Seguridad Pública en México. Problemas, perspectivas y propuestas, UNAM, serie Justicia, 1994. Como ayuda de memoria este libro debe revisarse a la luz del deterioro de la seguridad y de la insuficiencia de las iniciativas gubernamentales.
Los seis capítulos insertan la seguridad en el sistema político, teorizan sobre el problema de la seguridad, pasan revista al marco legal, presentan un diagnóstico antes de la crisis de seguridad, comparan a México con 22 países y ofrecen una perspectiva que se tenía la seguridad en 1994.
Cabe señalar que ya desde entonces, 1994, se veía a la seguridad como un problema grave y complejo y se convocaba a la fuerza del Estado para colocar a la seguridad como una prioridad esencial.
Y como dato adicional, este libro llama la atención al problema número uno: el deterioro de las policías.
La guerrilla recurrente, Carlos Montemayor, editorial de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1999.
El revuelo que causó el elogio de un funcionario del Instituto de Estudios de las Revoluciones de México a la Liga Comunista 23 de Septiembre puede tener referentes en el pequeño libro de 62 páginas del poeta y activista Montemayor, re gran reconocimiento en la comunidad intelectual.
Montemayor racionaliza la guerrilla del EZLN en el escenario de la imposibilidad de una guerra, pero del costo político y social de la incertidumbre de soluciones.
Asimismo, llama la atención al mensaje de desigualdad, marginación y demandas de las comunidades indígenas, vistas ya como un asunto de gobernabilidad, Y queda la idea de que la guerrilla siempre podrá ser una salida violenta de sectores que no forman parte de las decisiones institucionales del Estado.
De la guerra, Karl von Clausewitz, editorial Colofón, 1999. El libro de Clausewitz se ha convertido en un clásico del enfoque político de las guerras. Esta perspectiva es la que domina, por ejemplo, las decisiones de los EE.UU., como guerras imperiales de expansión económica, pero también de dominación política.
Entre otras, hay guerras caracterizables: las troyanas que son provocadas por una mujer y las de previsión como la del Peloponeso entre Esparta y Grecia para evitar la consolidación del adversario.
Ahora en los EE.UU., se relee la Historia de la guerra del Peloponeso, de Tucídides, como escenario de la ofensiva de los EE.UU., contra China.
Clausewitz ha sido revalidado en tanto que define la política como el eje de las guerras, tanto entre naciones como entre Estados y grupos delictivos.
España, un relato de grandeza y odio
Luis María Anson, académico de la Real Academia Española, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, publicó este artículo en El Cultural, revista de referencia de la vida intelectual española.
Reproducido íntegramente por Google y comentado extensamente en las redes sociales, se refiere al gran libro que sobre España acaba de publicar José Varela Ortega.
Por fin, un libro capital, tal vez el más importante que sobre la historia de España se ha escrito en los últimos cien años: España, un relato de grandeza y odio.
Varela Ortega vertebra la España invertebrada y resuelve el enigma histórico de España planteado por Claudio Sánchez- Albornoz en un libro esencial al que dediqué una extensa crítica en el ABC verdadero el 5-XI-1958, hace más de sesenta años, y unos meses después, el 20-I-1960, una tercera del periódico en la que, con la audacia de mi primera juventud, me introduje en el ácido debate que, entre las cañas y las lanzas, mantenían Américo Castro y Sánchez-Albornoz.
Muchos años después vinieron a almorzar un día a casa Sáinz Rodríguez, Marías, Sánchez-Albornoz y Madariaga.
Saqué la conclusión, tras una conversación de varias horas, de que la razón histórica estaba al lado del historiador abulense, sin disminuir la calidad literaria por encima de la histórica de Américo Castro.
Por fortuna todos estuvieron de acuerdo sobre la significación del Periodismo contemporáneo y su decisiva aportación al estudio de la Historia.
Mención aparte para el idioma de San Juan de la Cruz y Pablo Neruda. Cervantes en el Persiles deja constancia de que en la Francia del XVI “no había francés culto que no aprendiera castellano”.
Para el cardenal Richelieu, el español era la lengua diplomática y en ella conspiraba con catalanes y portugueses porque “los idiomas no estamos en guerra”.
Luis XIV, el Rey Sol, dominaba el español. Y en la lengua de Quevedo y Borges, habló Antonio Pérez, exiliado, con Isabel I de Inglaterra.
Entre millares de hechos del mayor interés todo esto se recoge en España, un relato de grandeza y odio.





