Los desafíos de los Ejércitos de Latinoamérica para la próxima década

Los desafíos de los Ejércitos de Latinoamérica para la próxima década

Los países hermanos de Latinoamérica comparten una serie de rasgos históricos, económicos, socioculturales y políticos que conforman una gran región que también enfrenta problemas similares: pobreza, falta de desarrollo, inseguridad, narcotráfico, debilidad institucional, entre otros.

En el caso de sus fuerzas armadas, la situación es la misma: estos países tienen milicias similares con objetivos parecidos de cara a la próxima década.

Sin embargo, sus contextos particulares los obligan a tener prioridades muy específicas.

Por ejemplo, en los países de Centroamérica buscan fortalecerse para hacer un frente común a las rutas del narcotráfico, que comunican las zonas de producción en el “Cono Sur” hacia Estados Unidos.

Mientras que, en Sudamérica, además de proteger sus enormes fronteras de las rutas que utiliza el crimen organizado, también buscan fortalecerse institucionalmente, pues varios de estos países tienen pasados recientes de dictaduras militares o bien sus gobiernos y milicias tuvieron una fuerte infiltración del crimen organizado.

En el libro Desafíos para la seguridad y la defensa en el continente americano 2020-2030, compilado por el Instituto Athena Lab en Santiago de Chile en 2020 se muestran varios casos de la región que describen muchos de estos problemas y cómo cada uno de ellos los ha atendido de acuerdo con sus propias prioridades.

“Se trata de una región donde la guerra entre Estados parece altamente improbable”, explica James Stavridis, almirante retirado de la Armada de EEUU con cargos como comandante supremo aliado en la OTAN y del Mando Europeo de los EEUU.

Por lo que advierte que las milicias de la región deben enfrentar otros problemas como: “el narcotráfico, la violencia de las pandillas y las olas de migrantes que cruzan por todo el continente, provocados por la pobreza y la desigualdad de sus sociedades”.

Con esta particularidad, “muchos países han tenido que desplegar sus fuerzas armadas en distintas tareas, que incluyen ayudar a controlar cuarentenas, proteger fronteras, distribuir insumos médicos, trasladar pacientes críticos y prestar sus capacidades hospitalarias a los servicios nacionales de salud”, explican los compiladores del libro, John Griffiths y Juan Pablo Toro.

Además, señalan que “el fenómeno de la pandemia obligó a los gobiernos de todo el mundo a ampliar el espectro de funciones que realizan sus fuerzas armadas en ámbitos que no tienen que ver con lo bélico, como: la atención a la población ante catástrofes naturales; emergencias sanitarias; defensa de recursos naturales; mejor control de los espacios terrestres, marítimos y aéreos y despliegues en operaciones de paz”.

Centroamérica: El aumento de capacidades operativas para combatir al crimen

“Las fuerzas armadas de los países centroamericanos comprenden que sus capacidades tienen que garantizar la soberanía territorial de naciones y, a su vez, la independencia de las decisiones de sus ciudadanos”, indica, Mario A. Duarte García, exsecretario de Inteligencia Estratégica de Guatemala.

En su ensayo, el exfuncionario mencionó que a partir de 1997 los ministerios de la Defensa de Guatemala y El Salvador, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras y el comandante en jefe del Ejército de Nicaragua propusieron crear la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas, “en busca de continuar la integración militar en la región”.

“Es un organismo internacional instituido para contribuir a la seguridad, desarrollo e integración militar de la región y realizar operaciones humanitarias y de mantenimiento de paz en el marco de las Naciones Unidad, que también promueve un nivel óptimo de defensa contra amenazas a la democracia, la paz y la libertad”.

El especialista indica que esta Conferencia también busca desarrollar operaciones y patrullajes coordinados para contrarrestar el narcotráfico y el terrorismo internacionales, el crimen organizado, organizaciones criminales como las pandillas criminales, la migración ilegal o la destrucción de recursos naturales.

Argentina y la defensa de sus fronteras

En el cono sur, las prioridades son diferentes, de acuerdo con Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, Buenos Aires, el ejército argentino tiene como prioridad proteger la soberanía de su territorio, principalmente en sus aguas territoriales, en el Atlántico Sur, como en la región de la Antártida que administra.

Además, advierte que deben poner especial atención en la región noreste del país, donde confluye su frontera con Brasil y Paraguay.

Es una región donde han aumentado actividades como el terrorismo, el narcotráfico y el tráfico de armas.

También es una zona donde ha crecido la influencia del crimen organizado brasileño, con grupos como el Comando Vermelho y el Primer Comando Capital, que ya se han extendido a Paraguay y a la provincia de Misiones.

En el extremo opuesto del país, en el surponiente, enfrentan un problema para preservar sus recursos naturales, donde reside el principal yacimiento de hidrocarburos.

