Los dilemas de Biden Polarización social y guerras comerciales

Los dilemas de Biden Polarización social y guerras comerciales

Si la presidencia de la nación se gana con la mayoría absoluta de los 538 votos electorales, el voto popular masivo refleja la correlación de fuerzas de la sociedad.

Y ahí Donald Trump tuvo una de las victorias conservadoras estratégicas más importantes de toda la historia de los últimos cien años: 47.2%, contra 51.1% del demócrata Joe Biden.

Las cifras se prestan para juegos cuantitativos importantes: Biden logró 6.1 millones votos más que Trump, pero el crecimiento de 2016 a 2020 de cada uno de los partidos logró al final una diferencia de sólo 3.2 millones de votos.

Trump aumentó 11 millones de votos sobre hace cuatro años y Biden tuvo 14.2 millones más que Hillary Clinton.

En suma, la gran victoria estratégica fue de Trump porque consolidó el voto conservador radical y le disminuyó posibilidades al demócrata Biden de deshacer lo hecho por Trump en sus cuatro años de gobierno.

Ahí, es esa eterna lucha entre conservadores y liberales, hubo una victoria para los primeros porque nunca se había visto una base electoral militante apoyando a uno de los presidentes con mayor desprestigio personal en la historia.

El problema ha radicado en el enfoque analítico. Las evaluaciones en medios liberales y en el exterior se han basado en resquemores tradicionales del progresismo antiestadunidense.

Obama, por ejemplo, consiguió una buena base política de popularidad en el extranjero, pero menor a la esperada por la dialéctica sociológica derivada del color de su piel: ser afroamericano le ayudó un poco en lo personal, pero no cambió el tono de crítica contra el modelo imperial estadunidense que Obama llegó a resguardar y sacar del hoyo de la crisis financiera de 2008-2009.

Los republicanos potenciaron la figura de Trump, con todo y sus excesos personales criticables, como una figura del nuevo conservadurismo estadunidense, más puritano que liberal.

La gente que votó por Trump lo hizo con mayor convencimiento que los que sufragaron por Biden, buena parte de éstos azuzados sólo por repudiar a Trump que por creer en la figura gerontocrática de Biden o en la propuesta femenina de Kamala Harris, no afroamericana, sí jamaicana, es decir, sin la conciencia histórica de la negritud rebelde de lucha contra el esclavismo estadunidense del siglo XIX.

Los dilemas de Biden Polarización social y guerras comerciales

Los votos electorales a favor de Biden fueron de la conciencia de parar el avance de la ultraderecha puritana de Trump; si el gobierno Biden no logra construir una alternativa de repudio de las políticas de Trump ni consigue diseñar una nueva propuesta social, entonces en el 2024 regresarán los republicanos.

El problema radica en que los demócratas se cohesionaron para votar contra Trump sin que Biden-Harris pudieran presentar una propuesta real, de fondo, alternativa.

La diferencia de votos y el posible control de republicanos del Senado le atarán las manos a Biden.

Y si no define antes de su toma de posesión el 20 de enero una propuesta de gobierno integral y de fondo, entonces la crisis de expectativas estallará desde el inicio de su administración.

Pero por lo que se ha visto en las primeras semanas de la victoria del 3 de noviembre, Biden representa, en los hechos, el “tercer periodo de gobierno” de Obama, pero con los datos reveladores que el proyecto Obama fue derrotado, de manera paradójica, por Trump en el 2016, en el entendido de que entonces Hillary Clinton era candidata de Obama como hoy lo fue Biden.

Lo que queda es la polarización estadunidense en dos hemisferios, el republicano cohesionado y el demócrata demasiado frágil.

Los demócratas están divididos entre los tradicionalistas que pactaron un acuerdo con los republicanos conservadores anti Trump y los autodenominados como de “izquierda” estatista por su propuesta de que Biden construya un Estado de bienestar tradicional con subsidios a los pobres, cuando en realidad la competencia por la riqueza ha sido el motor del capitalismo estadunidense.

Sobrecargar al Estado con un sector salud social, con educación gratuita y con salarios subsidiados debilitaría la dinámica del capitalismo de competencia que ha sido el eje dinamizador del capitalismo.

Pero el primer mensaje de Biden a su flanco izquierdo ya fue expresado: el autocaracterizado como “socialista” Bernie Sanders, un multimillonario con planes estatistas, quería ser secretario del Trabajo de Biden, pero el presidente electo ya le dijo que lo necesita en el senado y no en el gabinete.

El espacio de consolidación de Biden no estará en el fragmentado frente interno, sino en el exterior: la reconstrucción de una estrategia estadunidense en materia militar, de guerra de bloques ideológicos y sobre todo de administración de la crisis pos-pandemia.

Europa saludó a Biden como el nuevo “líder del mundo libre”, frente a una China que ejerce el poder blando de las inversiones como conquista y no las cañoneras tipo los EE.UU.

En este sentido, el escenario internacional no parece propicio para los planes de Biden.

La guerra de seguridad nacional ya no se resolverá con ejércitos ni misiles, sino con el avance comercial.

En los años de Trump logró China un poder comercial que pudiera ejemplificarse con el modelo competitivo con los estadunidenses: mientras éstos quieren regresar a las cañoneras y los portaviones, China ha puesto las bases del comercio marítimo que abarca Asia y Europa, construye puertos y conquista aliados con inversiones para su expansión comercial.

Biden ganó, pero tendrá un país dividido y un mundo que no se dominará con guerras sino con comercio.

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