La relación geopolítica de la administración de Donald Trump hacia México estuvo determinada por enfoques solo empresariales, abandonando el viejo esquema de dominación de los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.
El presidente Biden ha querido regresar al posicionamiento hegemónico de los enfoques estadounidenses geopolíticos, sin negociarlos con los ya definidos intereses nacionales mexicanos.
La agenda estadounidense con México se resume a cinco puntos concretos: migración, narcotráfico, inversión extranjera, Rusia y geopolítica de México hacia la amplia y compleja zona estratégica al sur del río Bravo y hasta el Caribe.
La guerra de Ucrania vino a descomponer el escenario bilateral porque México se percató un poco tarde de los intereses de seguridad nacional estadounidense que motivaron la radicalización militar de Ucrania y la respuesta militar del Kremlin.
El eje de la nueva relación México-EU quedó claro en cuando menos dos puntos básicos: el discurso de regreso del viejo imperialismo estadounidense que pronunció el presidente Biden en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero del año pasado y después la estrategia provisional de seguridad nacional de la Casa Blanca de marzo de 2021.

En Múnich impuso Biden el discurso del regreso de Estados Unidos al liderazgo mundial y en su estrategia definió como prioridades mundiales las de la seguridad nacional estadounidense resumidas en la frase del american way of Life o modo de vida estadounidense, es decir, el confort de la clase dominante americana como eje de funcionamiento económico del mundo.
El Gobierno del presidente López Obrador no le dio prioridad a la relación con Estados Unidos, a pesar de la carga que representaba el narcotráfico, la migración, la arrogancia de las empresas americanas instaladas en México vía el Tratado y sobre todo los cambios de Gobierno en países importantes para la minúscula geopolítica latinoamericana con el ascenso de grupos de corte ideológico progresista y populista, con bastante distancia y enfriamiento a la vieja dominación de la Casa Blanca.
A los cinco temas vitales de la relación bilateral se agregó uno de corte coyuntural que será determinante: la elección presidencial en México y en Estados Unidos en el 2024 con el posicionamiento de Morena por otro sexenio más y la posibilidad del regreso presidencial de Trump y los republicanos ultras.
En este sentido, las relaciones bilaterales quedaron ya contaminadas con intereses electorales.