“Allí el objetivo es preservar la seguridad de la región de invasiones de grupos indígenas, en una región sumamente atrasada en desarrollo”, que además hace frontera con Chile, al otro lado de los Andes, plantea.

Brasil y el fortalecimiento institucional para defender la soberanía nacional

En el caso de Brasil, padecen una crisis política a partir de 2013 cuando Dilma Rousseff tuvo que dejar el poder, en medio de acusaciones de corrupción.

Casi nueve años después prevalece la desconfianza de los ciudadanos sobre las instituciones políticas y el sistema partidario, en el contexto de una polarización ideológica y una economía débil.

En este contexto, Thiago Rodrigues, doctor en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

y Mariana Khalil, profesora de Geopolítica de la Escuela Superior de Guerra del Ministerio de Defensa de Brasil mencionan que: “El Ministerio de Defensa está soportado por una burocracia cívico-militar que proviene de la época de la dictadura de los años 60 y que su objetivo más importante es garantizar la soberanía de un territorio que supera los 8.5 millones de km2”.

Además, su equipo militar es escaso y obsoleto. El gobierno brasileño ha recibido apoyo tecnológico y económico de países como Suecia o Francia, con el que han fortalecido su flota de aviones y sus submarinos.

Pero en realidad, el país todavía necesita desarrollar su industria militar.

Adicionalmente, el país enfrenta un severo problema de narcotráfico y trasiego de drogas, debido a lo extenso de su frontera y a que en muchas regiones son espacios agrestes de selva, “particularmente en la Amazonía y El Pantanal”.

“La llegada a la Presidencia en 2019 de Jair Bolsonaro, un excapitán del Ejército de Brasil abrió importantes interrogantes sobre la actuación política de los militares con un discurso de carácter nacionalista que ha atraído apoyo de militares, en todo el servicio público”, explica.

Los autores refieren que Brasil tiene como prioridad fortalecer sus instituciones civiles para eliminar el riesgo de un nuevo golpe militar, pero al mismo tiempo le urge una capacidad de movilización para poder proteger sus fronteras del crimen organizado.

Colombia: la institucionalización del Ejército luego de la Guerra

Finalmente, Juan Carlos Pinzón Bueno, exministro de Defensa de Colombia y exembajador de Colombia en EEUU menciona que el país “cuenta con unas Fuerzas Armadas heroicas que mantuvieron en pie al país, incluso en momentos críticos como la guerrilla y el fuerte narcotráfico que lograron gran poder durante las décadas de los años 80 y 90 del siglo pasado.

“Sin apoyo político ni presupuesto enfrentaron decididamente a la alianza robusta entre los poderosos cárteles del narcotráfico y las guerrillas marxistas, que se convirtieron en una de las organizaciones armadas irregulares más poderosas del mundo”, detalló.

Y, gracias al apoyo del gobierno de EEUU, a partir de 1999 las fuerzas armadas de Colombia comenzaron un periodo de recuperación de sus capacidades y despliegue a lo largo del territorio con miras a recuperar el “estado fallido” que provocó la influencia del terrorismo, el narco y el crimen organizado.

“A partir del 2007 las fuerzas armadas iniciaron un proceso sostenido de transformación y modernización, sobre una idea estratégica que se desarrolló de manera adaptativa durante 15 años y que deberá estar cristalizada en su totalidad hacia el 2030.

Su objeto principal, derrotar definitivamente los factores de desestabilización”, plantea el exfuncionario militar.

Para ello, cuando el autor ocupó cargos importantes en el Ministerio de Defensa entre 2006 y 2015 se aplicó un plan de inversión de 8 mil millones de dólares “destinados al desarrollo de capacidades estratégicas, de operaciones especiales, inteligencia, control territorial, movilidad, comunicaciones, capacidades no cinéticas y bienestar de la tropa”, finalizó el experto.

Como planteamos al inicio, Latinoamérica tiene problemas comunes a nivel regional y, por el concepto de amistad que existe entre las naciones que comprenden esta parte del planeta, es complicado que exista un conflicto bélico.

Sin embargo, los problemas de inseguridad, pobreza y falta de oportunidades generan la violencia criminal que está presente en prácticamente todo el continente y, para combatir a estos grupos, al tiempo de proteger las diferentes soberanías nacionales, cada país tiene prioridades muy particulares, que dependen de su propio desarrollo socio político y de su estructura institucional.

Aunque el intercambio de experiencias les ha servido para mejorar estos proyectos de desarrollo de sus respectivas fuerzas armadas.

Ojalá que para la siguiente década el avance institucional sea evidente en los diferentes países y mejore la paz y el combate al crimen organizado en toda la región.

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