Lucha de clases en EE.UU.

Lucha de clases en EE.UU.

El día de la toma de posesión de Donald Trump el 20 de enero de 2017, hubo enfrentamientos violentos en la tarde y noche en las calles de Washington alrededor de la Casa Blanca entre grupos radicales de izquierda y de derecha.

El grupo Antifa –antifascistas– cargó contra seguidores de Trump, mientras otros simpatizantes del nuevo presidente se movilizaban contra los agitadores.

La polarización ideológica entre grupos de activistas siempre ha existido en EE.UU., aunque sin llegar a caracterizar un perfil de terrorismo interno.

Los promotores de los choques serán pocos, todos ellos preparados para la batalla con vestimentas negras, pasamontañas y bombas caseras o de gas pimienta, algunos palos para romper vidrios.

Lo ocurrido el 6 de enero de 2021 en el Capitolio exhibió mayor organización de grupos, entrenamiento militar y muchas armas de fuego al ampro de la Segunda Enmienda y la validez de las milicias armadas.

No fue un intento de golpe de Estado, porque hasta ahora no parece haber un liderazgo institucional militar a favor de la ultraderecha.

Se han detectado apoyos policiacos y de algunos militares a los supremacistas, pero no al grado de salir a la superficie o de exhibirse sin restricciones.

Lucha de clases en EE.UU.

Los primeros indicios señalaron que los grupos violentos en el Capitolio recibieron apoyo de policías, pero no pudieron identificarse vasos comunicantes orgánicos.

No hay registros oficiales de las organizaciones ultras de derecha, pero algunos medios han aventurado la cifra de cuando menos mil organizados y con algunas participaciones públicas.

Eso sí, se ha logrado definir las razones del extremismo: la religión, el sistema político, el socialismo, la raza, el poder y el Estado.

Al mismo tiempo, se ha comenzado a analizar la relación entre las expresiones radicales y armadas de la derecha y algunos comportamientos del Estado en el interior y el exterior para imponer la hegemonía del mismo, igual a través del FBI que del ejército en el exterior, sobre todo en el medio oriente.

El eje del extremismo de derechos se define por el modelo del KKK –Ku Klux Klan–, una organización racista nacida en su primera versión en 1865 justo después de la guerra civil que liquido el esclavismo, renovada al comenzar el siglo XX y agotada en los años treinta, aunque sobreviviente en pequeñas células rurales y urbanas como sociedad secreta.

Ahora los grupos son más activistas, más externos, más visibles, participan de las luchas callejeras, no dudan en exhibir sus armas y su agenda racista y supremacista ha encontrado apoyos en niveles altos de gobierno.

El grupo Southern Poverty Law Center ha hecho una indagación sobre los diferentes grupos con prácticas racistas y encontró un aumento de 599 en 2000 a 838 en 2020, las más visibles.

Su mapa (https://www.splcenter.org/hate-map) los presenta por situación geográfica del medio este.

Hoy destacan Proud Boys con el apoyo de Trump, QAnon, Al-Right, 3%, People Right´s.

Además de los milicianos han destacado agresores individuales como el atacante de migrantes en un Wal Mart de El Paso, Texas, con un manifiesto racista o los conocidos lobos solitarios y atacantes individuales como el conductor que atropello una marcha en Charlottesville en 2017.

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