Si desea ser exitoso, un ejercicio de incidencia ante las cámaras del Congreso requiere de un ejercicio previo de planeación estratégica. Trátese de impulsar una iniciativa o detener otra que hayan presentado terceras personas, hay que tener presentes a los actores y sus motivaciones, así el proceso legislativo y sus posibilidades tácticas. Van algunos consejos, a manera de check list.
Primero: planeación de objetivos. Todo proceso de planeación estratégica comienza por plantear lo que se desea alcanzar, de qué maneras y en cuánto tiempo, dado que los recursos que se disponen no son infinitos. Como sucede con cualquier otra estrategia, hay que separar el objetivo real del objetivo declarable, para poder contar con simpatías y apoyo de un segmento de la población más amplio. Como diría Clausewitz en su manual, en una guerra el objetivo declarado es ganar, y el real es que haya paz.
Segundo: ¿tienen el mapa de actores? Aunque las 500 personas diputadas y 128 senadoras son iguales al momento de votar, son desiguales en cuanto a rangos y roles. Lo que llamamos “profesionalización legislativa” son las actividades que eligen realizar a partir de tres elementos: sus ambiciones personales, sus capacidades y quiénes controlan sus futuros políticos. Bajo esta premisa, es indispensable reconocer a quiénes pueden incidir en el tema que desean impulsar o detener.
¿Qué hacer? Primero: ubicar cómo los grupos parlamentarios perciben el tema de su interés, para lo cual hay que conocer primero las plataformas políticas de la elección anterior. Segundo, identificar las comisiones donde se debe tratar el tema. Tercero, identificar a las Juntas Directivas de cada comisión, para determinar personas afines. Finalmente, ubicar si en los grupos parlamentarios hay coordinadores temáticos, o personas que también puedan ser sensibles al tema que les interesa.
Tercero: ¿tienen una persona campeona? Esto es indispensable, si desean promover un tema. ¿De qué hablamos? De alguien que salga a los medios y enarbole su causa. ¿Qué ganaría? Exposición, capacidad de convertirse en referente y, si es posible, un voto personal que le permita continuar con su carrera política sea en otro cargo o a través de la reelección.
Cuarto: ¿cómo van a convencer al Congreso? En un entorno como el parlamentario, así como en la discusión política en general, no hay mayor pobreza que solamente tener la razón. Es necesario poner argumentos de manera clara, entendible y sintetizada. De la misma forma, hay que considerar todos los argumentos que se recibirán en contra de la propuesta a impulsar, así como contraargumentaciones: nada odian más las personas legisladoras que las sorpresas.
Quinto: ¿necesitan alguna táctica exterior? Ningún asunto público, por más noble o indispensable que sea, tendrá a toda la ciudadanía a favor. Por ello, es indispensable tener conocimiento de los apoyos y resistencias de grupos que se tendrán fuera del Congreso, especialmente si también tienen acceso a personas legisladoras. ¿Es necesario tejer alianzas? ¿Qué hacer para neutralizar a quienes se opongan? ¿Conviene tejer redes con la academia y los medios para promover un tema? ¿Alguna estrategia de comunicación, para ganar personas neutrales o que no conozcan el tema que impulsan?
Con lo anterior, se puede tejer una estrategia de arranque, considerando los objetivos, tiempos, el conocimiento de actores y sus motivaciones, así como mensajes y líneas discursivas. Recuerden que los objetivos se tendrán que ir calibrando conforme se avance en la puesta en marcha del plan.





