Como en cualquier batalla, los participantes preparan sus estrategias y tácticas para alcanzar la victoria, sólo que sus armas no son fusiles o bombas, sino argumentos, imágenes, estudios de opinión, alianzas y mensajes, miles de mensajes durante la campaña. No es gratuito que el término campaña tenga uso tanto en el ámbito de la competencia electoral como en el militar, pues los estrategas consideran las debilidades y fortalezas de los adversarios para planear sus movimientos.
Así, la competencia en unas elecciones puede convertirse en una pequeña guerra en términos que se deciden ofensivas y defensas ante lo que el competidor pueda hacer.
En 2021, México tendrá la campaña electoral más grande de su historia por las elecciones concurrentes que tendrán lugar, pues además de acudir a las urnas para elegir 300 diputados de mayoría y 200 de representación proporcional, también se votará por la renovación de 15 gubernaturas y cientos de presidencias municipales, diputaciones locales y demás cargos de elección.
Participarán tanto partidos políticos con registro nacional como formaciones locales en todas las entidades del país.
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Cada candidato, independientemente del cargo al cual aspira, buscará ganar el voto de los ciudadanos, recurriendo a mensajes que busquen llegar al resorte emotivo que todos tenemos dentro.
Los abanderados de los diferentes partidos desplegarán las que creen son sus mejores armas: su experiencia, género, edad, preparación académica, resultados previos, así como promesas de campaña mediante las cuales buscan resolver los problemas que la ciudadanía tiene y que representa varias de sus preocupaciones.
Pero será interesante ver como candidatos y partidos enfrentan a un enemigo que se antoja muy difícil de derrotar.
En una encuesta reciente de Consulta Mitofsky, acerca de la opinión ciudadana de los partidos políticos, se encontró que 52.8% de los entrevistados declararon no sentirse identificados con ningún partido.
Asimismo, el 64.5% declaró que no confía en los partidos, contra un 11.8 que asegura sí hacerlo y un 23.7% que no respondió.
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Los entrevistados en esta encuesta consideran a los partidos corruptos en un 72.7%, que no escuchan a la gente en un 75%, son atrasados en un 57%, sólo trabajar por sus intereses en un 85.5% de los casos, sin preocupación por formar buenos gobernantes en 79% de las respuestas, que dividen a los ciudadanos en un 95.5% de los que participaron en el sondeo y que se están debilitando en un 72.3%.
A la pregunta de si se está de acuerdo con la afirmación de que los partidos están en crisis, la razón de esto para los encuestados es porque sólo piensan en sus intereses en un 41.2% de las respuestas, por los malos gobernantes que han generado en un 36.6% de los casos y por los escándalos de corrupción en un 19.3%.
Una respuesta interesante es la que pregunta si el país necesita a los partidos, a los que el 54.9% de los que respondieron dijeron que no, contra 32.6% que aseguró que sí. Se trata de datos que confirman que el 2021 se tendrá una batalla reñida y con un pronóstico reservado, en la cual ganará quien sepa tomar las mejores decisiones a tiempo





