desde un avión caza o desde plataformas aéreas de radar como el E-3 Sentry.
En Ucrania las noticias han mostrado los devastadores efectos del dron turco Bayraktar TB2, el cual, con sus 12 metros de envergadura y su capacidad para llevar 4 misiles, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para las fuerzas rusas.
Así, este tipo de armas ha llegado para quedarse en los arsenales bélicos mundiales, como una muestra más de que el avance tecnológico tiene un impacto decisivo en las estrategias militares.
Claro que sólo ciertos países podrán contar con equipos sofisticados que permitan sobrevolar un área por más de 10 horas o disparar armas en contra de vehículos blindados u otra aeronaves, pero para labores de vigilancia existe una amplia gama de modelos que permiten a cualquier pelotón contar con una valiosa ayuda al momento de recorrer una zona boscosa o selvática, anticipando la presencia del enemigo en cualquier hora del día o condición climática, salvando vidas y contribuyendo al eficaz cumplimiento de la misión.
Por supuesto que esta tecnología cuenta con desventajas, como se evidenció en 2011 cuando la flota de MQ-1 Predators de Estados Unidos tuvo que quedarse en tierra por el ataque de un virus informático.
Guerra cibernética
En la edición pasada de Campo Marte hacíamos referencia a la manera en que, a lo largo del planeta, las fuerzas armadas han incorporado unidades destinadas a un nuevo campo de batalla: el ciberespacio.
Para el especialista en seguridad del gobierno de Estados Unidos Richard Clarke, la guerra cibernética es el conjunto de acciones llevadas por un Estado para penetrar en los ordenadores o en las redes de otro país, con la finalidad de causar perjuicio o alteración.
Irán sufrió un ataque de esta naturaleza que estropeo las centrifugadoras de una de sus centrales nucleares, en donde se pensaba que estaba desarrollando armas atómicas, a través de un virus informático que después la prensa estadounidense revelaría había sido creación de la NSA.
Es claro que, a través de este tipo de guerra, se puede afectar la infraestructura básica de un país, como la red eléctrica, algo que beneficiaría a uno de los bandos en un conflicto bélico, así como la posibilidad de interceptar la información que uno de los participantes estuviera almacenando para la toma de decisiones.
Eugene Kaspersky, fundador de Kaspersky Lab y citado en la Wikipedia, ha señalado que las armas cibernéticas a gran escala, como las llamadas Flame y NetTraveler descubiertas por la empresa que fundó, son el equivalente a armas biológicas que en un mundo interconectado tienen el potencial de ser igualmente destructivas.
El objetivo de este tipo de guerra es sabotear las instalaciones vitales del enemigo y robar información valiosa sobre sus operaciones, número de efectivos y estrategias.
Existen muchos ejemplos de cómo este tipo de operaciones puede burlar las defensas más sofisticadas, como lo ejemplifica el caso de un grupo de hackers que lograron desviar un satélite militar británico pidiendo una gran cantidad de dinero para regresarlo a su órbita.
Desde el inicio de las operaciones en Ucrania, la prensa ha estado al pendiente del frente cibernético, informando del ataque que poco más de 70 páginas web del gobierno de dicho país sufrieron el 14 de enero de 2022, lo que llevó a la citada nación, por medio de su Ministro de Transformación Digital y Primer Viceprimer Ministro, Míjail Fedorov, a la creación del Ejército de TI, compuesto por voluntarios especialistas en hackeo y otras especialidades relacionadas.
De acuerdo a la agencia Reuters, el gobierno ucraniano solicitó voluntarios clandestinos, principalmente piratas informáticos para ayudar a proteger la infraestructura crítica y realizar misiones de espionaje cibernético contra las tropas rusas.
Otras tareas encomendadas fueron los ataques a las redes eléctricas y ferroviarias rusas, con el objetivo de retrasar o impedir el traslado de tropas o equipos a la zona del conflicto.
Como es evidente con la información presentada, cualquier estrategia en el teatro de operaciones debe tener en cuenta la utilización de este tipo de acciones, así como la defensa a las mismas, pues se trata de un recurso que puede ayudar a cambiar la ruta de un ejército o de apoyar su victoria.

Propaganda
Desde luego que conquistar un territorio no es lo único que debe hacer una fuerza armada, pues también hay otras armas que entran en juego antes, durante y después de una batalla.
