En septiembre pasado, la agencia DEA –grupo policiaco antinarcóticos de Estados Unidos dependiente del Departamento de Justicia– realizó un operativo espectacular dentro del territorio americano contra posiciones acreditadas al Cártel Jalisco Nueva Generación, el segundo en importancia después del desguanzado Cártel de Sinaloa del encarcelado Chapo Guzmán.
En términos muy concretos, la DEA venía denunciando en sus reportes anuales que los cárteles de Sinaloa y de Jalisco eran los encargados de producir drogas químicas en México y meterlas de contrabando a Estados Unidos y enormes y poderosas células de ambos cárteles tenían la función de distribuir la droga en los 50 estados de la Unión americana, venderla al menudeo en las calles en sociedad con traficantes locales y lavar el producto de la droga en el sistema financiero y bancario americano.
A pesar de haber descubierto con mucha anticipación la instalación y consolidación de cárteles mexicanos en territorio estadounidense, la DEA ha realizado solo muy pocos operativos, pero sin que defina formalmente una estrategia para desmantelar las estructuras formales de cárteles mexicanos dentro del territorio americano.
Lo que debe quedar claro en la percepción de las estructuras del narcotráfico mexicano y extranjero que está asentado de tiempo completo dentro de las fronteras de Estados Unidos es que las autoridades americanas cuentan con la información suficiente para identificar zonas, flujos y ventas de droga al interior del país, pero que es la hora en que no existe ningún plan concreto para el de mantenimiento total de los cárteles extranjero.
Pero el problema más grave radica en el hecho de que los cárteles mexicanos y colombianos –sobre todo– han logrado establecer relaciones muy concretas con formaciones delictivas estadounidenses y que las estructuras del tráfico de drogas para consumo al menudeo desde cuándo que ha rebasado la capacidad de las autoridades para impedir que los adictos americanos tengan acceso público a la droga.
En este escenario, el problema del tráfico de drogas en Estados Unidos ya no son los cárteles mexicanos, inclusive y a pesar de que hayan sido atacados con algunos operativos. Lo que Estados Unidos tiene claro y no ha dado a conocer es la existencia de estructuras de cárteles del narcotráfico dentro de Estados Unidos y que las manejan los propios americanos, porque al final de cuentas los cárteles mexicanos son solamente proveedores de la droga.
Mientras autoridades no se decidan atacar a los cárteles americanos, el problema de la droga para consumo cotidiano seguirá creciendo.





