Nuevo desorden mundial

Nuevo desorden mundial

En el fondo –aunque quizá muy en el fondo– la guerra Rusia-Ucrania fue motivada por los intereses de la Casa Blanca de Joseph Biden para construir un nuevo orden hegemónico favorable a la seguridad nacional unidireccional de Estados Unidos.

La novedad en el escenario asiático radica en el nuevo modelo de expansionismo imperial de Estados Unidos –también muy conocido– de utilizar la mano del gato para sacar las castañas del fuego: la Casa Blanca de Biden está viendo con claridad que el poder dominante de Washington está siendo consolidado por la sociedad ucraniana que está defendiendo su soberanía, aunque con claros indicios de que el gobierno de Volodímir Zelenski es funcional a los intereses de la seguridad nacional americana.

La Casa Blanca está construyendo un nuevo modelo de dominación mundial que ya no sacrifica a los soldados estadounidenses ni implica decisiones de invasión militar territorial de otros países, aunque a costa de que sean países estratégicos los que pongan y sacrifiquen a sus muertos.

La estrategia de Biden se complementa con las presiones intensas de seguridad nacional militar hacia América Latina para subordinar a los gobiernos de la región –la mayoría de ellos con enfoques populistas, antinorteamericanos y simpatizantes de Rusia– a someterse a las decisiones estadounidenses de sanciones económicas al gobierno de Putin.

Muchos de los gobiernos de la región han aceptado condenar la guerra, pero se han negado a sumarse a las sanciones que no afectan posiciones militares, sino que quieren dañar estructuras civiles rusas.

El único problema que enfrenta la estrategia estadounidense se encuentra en la duración de los combates en Ucrania y en la dinámica mediática de mostrar los estragos sociales de la guerra con presiones populares para un alto al fuego y una negociación de un nuevo gobierno en Ucrania.

La ofensiva de Putin se sustentó en la tesis geopolítica de que el gobierno de Biden estaba presionando con urgencia la incorporación de Ucrania a la OTAN como la gran organización militar estadounidense en Europa y por lo tanto la colocación de tanques y misiles americanos en la frontera física con una parte de Rusia.

La victoria de Putin no estará en tomar el gobierno de Ucrania, sino en dejar en claro que no permitirá mayores socios exsoviéticos en la OTAN.

En este contexto la guerra Rusia-Ucrania beneficiará en la definición de las líneas rojas de Putin en la frontera geoestratégica como una especie de simbólico nuevo Muro de Berlín. Y el gran derrotado será Biden y su geopolítica de nueva hegemonía.

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