Si alguna actividad se ha mantenido y modernizado gracias a la tecnología, esta es la propaganda, la cual ha sido enseñada no sólo en el campo militar sino en diversos ámbitos civiles gracias a lo logrado en la segunda guerra mundial por personajes como Joseph Goebbels.
La propaganda puede influir en la moral de la tropa y de la población, puede incidir en la toma de decisiones de los estrategas o mal informar de lo que sucede en el campo de batalla, por lo cual también es tomada en cuenta en la actualidad, pues también es considerada un recurso más para el desarrollo de las misiones.
Si en la segunda guerra mundial se lanzaban desde aviones en vuelo panfletos buscando confundir, desmoralizar u orillar a la rendición a una población determinada, ahora es través de los medios de comunicación, principalmente por las redes sociales, que se lleva a cabo este tipo de actividades.
Incluso, la reciente polémica por las sancione que la Unión Europea impuso a medios oficiales rusos como Russia Today o Sputnik, cae en en este terreno, pues aunque para algunos se trata de un acto de censura, para otros –en algo que justificó la medida– se trata de bloquear los esfuerzos propagandísticos de dicho país, que ha sido señalado como uno de los que más esfuerzos realiza en este campo a través no sólo de los citados medios, sino de equipos coordinados que a través de las redes sociales se encargan de enviar mensajes favorables para Rusia y contrarios a sus adversarios, a pesar de que en muchas ocasiones puedan no corresponder con la verdad.
Lo que se ha visto recientemente en Ucrania nos enseña que esto sigue vigente y se utiliza ampliamente por todos los bandos involucrados, llegando al extremo de crear historias que buscan justificar ciertas acciones militares.
Cabe recordar que fue duramente criticada la versión de que Irak tenía armas de destrucción masiva, como una manera de justificar la invasión del bloque encabezado por Estados Unidos, que luego se revelaría como falso, a pesar de las miles de vidas que costó la operación militar.
En Ucrania, empezamos a leer y escuchar versiones similares, además de historias como las del “fantasma” de Kiev, un piloto de caza ucraniano que, de acuerdo a la versión, se ha convertido en la pesadilla de los aviones rusos, pero sin que hasta el momento se pueda verificar su identidad o las victorias que los propagandistas de este bando le achacan.
El factor mundial
Creer que, como en el pasado, lo que sucede en cierta parte del mundo no afecta al resto del planeta es no estar actualizado.
El conflicto en Ucrania hace pensar a muchos en una tercera guerra mundial y podrían no estar equivocados, pues tan sólo de pensar en el número de países involucrados en ambos lados de la confrontación nos lleva a recordar otras guerras pasadas.
Así, Rusia cuenta con el apoyo de contingentes chechenos, de militares sirios y bielorusos, además de sus propias fuerzas, en tanto que Ucrania a recibido apoyos, armas incluidas, de países europeos.
Además, es necesario comentar los efectos que en el precio de los combustibles han tenido muchos países, como es el caso de los propios Estados Unidos, que han visto como el precio de la gasolina aumenta.
Asimismo, las sanciones que se le han impuesto a Rusia y la manera en que han reaccionado otros países como China, nos muestran que se trata de un conflicto que si bien se pelea en una zona de Europa, tiene consecuencias para el resto del planeta.
Otro tema a destacar es el de los refugiados, miles de los cuales provenientes de Ucrania han sido recibidos en países como Polonia, que además han provocado reacciones en otras zonas del mundo a manera de protestas por lo sucedido, así como el envío de ayuda humanitaria.
Desde que la televisión llevó a los hogares estadounidenses las imágenes de la guerra de Vietnam, contribuyendo así a la derrota de dicha nación ante la creciente inconformidad de su población por las bajas, el crecimiento del alcance de los medios de comunicación y el surgimiento de las redes sociales provocaron que todos nos enteráramos de los que pasa a miles de kilómetros de distancia, incluso en tiempo real, con las consiguientes reacciones del público, que lo mismo exige a sus gobiernos acciones para detener las batallas, apoyar o condenar las sanciones, o coordinarse para el envío de ayuda a los afectados por la guerra.
El mundo está conectado y las repercusiones de lo que sucede en algún lugar llegan a territorios totalmente alejados.
Tan sólo hay que pensar en que estamos en una época en que una enfermedad que tuvo sus primeros contagios en China ha alcanzado al resto del mundo, provocando el cierre de actividades, encierro y crisis económica.
Así, la guerra en Ucrania es algo que ya nos alcanzó y que no sólo es tema de conversación, sino de preocupación mundial.





