Política para militares: La trampa de la no reelección

Política para militares: La trampa de la no reelección

Toda discusión política se arropa en mitos que ayudan a hacerla atractiva, sin importar si esos relatos corresponden o no a una realidad concreta. Por ejemplo, el lema “sufragio efectivo”, no reelección, sobre el que el PRI basó su control por décadas sobre la clase política. Aunque en 2013 se permitió la reelección inmediata de personas legisladoras y autoridades municipales, una vez más se quiere restaurar plenamente ese principio, si estudiamos el documento “100 pasos para la transformación”. ¿Es una propuesta sólida y benéfica, o una trampa?

Aunque se ha querido comparar al gobierno de López Obrador con el PRI de sus años de gloria, hay un elemento que los distingue. Mientras el tricolor se apoyaba en una maquinaria institucional, hoy todo depende del carisma de una persona y su capacidad para ser percibida como el hombre fuerte. ¿De qué hablamos?

El pilar del poder del tricolor era el control vertical sobre las candidaturas a todos los cargos de elección, a través de la prohibición a la reelección inmediata de toda autoridad electa. Al no poder tener bases territoriales, toda la clase política dependía del favor del presidente. Además, esto inhibía toda rendición de cuentas y hacía que todo trabajo iniciase desde cero cada tres o seis años, condenando a las instituciones a ser endebles.

¿Era un logro de la revolución? En realidad, no: Francisco I. Madero solo se levantó contra la reelección del presidente y gobernadores. Y curiosamente Porfirio Díaz se rebeló contra Lerdo de Tejada diciendo también “sufragio efectivo, no reelección”. La no reelección de personas legisladoras y autoridades municipales se aprobó en 1933, y sirvió para centralizar el poder en manos del presidente. Por eso esta frase se convirtió en un tema tabú.

Política para militares: La trampa de la no reelección

Cuando se discutió el restablecimiento de la reelección para personas legisladoras ya autoridades municipales, quedó claro que, si bien toda reforma traerá por antonomasia efectos esperados e inesperados, pudiendo ser los últimos accidentes afortunados o incluso indeseados, se mostró que todos los argumentos en contra de esta reforma no eran más que mitos creados para perpetuar a un partido en el poder.

¿Qué resultados ha tenido? Hasta el momento, algunos partidos se han mostrado más reacios que otros para permitir la reelección de su militancia, pues es veneno para dirigencias anquilosadas, cuyo único mérito fue, por décadas, controlar carreras. Sin embargo, ha sido de gran utilidad para avanzar en procesos de modernización tanto del Congreso de la Unión como de legislaturas locales, toda vez que hay personas que pueden acumular experiencia y elaborar diagnósticos asertivos sobre qué cambiar y por qué. Finalmente, la rendición de cuentas es más factible cuando hay personas que asumen electoralmente escándalos que con otras que cambian de puesto en cada elección.

Por eso llama la atención que el punto 9 de los 100 pasos para la transformación diga: “Enviaremos una iniciativa de reforma constitucional para recuperar la consigna de la Revolución Mexicana que quedó plasmada en la Constitución del 17: Sufragio Efectivo, No Reelección de ningún cargo de elección popular a partir del 2030, por ser el siguiente periodo presidencial.”

Dejemos a un lado el uso mañoso de la historia: si Morena llegase a cumplir con esta promesa, martillaría el último clavo del ataúd del proyecto democrático, desempoderando a ciudadanía, al acabar con un derecho político fundamental: evaluar a nuestros gobernantes. Así, Morena se acabaría de consolidar como un partido hegemónico. Por ello es necesario abrir la discusión con mayor fuerza.

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